John 14 - Biblia de Estudio MacArthur
14:1 En vez de recibir apoyo por parte de los discípulos en las horas previas a su crucifixión, Jesús tuvo que confortarlos en el ámbito espiritual y emocional. Esto revela su corazón de siervo amoroso (cp. Mt. 20:26–28). turbe. La fe en Él acalla el corazón agitado. Vea la nota sobre 12:27.
14:1–31 Este capítulo entero se centra en la promesa de Cristo como el elegido para brindar consuelo al creyente, no solo en ocasión de su venida futura, sino también en el presente a través del ministerio del Espíritu Santo (v. 26). La escena se desarrolla en el Aposento Alto donde los discípulos se habían reunido con Jesús antes de su arresto. Judas se había ido (13:30) y Jesús se disponía a dar su discurso de despedida a los once restantes. El mundo de los discípulos sufriría en breve una gran sacudida. Ellos se sentirían confundidos, acosados y agobiados por los acontecimientos que estaban por suceder. Jesús conoció de antemano la desolación que iban a experimentar y les habló para reconfortar el corazón de cada uno de ellos.
14:2 moradas. Lit. moradas, habitaciones, o aun apartamentos (en términos modernos). Todos se encuentran en la gran “casa del Padre”.
14:2, 3 voy, pues, a preparar. Su partida sería beneficiosa para ellos ya que se iba para prepararles un hogar celestial y luego regresaría para llevarlos consigo. Este es uno de los pasajes que hace referencia al arrebatamiento de los santos al final de los tiempos en la segunda venida de Cristo. El pasaje no sugiere que Cristo regresará a la tierra con sus santos para establecer su reino (Ap. 19:11–15), sino que tomará a los creyentes de la tierra para llevarlos a vivir al cielo. Puesto que no se hace mención de juicios contra los incrédulos, no se trata aquí del regreso de Cristo en gloria y poder para destruir a los malvados (cp. Mt. 13:36–43; 47–50). Describe más bien su venida para reunir a su pueblo que aún vive y resucitar el cuerpo de quienes ya han muerto para llevarlos a todos al cielo. Este acontecimiento se narra también en 1 Corintios 15:51–54; 1 Ts. 4:13–18. Después de ser arrebatada, la Iglesia celebrará una cena de bodas (Ap. 19:7–10), recibirá recompensas (1 Co. 3:10–15; 4:5; 2 Co. 5:9, 10) y luego regresará a la tierra junto con Cristo para establecer su reino (Ap. 19:11–20:6).
14:6 Esta es la sexta declaración “Yo soy” de Jesús en Juan (vea 6:35; 8:12; 10:7, 9; 10:11, 14; 11:25; 15:1, 5). Como respuesta a la pregunta de Tomás (v. 4), Jesús declaró que Él era el camino a Dios pues es la verdad de Dios (1:14) y la vida de Dios (1:4; 3:15; 11:25). En este versículo queda establecido que Jesús es el único camino para acercarse al Padre. No existen muchos caminos, sino uno solo para llegar a Dios, es decir, Jesucristo (10:7–9; cp. Mt. 7:13, 14; Lc. 13:24; Hch. 4:12).
14:7–11 desde ahora le conocéis. Ellos conocen a Dios porque han llegado a conocer a Cristo en su ministerio, así como pronto lo harían en su muerte y su resurrección. Conocerlo a Él es conocer a Dios. Las reiteradas afirmaciones de Jesús como Dios encarnado no admiten duda alguna al respecto en este Evangelio (v. 11; 1:1–3, 14, 17, 18; 5:10–23, 26; 8:58; 9:35; 10:30, 38; 12:41; 17:1–5; 20:28).
14:12 y aun mayores hará. Jesús no se refería a obras mayores en cuanto a poder, sino a su alcance. Serían sus testigos a todo el mundo a través del poder del Espíritu Santo que mora en ellos y les da su plenitud (Hch. 1:8) y traerían a muchos a la salvación por la presencia del Consolador en su vida. Esta afirmación se enfoca más en los milagros espirituales que en los físicos. El libro de Hechos constituye el inicio del registro histórico de todo lo que lograrían los discípulos llenos del Espíritu en el mundo (cp. Hch. 17:6). porque yo voy al Padre. El único modo de hacer aquellas obras mayores era con el poder del Espíritu Santo, quien solo podía ser enviado tras el regreso de Jesús al Padre (v. 26; 7:39).
14:13, 14 En la difícil hora de partida de Jesús, Él los sostuvo equipándolos con todo lo necesario a fin de llevar a cabo su misión sin valerse de su presencia física, de la cual habían dependido hasta ese momento. Pedir en el “nombre” de Jesús no significa añadir dicha expresión al final de una oración como un simple convencionalismo. Significa que: 1) la oración del creyente debe servir para los propósitos de Jesús y de su reino, y no a motivos egoístas, 2) la oración del creyente debe basarse en los méritos de Cristo y no en los suyos propios, y 3) la oración del creyente debe buscar solo la gloria de Dios. Vea las notas sobre 16:26–28. Acerca de la oración de los discípulos, vea las notas sobre Mateo 6:9, 10.
14:15 Si me amáis, guardad mis mandamientos. Cp. los vv. 21–24. El amor y la obediencia a Cristo son inseparables (vea Lc. 6:46; 1 Jn. 5:2, 3). “Mis mandamientos” no solo se refiere a los mandatos de carácter ético consignados en el pasaje (vv. 23, 24), sino a toda la revelación del Padre (vea 3:31, 32; 12:47–49; 17:6).
14:15–31 En estos versículos Jesús les promete consuelo a los creyentes a partir de cinco bendiciones sobrenaturales que el mundo no puede gozar: 1) un Ayudador sobrenatural (vv. 15–17), 2) una vida sobrenatural (vv. 18, 19), 3) una unión sobrenatural (vv. 20–25), 4) un Maestro sobrenatural (v. 26), y 5) una paz sobrenatural (vv. 27–31). La clave para alcanzar tan prodigiosas promesas está en el v. 15, y consiste en amar a Jesús y demostrar ese amor mediante la obediencia.
14:16 rogaré al Padre. La obra de Cristo como sacerdote e intercesor comenzó en el momento en el que pidió al Padre el Espíritu Santo para que morara en quienes tienen fe (7:39; 15:26; 16:7; vea la nota sobre 20:22; cp. Hch. 1:8; 2:4, 33). otro. La palabra griega exacta significa “otro de la misma clase”, i. e. alguien como Jesús mismo que tomaría su lugar y haría su obra. El Espíritu de Cristo es la tercera persona de la Trinidad, también posee la misma esencia de la deidad y está en perfecta unidad con Cristo, así como Él está unido al Padre. Consolador. El significado literal del término griego aquí es “uno llamado al lado para ayudar”, y comunica la idea de alguien que anima y aconseja (vea la nota sobre 16:7). “Esté con vosotros” alude a su presencia continua en la vida de los creyentes (Ro. 8:9; 1 Co. 6:19, 20; 12:13).
14:17 el Espíritu de verdad. Él es el Espíritu de verdad porque es la fuente de verdad y quien la imparte (v. 26; 16:12–15). El hombre no puede conocer la verdad de Dios aparte de Él (1 Co. 2:12–16; 1 Jn. 2:20, 27). mora con vosotros, y estará en vosotros. Esto señala alguna diferencia entre el ministerio del Espíritu Santo a los creyentes antes y después del Pentecostés. Aunque el Espíritu Santo había estado con cada creyente a todo lo largo de la historia de la redención como la fuente de verdad, de fe y de vida, Jesús afirma que algo nuevo vendría en su ministerio. En Jn. 7:37–39 se indica que este ministerio sin precedentes sería como “ríos de agua viva”. Hechos 19:1–7 presenta a algunos creyentes del antiguo pacto que no habían recibido aún al Espíritu Santo en esa medida de plenitud e intimidad. Cp. Hechos 1:8; 2:1–4; 1 Co. 12:11–13.
14:18 huérfanos. Mediante esta sutil alusión a su muerte, Él prometió no dejarlos solos (Ro. 8:9).
14:18, 19 vendré a vosotros… vosotros me veréis. En primer lugar, se refería a su resurrección, después de la cual lo verían (20:19–29). No existe evidencia de que algún incrédulo le haya visto después de su resurrección (vea 1 Co. 15:1–9). También es una indicación del misterio de la Trinidad. Jesús estaría de nuevo con sus hijos a través de la persona del Espíritu Santo cuando viniera en el Pentecostés para morar en ellos (16:16; cp. Mt. 28:20; Ro. 8:9; 1 Jn. 4:13).
14:19 vosotros también viviréis. Gracias a la resurrección y a la vida del Espíritu de Cristo que mora en el creyente, este posee vida eterna (vea Ro. 6:1–11; Col. 3:1–4).
14:20 En aquel día. Esto se refiere a que se aparecería a ellos vivo después de su resurrección.
14:21–24 En esta ocasión Jesús hizo también hincapié en la necesidad de la obediencia continua a sus mandamientos como prueba del amor del creyente hacia Él y hacia el Padre (vea la nota sobre el v. 15). Esto concuerda con Santiago 2:14–26 cuya enseñanza afirma que la fe salvadora se demuestra por las obras inspiradas por Dios mediante el poder regenerador y transformador del Espíritu. Dichas obras expresan el amor que el Espíritu derrama en el corazón del creyente (Ro. 5:5; Gá 5:22).
14:26 os enseñará todas las cosas. El Espíritu Santo impartió su poder en el corazón y en la mente de los apóstoles en su ministerio para ayudarlos a escribir el NT. Los discípulos habían sido torpes para comprender muchas cosas acerca de Jesús y sus enseñanzas, pero gracias a esta obra sobrenatural llegaron a entender con precisión e infalibilidad al Señor y su obra, y de esa manera registrarlo en los Evangelios así como en los demás escritos del NT (2 Ti. 3:16; 2 P. 1:20, 21). Vea la nota sobre 16:7.
14:27 paz os dejo… no… como el mundo la da. La palabra “paz” viene del hebreo shalom, que se convirtió en un saludo para los discípulos después de la resurrección de Jesús (20:19–26). En el ámbito particular esta paz, que desconocen quienes aún no son salvos, asegura la calma en tiempos de dificultad (cp. el v. 1), silencia el temor (Fil. 4:7), y reina en los corazones del pueblo de Dios para conservar la armonía (Col. 3:15). El cumplimiento cabal de esta paz se verá en el reino mesiánico (Nm. 6:26; Sal. 29:11; Is. 9:6, 7; 52:7; 54:13; 57:19; Ez. 37:26; Hag. 2:9; cp. Hch. 10:36; Ro. 1:7; 5:1; 14:17).
14:28 mayor es que yo. Aquí Jesús no aceptó alguna inferioridad suya frente al Padre (tras haber afirmado en repetidas ocasiones su igualdad con Él, vea la nota sobre los vv. 7–11). Antes bien, basado en el amor de sus discípulos, podía afirmar que no se mostrarían renuentes a dejarlo ir al Padre porque así regresaría al reino que le pertenecía y a la gloria plena que había dejado (17:5). Al volver a su Padre gozaría de la misma gloria con Él, una gloria mayor a lo que había experimentado en su encarnación. De ninguna manera sería inferior en gloria, pues su humillación ya había finalizado.
14:30 el príncipe de este mundo. Judas era un simple instrumento del “príncipe” que gobierna el reino de tinieblas, Satanás (6:70; 13:21, 27). nada tiene en mí. En el idioma hebreo significa que Satanás no tenía nada en Jesús, no podía hacerle exigencia alguna ni acusarlo de pecado. Por consiguiente, no podía retenerlo en muerte. Cristo venció y derrocó a Satanás (He. 2:14). La muerte de Cristo no significó victoria alguna para Satanás, sino el cumplimiento de la voluntad de Dios (v. 31).
