John 16 - Biblia de Estudio MacArthur
16:1 Estas cosas. Se refiere a lo que acaba de decir en 15:18–25. tropiezo. Esta palabra sugiere la idea de una trampa. El odio del mundo era tal que haría todo lo posible por poner trampas y aniquilar a los discípulos en un esfuerzo por frenar su testimonio de Jesús como Mesías e Hijo de Dios. Jesús no quería que esto los tomara por sorpresa (v. 4).
16:1–15 Jesús prosigue con la idea de 15:18–25 acerca de la oposición del mundo contra sus discípulos y el testimonio del Espíritu Santo sobre Él como Mesías e Hijo de Dios. En este pasaje habla en detalle acerca de la obra del Espíritu de confrontar al mundo, es decir, no solo da testimonio de Jesús, sino que convence al hombre de pecado. Al convencer de pecado y dar testimonio del evangelio, el Espíritu transforma el corazón rebelde y enemigo de Dios para concederle la fe en Jesús como Salvador y Señor. El pasaje puede dividirse en cuatro partes: 1) la persecución del mundo contra los discípulos (vv. 1–4), 2) el consuelo del Señor para los discípulos (vv. 5–7), 3) la convicción de los hombres operada por el Espíritu Santo (vv. 8–12), y 4) el consejo del Espíritu Santo para guiar a los discípulos a toda verdad (vv. 13–15).
16:2 rinde servicio a Dios. Antes de su salvación, Pablo personificó esta actitud y la reflejó en su persecución de la iglesia, porque él pensaba que así servía a Dios (Hch. 22:4, 5; 26:9–11; Gá 1:13–17; Fil. 3:6; 1 Ti. 1:12–17). Después de su conversión, el perseguidor se convirtió en fugitivo perseguido por causa del odio del mundo (2 Co. 11:22–27; cp. Esteban en Hch. 7:54—8:3).
16:4 ya os lo había dicho. No era necesario que Jesús les advirtiera pues Él estaba con ellos para protegerlos.
16:5 ninguno de vosotros me pregunta. Antes solían hacerlo (13:36, 14:5), pero debido a la pena y a la confusión que los embargaba llegaron al punto de despreocuparse por el lugar adonde iba. Al parecer estaban afligidos por lo que les sobrevendría (v. 6).
16:7 el Consolador no vendría. Jesús reitera la promesa de enviar el Espíritu Santo para consolar a los discípulos. Vea la nota sobre 15:26, 27. Primero, hizo hincapié en su poder para dar vida (7:37–39). Luego resalta su presencia que viene a morar en el creyente (14:16, 17) y su ministerio de enseñanza (14:26). En 15:26 señala su ministerio de habilitarlo para dar testimonio acerca de Él.
16:8 cuando él venga. El Espíritu Santo vendría en Pentecostés cuarenta días más tarde (vea Hch. 2:1–13). convencerá. Esta palabra tiene dos significados: 1) el acto judicial de convicción con miras a una sentencia (i. e. convicción de pecado como un término legal) o 2) la acción de convencer. En este caso el segundo significado resulta más apropiado pues el propósito del Espíritu Santo no es condenar, sino convencer acerca de la necesidad del Salvador. El Hijo es quien juzga, junto con el Padre (5:22, 27, 30). En el v. 14, está escrito que Él revelará las glorias de Cristo a su pueblo. También dará la inspiración para escribir el NT y guiará a los apóstoles a hacerlo (v. 13), y revelará “las cosas que habrán de venir” mediante las profecías del NT (v. 13).
16:9 pecado. Aquí el singular indica que se trata de un pecado en particular, i. e. el de no creer en Jesús como Mesías e Hijo de Dios. Es el único pecado que por último condenará a las personas al infierno (vea la nota sobre 8:24). Aunque todos los hombres están corrompidos y bajo maldición por haber violado la ley de Dios y debido a su naturaleza pecaminosa, la condenación al infierno es el resultado de haberse rehusado a creer en el Señor Jesucristo como Salvador (cp. 8:24).
16:10 justicia. El objetivo del Espíritu Santo con esto es quebrantar cualquier pretensión de justicia propia (hipocresía) al sacar a la luz las tinieblas del corazón (3:19–21; 7:7; 15:22, 24). Mientras Jesús estuvo en la tierra realizó esta obra enfocándose en la vacuidad y superficialidad del judaísmo, el cual se había degradado en costumbres legalistas carentes de vida (p. ej. 2:13–22; 5:10–16; 7:24; Is. 64:5, 6). Después de que Jesús regresó al Padre, el Espíritu Santo continúa su obra de convencer a los hombres.
16:11 juicio. Aquí se trata del juicio que el mundo emite bajo el control de Satanás. Sus juicios son ciegos, defectuosos y malos, como se evidenció en el veredicto contra Cristo. El mundo es incapaz de emitir juicios justos (7:24), pero el Espíritu de Cristo sí puede hacerlo (8:16). Todas las sentencias de Satanás son mentira (8:44–47), de manera que el Espíritu convence a los hombres de sus falsos juicios respecto a Cristo. Satanás, el príncipe de este mundo (14:30; Ef. 2:1–3), que como su dios pervierte el juicio y aparta a los hombres para que no crean en Jesús como Mesías e Hijo de Dios (2 Co. 4:4), fue vencido en la cruz. Aunque la muerte de Cristo llegó a parecer la mayor victoria de Satanás, en realidad fue su más grande destrucción (cp. Col. 2:15; He. 2:14, 15; Ap. 20:10). El Espíritu va a conducir a los pecadores hacia el juicio verdadero.
16:13 toda la verdad. Al igual que 14:26, este versículo se refiere en particular a la revelación sobrenatural de toda la verdad mediante la cual Dios se reveló en Cristo (vv. 14, 15). Este es el tema de los escritos inspirados del NT. Vea la nota sobre el v. 7.
16:14 El me glorificará. Al igual que el v. 13, señala que toda la verdad revelada por Dios en el NT se centra en Cristo (He. 1:1, 2). Cristo fue el tema del AT, tal como lo declaró el NT (1:45; 5:37; Lc. 24:27, 44; Hch. 10:43; 18:28; Ro. 1:1, 2; 1 Co. 15:3; 1 P. 1:10, 11; Ap. 19:10).
16:16–19 Jesús se refería a su ascensión (“no me veréis”) y a la venida del Espíritu Santo (“me veréis”). De este modo, declaró con vehemencia que el Espíritu y Él son uno (Ro. 8:9; Fil. 1:19; 1 P. 1:11; Ap. 19:10). Cristo mora en los creyentes a través del Espíritu Santo, y es en ese sentido que ellos lo verían. Vea las notas sobre 14:16–18.
16:20 vuestra tristeza se convertirá en gozo. El mismo suceso que trajo júbilo al maligno reino de la humanidad (“el mundo”) y produjo aflicción a los discípulos de Jesús, será a su vez el que traiga dolor al mundo y regocijo al creyente. En poco tiempo los discípulos descubrirían la admirable naturaleza del don de la salvación y del Espíritu dados por Dios a través de la obra de Jesús y de la respuesta a la oración (v. 24). El libro de Hechos registra la venida del Espíritu Santo y el poder del gozo presente en la iglesia primitiva (Hch. 2:4–47; 13:52).
16:22 os volveré a ver. Después de la resurrección Jesús vio a sus discípulos (20:19–29; 21:1–23; cp. 1 Co. 15:1–8). Además de acompañarlos durante ese breve tiempo de comunión personal (Hch. 1:1–3), Él estaría con ellos para siempre en su Espíritu (vea las notas sobre los vv. 16–19; 14:16–19).
16:23 En aquel día. Esta es una referencia a la venida del Espíritu Santo en Pentecostés (Hch. 2:1–13) que cambiaría la tristeza en gozo. También se refiere a los “últimos días”, período que se inicia después de su resurrección y de la venida del Espíritu (Hch. 2:17; 2 Ti. 3:1; He. 1:2; Stg. 5:3; 2 P. 3:3; 1 Jn. 2:18). no me preguntaréis nada. Tras haber partido y enviado a su Espíritu, los creyentes ya no le formularían más preguntas porque estaría ausente. En cambio, le preguntarían al Padre en su nombre (vea las notas sobre los vv. 26–28; 14:13, 14).
16:24 gozo sea cumplido. En este caso el gozo del creyente tiene que ver con la oración contestada y con la plenitud de las bendiciones celestiales que son necesarias para cumplir con todo el propósito divino en su vida. Vea la nota sobre 15:11.
16:25 en alegorías. La palabra significa “declaración velada e incisiva” que está llena de significado, es decir, algo que está oculto. Después de la muerte y resurrección de Jesús, y de la venida del Espíritu Santo, todo lo que parecía difícil de comprender para los discípulos ya no lo sería más (vea los vv. 13, 14; 14:26; 15:26, 27). Entenderían mucho mejor el ministerio de Cristo que mientras estuvieron con Él, porque el Espíritu los inspiró para escribir los Evangelios y las epístolas, y también obró en y a través de ellos.
16:26-28 no os digo. Cristo aclara aquí lo que significaba la oración en su nombre. No se trata de pedirle a Él para que Él pida al Padre, como si el Padre fuera indiferente a los creyentes y no al Hijo. Antes bien, el Padre ama a los que son de Cristo. En efecto, el Padre envió al Hijo para redimirlos y luego regresar. Pedir en el nombre de Jesús significa pedir sobre la base de sus méritos y de su justicia, y procurar todo lo que le conceda honor y gloria para así edificar su reino.
16:33 en mí tengáis paz. Vea la nota sobre 14:27. aflicción. Esta palabra se refiere con frecuencia a las aflicciones de los últimos tiempos (Mr. 13:9; Ro. 2:9) y a la persecución de los creyentes por causa de su testimonio de Cristo (cp. 15:18—16:4; Hch. 11:19; Ef. 3:13). vencido. La razón de base para perseverar en medio de la persecución es la victoria de Jesús sobre el mundo (12:31; 1 Co. 15:57). A través de su muerte Él anularía la oposición del mundo. Aunque el mundo persistirá en atacar al pueblo de Dios, sus ataques no pueden causarle daño porque la victoria de Cristo ya derrotó por completo todo el sistema de rebeldía y maldad. Vea las notas sobre Romanos 8:35–39.
