John 17 - Biblia de Estudio MacArthur

17:1 la hora ha llegado. El tiempo determinado para su muerte. Vea la nota sobre 12:23. glorifica a tu Hijo. El mismo acontecimiento que glorificaría al Hijo era su muerte. Por medio de ella, Él recibió la exaltación, la adoración y el amor de millones de seres humanos cuyos pecados Él llevó. Él aceptó este camino a la gloria porque sabía que así sería glorificado junto al Padre. La meta es que el Padre sea glorificado en el Hijo por su plan de redención. Por eso al buscar su propia gloria buscaba la gloria de su Padre (13:31, 32).
17:1–26 Aunque Mateo 6:9–13 y Lucas 11:2–4 han llegado a conocerse en el ámbito popular como “la oración del Señor” o “el Padrenuestro”, esa oración fue en realidad un ejemplo enseñado por Jesús a los discípulos como un patrón a seguir en sus propias oraciones. La oración que se registra aquí es la verdadera oración del Señor porque exhibe la comunión cara a cara que el Hijo tenía con el Padre. Es muy poco lo que se presenta del contenido específico de las oraciones frecuentes de Jesús al Padre (Mt. 14:23; Lc. 5:16), así que esta oración nos revela detalles preciosos de la comunión y la intercesión del Hijo con el Padre. Este capítulo es de transición porque marca enseñanza final del ministerio terrenal de Jesús y el comienzo de su ministerio de intercesión por los creyentes (He. 7:25). En muchos sentidos la oración constituye un resumen de todo el Evangelio de Juan. Sus temas principales incluyen: 1) la obediencia de Jesús a su Padre, 2) la glorificación de su Padre a través de su muerte y exaltación, 3) la revelación de Dios en Jesucristo, 4) la elección de los discípulos para que no fueran más del mundo sin salir del mundo, 5) su misión en el mundo, 6) su unidad modelada por la unidad el Padre y el Hijo, y 7) el destino final del creyente en la presencia del Padre y del Hijo. El capítulo se divide en tres partes: 1) la oración de Jesús por Él mismo (vv. 1–5), 2) la oración de Jesús por los apóstoles (vv. 6–19) y 3) la oración de Jesús por todos los creyentes del NT que formarán la iglesia (vv. 20–26).
17:2 potestad sobre toda carne. Cp. 5:27; vea la nota sobre Mateo 28:18. todos los que le diste. Una referencia a la elección divina de aquellos que vendrán a Cristo (vea las notas sobre 6:37, 44). La doctrina bíblica de elección o predestinación se presenta a lo largo de todo el NT (15:16, 19; Hch. 13:48; Ro. 8:29–33; Ef. 1:3–6; 2 Ts. 2:13; Tit. 1:1; 1 P. 1:2).
17:3 vida eterna. Vea las notas sobre 3:15, 16; 5:24; cp. 1 Jn. 5:20.
17:5 glorifícame tú al lado tuyo. Tras completar su obra (v. 4), Jesús miró mucho más allá de la cruz y pidió ser reinstalado en la gloria que había compartido con su Padre antes de que el mundo existiese (vea las notas sobre 1:1; 8:58; 12:41). El cumplimiento literal de haber soportado la ira del juicio sobre los pecadores fue declarado por Cristo al exclamar: “Consumado es” (19:30).
17:6–10 tuyos eran. Esta frase resume todo el ministerio de Jesús con la cruz incluida, ya que faltaban pocas horas para su cumplimiento. De nuevo, el Hijo insistió en que quienes creyeran en Él le habían sido dados por el Padre (vea la nota sobre el v. 2). La expresión “tuyos eran” (cp. el v. 9) es una afirmación contundente de que antes de su conversión, ya pertenecían a Dios (cp. 6:37). Esto es cierto debido a la elección soberana de Dios. Ellos fueron elegidos antes de la fundación del mundo (Ef. 1:4), cuando sus nombres fueron escritos en el libro de la vida del Cordero (Ap. 17:8). Cp. Hechos 18:10, donde Dios dice que tiene muchas personas en Corinto que le pertenecen aunque todavía no se han salvado. Vea las notas sobre 10:1–5, 16.
17:8 han creído. El Hijo de Dios afirmó la fe genuina para salvación que tenían sus discípulos.
17:11 ya no estoy en el mundo. Su muerte y su regreso al Padre eran tan seguros que Jesús trató su partida como un hecho ya realizado. Aquí oró por sus discípulos porque ellos tendrían que enfrentar la tentación y el aborrecimiento del mundo sin su presencia y protección inmediatas (15:1816:4). Sobre la base firme de la eternidad e inmutabilidad de Dios (“en tu nombre”), Él oró por la seguridad eterna de los creyentes. Pidió que así como la Trinidad experimenta unidad eterna, los creyentes también tengan la misma experiencia. Vea Romanos 8:31–39.
17:12 yo los guardaba en tu nombre. Jesús los protegió y los mantuvo a salvo del mundo tal como dijo en 6:37–40, 44. Una ilustración de esto puede verse en 18:1–11. Los creyentes están asegurados por la eternidad gracias a que son mantenidos y guardados por Cristo y por Dios. Vea las notas sobre 10:28, 29. el hijo de perdición. Alusión a Judas y a su destino de condenación eterna (Mt. 7:13; Hch. 8:20; Ro. 9:22; Fil. 1:28; 3:19; 1 Ti. 6:9; He. 10:39; 2 P. 2:1; 3:7; Ap. 17:8, 11). La deserción y traición de Judas no fue una falla por parte de Jesús pero sí había sido anticipada y ordenada de antemano en las Escrituras (Sal. 41:9; 109:8; cp. 13:18).
17:15 que los guardes del mal. Esta es una referencia a ser protegidos de Satanás y de todas las fuerzas de maldad que lo siguen (Mt. 6:13; 1 Jn. 2:13, 14; 3:12; 5:18, 19). Aunque el sacrificio de Jesús en la cruz fue la derrota de Satanás, el enemigo sigue suelto y puede maquinar dentro de su sistema de maldad en contra de los creyentes. Satanás procura por todos los medios destruir a los creyentes (1 P. 5:8), como trató de hacerlo con Job y Pedro (Lc. 22:31, 32), y a la iglesia en general (Ef. 6:12), pero Dios es el protector invencible de los creyentes (12:31; 16:11; cp. Sal. 27:1–3; 2 Co. 4:4; Jud. 24, 25).
17:17 Santifícalos. Este verbo también ocurre en el Evangelio de Juan en el v. 19; 10:36. El concepto de santificación tiene que ver con apartar algo para un uso particular. En este sentido, los creyentes son apartados para Dios y sus propósitos de manera exclusiva. En consecuencia, el creyente solo hace lo que Dios quiere y aborrece todo lo que Dios aborrece (Lv. 11:44, 45; 1 P. 1:16). La santificación solo se alcanza por medio de la verdad, que es la revelación dada por el Hijo acerca de todo lo que el Padre le mandó comunicar y que ahora está contenida en las Escrituras dejadas por los apóstoles. Cp. Efesios 5:26; 2 Tesalonicenses 2:13; Santiago 1:21; 1 Pedro 1:22, 23.
17:19 yo me santifico a mí mismo. Esto significa que Jesús se había apartado de forma total y exclusiva para hacer la voluntad de Dios (cp. 4:34; 5:19; 6:38; 7:16; 9:4). Él hizo esto con el fin de que todos los creyentes pudieran ser apartados para Dios por la verdad que Él reveló.
17:21 que todos sean uno. La base de esta unidad se centra en la adherencia a la revelación que el Padre dio a sus primeros discípulos a través de su Hijo. Los creyentes también permanecen unidos en la creencia común de la verdad que fue recibida en la Palabra de Dios (Fil. 2:2). Esto no fue un deseo para el futuro porque se hizo realidad tan pronto vino el Espíritu Santo (cp. Hch. 2:4; 1 Co. 12:13). No es una unidad basada en la experiencia, sino la unidad de una vida eterna común de la cual participan todos los que creen la verdad de Dios, y que resulta en un solo cuerpo de Cristo para que todos participen en la misma medida de su vida. Vea las notas sobre Efesios 4:4–6.
17:22 La gloria que me diste. Esto se refiere a la participación del creyente en todos los atributos y la esencia de Dios a través de la presencia del Espíritu Santo que mora en su interior (v. 10; cp. Col. 1:27; 2 P. 1:4), como el v. 23 lo deja en claro (“Yo en ellos”).
17:23 perfectos en unidad. Aquí la idea es que los creyentes puedan alcanzar la unidad en la misma vida espiritual centrados en la verdad que salva. Esta oración fue contestada por la realidad de 1 Corintios 12:12, 13; Efesios 2:14–22.
17:24 estén conmigo. Esto será una realidad en el cielo, donde podremos contemplarlo en su gloria eterna (cp. el v. 5). Algún día los creyentes no solo verán su gloria, también participarán de ella (Fil. 3:20, 21; 1 Jn. 3:2). Hasta ese momento, participamos de ella en sentido espiritual (2 Co. 3:18).
17:25, 26 Esto resume la oración de este capítulo y promete la presencia continua de Cristo en nuestro interior, así como su amor constante. Cp. Romanos 5:5.

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