Hechos 10:1-48 NVI
[1] Vivía en Cesarea un centurión llamado Cornelio del regimiento conocido como el Italiano. [2] Él y toda su familia eran devotos y temerosos de Dios. Realizaba muchas obras de beneficencia para el pueblo de Israel y oraba a Dios constantemente. [3] Un día, como a las tres de la tarde, tuvo una visión. Vio claramente a un ángel de Dios que se le acercaba y le decía: ―¡Cornelio! [4] ―¿Qué quieres, Señor? —le preguntó Cornelio, mirándolo fijamente y con mucho miedo. ―Dios ha recibido tus oraciones y tus obras de beneficencia como una ofrenda —le contestó el ángel—. [5] Envía de inmediato a algunos hombres a Jope para que hagan venir a un tal Simón, también llamado Pedro. [6] Él se hospeda con Simón el curtidor, que tiene su casa junto al mar. [7] Después de que se fue el ángel que le había hablado, Cornelio llamó a dos de sus siervos y a un soldado devoto de los que le servían regularmente. [8] Les explicó todo lo que había sucedido y los envió a Jope. [9] Al día siguiente, mientras ellos iban de camino y se acercaban a la ciudad, Pedro subió a la azotea a orar. Era casi el mediodía. [10] Sintió hambre y quiso algo de comer. Mientras le preparaban la comida, tuvo una visión. [11] Vio el cielo abierto y algo parecido a una gran sábana que, suspendida por las cuatro puntas, descendía hacia la tierra. [12] En ella había toda clase de cuadrúpedos, como también reptiles y aves. [13] ―Levántate, Pedro, mata y come —le dijo una voz. [14] ―¡De ninguna manera, Señor! —respondió Pedro—. Jamás he comido nada impuro o inmundo. [15] Por segunda vez le insistió la voz: ―Lo que Dios ha purificado, tú no lo llames impuro. [16] Esto sucedió tres veces y enseguida la sábana fue recogida al cielo. [17] Pedro no atinaba a explicarse cuál podría ser el significado de la visión. Mientras tanto, los hombres enviados por Cornelio, que estuvieron preguntando por la casa de Simón, se presentaron a la puerta. [18] Llamaron y preguntaron si allí se hospedaba Simón, apodado Pedro. [19] Mientras Pedro seguía reflexionando sobre el significado de la visión, el Espíritu le dijo: «Mira, Simón, tres hombres te buscan. [20] Date prisa, baja y no dudes en ir con ellos, porque yo los he enviado». [21] Pedro bajó y les dijo a los hombres: ―Aquí estoy; yo soy el que ustedes buscan. ¿Qué asunto los ha traído por acá? [22] Ellos le contestaron: ―Venimos de parte del centurión Cornelio, un hombre justo y temeroso de Dios, respetado por todo el pueblo judío. Un ángel de Dios le dio instrucciones de invitarlo a usted a su casa para escuchar lo que usted tiene que decirle. [23] Entonces Pedro los invitó a pasar y los hospedó. Al día siguiente, Pedro se fue con ellos acompañado de algunos creyentes de Jope. [24] Un día después llegó a Cesarea. Cornelio estaba esperándolo con los parientes y amigos íntimos que había reunido. [25] Al llegar Pedro a la casa, Cornelio salió a recibirlo y, postrándose delante de él, le rindió homenaje. [26] Pero Pedro hizo que se levantara y le dijo: ―Ponte de pie, que solo soy un hombre como tú. [27] Pedro entró en la casa conversando con él y encontró a muchos reunidos. [28] Entonces les habló así: ―Ustedes saben muy bien que nuestra Ley prohíbe que un judío se junte con un extranjero o lo visite. Pero Dios me ha hecho ver que a nadie debo llamar impuro o inmundo. [29] Por eso, cuando mandaron por mí, vine sin poner ninguna objeción. Ahora permítanme preguntarles: ¿para qué me hicieron venir? [30] Cornelio contestó: ―Hace tres días a esta misma hora, las tres de la tarde, estaba yo en casa orando. De repente apareció delante de mí un hombre vestido con ropa brillante [31] y me dijo: “Cornelio, Dios ha oído tu oración y se ha acordado de tus obras de beneficencia. [32] Por lo tanto, envía a alguien a Jope para hacer venir a Simón, llamado Pedro, que se hospeda en casa de Simón el curtidor, junto al mar”. [33] Así que inmediatamente mandé llamarte y tú has tenido la bondad de venir. Ahora estamos todos aquí, en la presencia de Dios, para escuchar todo lo que el Señor te ha encomendado que nos digas. [34] Pedro tomó la palabra y dijo: ―Ahora comprendo que en realidad para Dios no hay favoritismos, [35] sino que en toda nación él ve con agrado a los que le temen y actúan con justicia. [36] Dios envió su mensaje al pueblo de Israel, anunciando las buenas noticias de la paz por medio de Jesucristo, que es el Señor de todos. [37] Ustedes conocen este mensaje que se difundió por toda Judea, comenzando desde Galilea, después del bautismo que predicó Juan. [38] Me refiero a Jesús de Nazaret: cómo lo ungió Dios con el Espíritu Santo y con poder, y cómo anduvo haciendo el bien y sanando a todos los que estaban oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él. [39] Nosotros somos testigos de todo lo que hizo en la tierra de los judíos y en Jerusalén. Lo mataron, colgándolo de un madero, [40] pero Dios lo resucitó al tercer día y dispuso que se apareciera, [41] no a todo el pueblo, sino a nosotros, testigos previamente escogidos por Dios, que comimos y bebimos con él después de su resurrección. [42] Él nos mandó a predicar al pueblo y a dar solemne testimonio de que ha sido nombrado por Dios como juez de vivos y muertos. [43] De él dan testimonio todos los profetas: que todo el que cree en él recibe, por medio de su nombre, el perdón de los pecados. [44] Mientras Pedro estaba todavía hablando, el Espíritu Santo descendió sobre todos los que escuchaban el mensaje. [45] Los creyentes judíos que habían llegado con Pedro se quedaron asombrados de que el don del Espíritu Santo se hubiera derramado también sobre los no judíos, [46] pues los oían hablar en lenguas y alabar a Dios. Entonces Pedro respondió: [47] ―¿Acaso puede alguien negar el agua para que sean bautizados estos que han recibido el Espíritu Santo lo mismo que nosotros? [48] Y mandó que fueran bautizados en el nombre de Jesucristo. Entonces le pidieron que se quedara con ellos algunos días.
