Hechos 11:1-30 NVI

[1] Los apóstoles y los hermanos de toda Judea se enteraron de que también los no judíos habían recibido la palabra de Dios. [2] Así que cuando Pedro subió a Jerusalén, los creyentes judíos lo criticaron [3] diciendo: ―Entraste en casa de hombres incircuncisos y comiste con ellos. [4] Entonces Pedro comenzó a explicarles paso a paso lo que había sucedido: [5] ―Yo estaba orando en la ciudad de Jope y tuve en trance una visión. Vi que del cielo descendía algo parecido a una gran sábana que, suspendida por las cuatro puntas, bajaba hasta donde yo estaba. [6] Me fijé en lo que había en ella y vi cuadrúpedos, fieras, reptiles y aves. [7] Luego oí una voz que me decía: “Levántate, Pedro, mata y come”. [8] Repliqué: “¡De ninguna manera, Señor! Jamás ha entrado en mi boca nada impuro o inmundo”. [9] Por segunda vez insistió la voz del cielo: “Lo que Dios ha purificado, tú no lo llames impuro”. [10] Esto sucedió tres veces y luego todo volvió a ser llevado al cielo. [11] »En aquel momento se presentaron en la casa donde yo estaba tres hombres que desde Cesarea habían sido enviados a verme. [12] El Espíritu me dijo que fuera con ellos sin dudar. También fueron conmigo estos seis hermanos, y entramos en la casa de aquel hombre. [13] Él nos contó cómo en su casa se le había aparecido un ángel que le dijo: “Manda a alguien a Jope para hacer venir a Simón, también llamado Pedro. [14] Él te traerá un mensaje mediante el cual serán salvos tú y toda tu familia”. [15] »Cuando comencé a hablarles, el Espíritu Santo descendió sobre ellos tal como al principio descendió sobre nosotros. [16] Entonces recordé lo que había dicho el Señor: “Juan bautizó con agua, pero ustedes serán bautizados con el Espíritu Santo”. [17] Por tanto, si Dios les ha dado a ellos el mismo don que a nosotros al creer en el Señor Jesucristo, ¿quién soy yo para pensar que puedo estorbar a Dios? [18] Al oír esto, se apaciguaron y alabaron a Dios diciendo: ―¡Así que también a los no judíos les ha concedido Dios el arrepentimiento para vida! [19] Los que se habían dispersado a causa de la persecución que se desató por el caso de Esteban llegaron hasta Fenicia, Chipre y Antioquía, sin anunciar a nadie el mensaje excepto a los judíos. [20] Sin embargo, había entre ellos algunas personas de Chipre y de Cirene que, al llegar a Antioquía, comenzaron a hablarles también a los de habla griega, anunciándoles las buenas noticias acerca del Señor Jesús. [21] El poder del Señor estaba con ellos, y un gran número creyó y se convirtió al Señor. [22] La noticia de estos sucesos llegó a oídos de la iglesia de Jerusalén y mandaron a Bernabé a Antioquía. [23] Cuando él llegó y vio las evidencias de la gracia de Dios, se alegró y animó a todos a hacerse el firme propósito de permanecer fieles al Señor, [24] pues era un hombre bueno, lleno del Espíritu Santo y de fe. Un gran número de personas aceptó al Señor. [25] Después partió Bernabé para Tarso en busca de Saulo [26] y, cuando lo encontró, lo llevó a Antioquía. Durante todo un año se reunieron los dos con la iglesia y enseñaron a mucha gente. Fue en Antioquía donde a los discípulos se les llamó «cristianos» por primera vez. [27] Por aquel tiempo unos profetas bajaron de Jerusalén a Antioquía. [28] Uno de ellos, llamado Ágabo, se puso de pie y predijo por medio del Espíritu que iba a haber una gran hambre en todo el mundo, lo cual sucedió durante el reinado de Claudio. [29] Entonces decidieron que cada uno de los discípulos, según los recursos de cada cual, enviaría ayuda a los creyentes que vivían en Judea. [30] Así lo hicieron, mandando su ofrenda a los líderes religiosos por medio de Bernabé y de Saulo.

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