Hechos 9:1-43 NVI
[1] Mientras tanto, Saulo, respirando aún amenazas de muerte contra los discípulos del Señor, se presentó al sumo sacerdote [2] y le pidió cartas de extradición para las sinagogas de Damasco. Tenía la intención de encontrar y llevarse presos a Jerusalén a todos los que pertenecieran al Camino, fueran hombres o mujeres. [3] En el viaje sucedió que, al acercarse a Damasco, una luz del cielo relampagueó de repente a su alrededor. [4] Él cayó al suelo y oyó una voz que le decía: ―Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? [5] ―¿Quién eres, Señor? —preguntó. ―Yo soy Jesús, a quien tú persigues —le contestó la voz—. [6] Levántate y entra en la ciudad, que allí se te dirá lo que tienes que hacer. [7] Los hombres que viajaban con Saulo se detuvieron atónitos porque oían la voz, pero no veían a nadie. [8] Saulo se levantó del suelo, pero cuando abrió los ojos no podía ver, así que lo tomaron de la mano y lo llevaron a Damasco. [9] Estuvo ciego tres días, sin comer ni beber nada. [10] Había en Damasco un discípulo llamado Ananías, a quien el Señor llamó en una visión: ―¡Ananías! ―Aquí estoy, Señor. [11] ―Anda —le dijo el Señor—, ve a la casa de Judas, en la calle llamada Derecha, y pregunta por un tal Saulo de Tarso. Está orando [12] y ha visto en una visión a un hombre llamado Ananías que entra y pone las manos sobre él para que recobre la vista. [13] Entonces Ananías respondió: ―Señor, he oído hablar mucho de ese hombre y de todo el mal que ha causado a los que creen en ti en Jerusalén. [14] Y ahora lo tenemos aquí, autorizado por los jefes de los sacerdotes, para llevarse presos a todos los que invocan tu nombre. [15] ―¡Ve! —insistió el Señor—, porque ese hombre es mi instrumento escogido para dar a conocer mi nombre tanto a las naciones y a sus reyes como al pueblo de Israel. [16] Yo le mostraré cuánto tendrá que padecer por mi nombre. [17] Ananías se fue y, cuando llegó a la casa, le impuso las manos a Saulo y le dijo: «Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se te apareció en el camino, me ha enviado para que recobres la vista y seas lleno del Espíritu Santo». [18] Al instante cayó de los ojos de Saulo algo como escamas, y recobró la vista. Se levantó y fue bautizado. [19] Luego comió y recobró las fuerzas. Saulo pasó varios días con los discípulos que estaban en Damasco [20] y enseguida se dedicó a predicar en las sinagogas, afirmando que Jesús es el Hijo de Dios. [21] Todos los que le oían quedaban asombrados y preguntaban: «¿No es este el que en Jerusalén perseguía a muerte a los que invocan ese nombre? ¿Y no ha venido aquí para llevárselos presos y entregarlos a los jefes de los sacerdotes?». [22] Pero Saulo cobraba cada vez más fuerza y confundía a los judíos que vivían en Damasco, demostrándoles que Jesús es el Cristo. [23] Después de muchos días, los judíos se pusieron de acuerdo para matarlo, [24] pero Saulo se enteró de sus maquinaciones. Día y noche vigilaban de cerca las puertas de la ciudad con el fin de eliminarlo. [25] Pero sus discípulos se lo llevaron de noche y lo bajaron en un canasto por una abertura en la muralla. [26] Cuando llegó a Jerusalén, trataba de juntarse con los discípulos, pero todos tenían miedo de él, porque no creían que de veras fuera discípulo. [27] Entonces Bernabé lo tomó a su cargo y lo llevó a los apóstoles. Bernabé describió en detalle cómo en el camino Saulo había visto al Señor, el cual le había hablado. Y contó que en Damasco Saulo había predicado con libertad en el nombre de Jesús. [28] Así que se quedó con ellos y andaba por todas partes en Jerusalén, hablando abiertamente en el nombre del Señor. [29] Conversaba y discutía con los judíos de habla griega, pero ellos se proponían eliminarlo. [30] Cuando se enteraron de ello los hermanos, se lo llevaron a Cesarea y de allí lo mandaron a Tarso. [31] Mientras tanto, la iglesia disfrutaba de paz a la vez que se consolidaba en toda Judea, Galilea y Samaria, pues vivía en el temor del Señor e iba creciendo en número, fortalecida por el Espíritu Santo. [32] Pedro, que estaba recorriendo toda la región, fue también a visitar a los creyentes que vivían en Lida. [33] Allí encontró a un paralítico llamado Eneas, que llevaba ocho años en cama. [34] «Eneas —le dijo Pedro—, Jesucristo te sana. Levántate y tiende tu cama». Y al instante se levantó. [35] Todos los que vivían en Lida y en Sarón lo vieron y se convirtieron al Señor. [36] Había en Jope una discípula llamada Tabita (que en griego se dice Dorcas). Esta se esmeraba en hacer buenas obras y en ayudar a los pobres. [37] Sucedió que en esos días cayó enferma y murió. Pusieron el cadáver, después de lavarlo, en un cuarto de la planta alta. [38] Y como Lida estaba cerca de Jope, los discípulos, al enterarse de que Pedro se encontraba en Lida, enviaron a dos hombres a rogarle: «¡Por favor, venga usted a Jope enseguida!». [39] Sin demora, Pedro se fue con ellos y cuando llegó lo llevaron al cuarto de arriba. Todas las viudas se presentaron, llorando y mostrándole las túnicas y otros vestidos que Dorcas había hecho cuando aún estaba con ellas. [40] Pedro hizo que todos salieran del cuarto; luego se puso de rodillas y oró. Volviéndose hacia la muerta, dijo: «Tabita, levántate». Ella abrió los ojos y al ver a Pedro se incorporó. [41] Él, tomándola de la mano, la levantó. Luego llamó a los creyentes y a las viudas, a quienes la presentó viva. [42] La noticia se difundió por todo Jope y muchos creyeron en el Señor. [43] Pedro se quedó en Jope un buen tiempo, en casa de un tal Simón que era curtidor de pieles.
