John 13 - Biblia de Estudio MacArthur

13:1—17:16 En estos capítulos restantes antes de su crucifixión, el registro muestra a Jesús dedicado por completo a sus propios discípulos. Mientras que los capítulos 1 al 12 se centran en el rechazo de Jesús por parte de la nación (cp. 1:11), los capítulos 13 al 17 se enfocan en aquellos que sí le recibieron (vea 1:12). A partir del capítulo 13, Jesús se abstuvo por completo del ministerio público para ejercer un ministerio privado que benefició a quienes lo habían recibido. Los capítulos 13 al 17 fueron hablados por Jesús a manera de despedida en la noche de su traición y arresto, con el fin de comunicar a sus seguidores el legado futuro que se disponía a dejarles (caps. 13 al 16), y también para orar por ellos (cap. 17). Solo faltaba un día para que llegara la cruz.
13:1 hasta el fin. Significa “a perfección” o con amor perfecto. Dios ama al mundo (3:16) y a los pecadores (3:16; Mt. 5:44, 45; Tit. 3:4) con compasión y gracia comunes y universales, pero ama a los suyos con amor perfecto, salvador y eterno.
13:2 cenaban. Era la Pascua el jueves en la noche, después del crepúsculo. Vea la Introducción: Retos de interpretación. el diablo… el corazón de Judas. Esto no exonera a Judas, porque su corazón malvado deseó con exactitud lo mismo que deseaba el diablo, la muerte de Jesús. Satanás y Judas se habían puesto de acuerdo.
13:3 a Dios iba. Él soportó la traición, la agonía y la muerte porque sabía que después sería exaltado al Padre, donde recibiría la gloria y la comunión que había disfrutado al interior de la Trinidad durante la eternidad (vea 17:4, 5). Este fue “el gozo puesto delante de él” por medio del cual “sufrió la cruz” (He. 12:2).
13:4, 5 Las condiciones polvorientas y sucias de la región hacían indispensable el lavado de los pies. Aunque es probable que los discípulos hubieran lavado gustosos los pies de Jesús, nunca se les hubiera ocurrido lavarse los pies unos a otros. Esto se debía a que en la sociedad de ese tiempo el lavamiento de los pies era un servicio prestado por los sirvientes más humildes. Entre iguales nadie acostumbraba lavarse los pies, a no ser que se tratara de una ocasión muy especial o como una expresión de amor y respeto profundos. Lucas comenta (22:24) que en ese momento los discípulos discutían acerca de quién sería el más grande de ellos, así que es obvio que ninguno de ellos estaba dispuesto a agacharse en el suelo para lavar los pies de los demás. Quedaron estupefactos al ver que Jesús se disponía a lavarles los pies. Sus acciones también sirven como un símbolo de la limpieza espiritual (vv. 6–9) y un ejemplo supremo de humildad cristiana (vv. 12–17). Por medio de su acción Jesús enseñó la lección del servicio abnegado que ejemplificó de manera sublime con su muerte en la cruz.
13:6–10 El acto de limpieza avergonzó a todos los discípulos. Mientras los demás quedaron callados de asombro, Pedro quiso hablar en representación de los demás (vea Mt. 16:13–23), y expresó su indignación porque Jesús se rebajara a tal punto que le lavara los pies. No pudo ver más allá del acto humilde de servicio humilde mismo para entender que era un símbolo de limpieza y purificación espiritual (v. 7; cp. 1 Jn. 1:7–9). La respuesta de Jesús hizo evidente el propósito de sus acciones: a no ser que el Cordero de Dios limpie a una persona de pecado (lo cual ilustra a perfección el simbolismo del lavamiento físico), esa persona no puede tener parte con Él.
13:10 no necesita sino lavarse los pies. La limpieza obrada por Cristo en la salvación nunca tiene que repetirse. La expiación es completa en ese momento, pero todos los que han sido limpios por la justificación de la gracia de Dios, necesitan lavamiento constante en el ámbito de su experiencia diaria, mientras batallan contra el pecado en la carne. Los creyentes son justificados y reciben por imputación la justicia divina (Fil. 3:8, 9), pero todavía necesitan santificación y rectitud personal (Fil. 3:12–14).
13:11, 12 No estáis limpios todos. Este versículo se refiere a Judas (6:70), quien pronto dirigiría a la turba en la captura Jesús (18:3).
13:15 ejemplo. La palabra usada aquí alude tanto a “ejemplo” como a “patrón” (He. 4:11; 8:5; 9:25; Stg. 5:10; 2 P. 2:6). El propósito de Jesús con esta acción era establecer el modelo perfecto de humildad y amor.
13:17 bienaventurados seréis si las hiciereis. El gozo siempre se vincula con la obediencia a la Palabra revelada de Dios (vea 15:14).
13:18 a quienes he elegido. Una referencia a los doce discípulos a quienes el Señor ha seleccionado (vea 15:16), los cuales conocía el Señor a perfección, incluido Judas quien fue elegido para que la profecía del Salmo 41:9 se cumpliera.
13:21 se conmovió. La misma palabra griega ocurre en 12:27 y 14:1 en el sentido de atribularse o angustiarse. Para el significado de esta expresión, vea la nota sobre 12:27.
13:23 Y uno de sus discípulos, al cual Jesús amaba. Esta es la primera referencia a Juan el apóstol, el autor del Evangelio (vea la Introducción: Autor y fecha). Hizo mención específica de sí mismo en la cruz (19:26, 27), en el sepulcro vacío (20:2–9), junto al Mar de Tiberias (21:1, 20–23), y en el penúltimo versículo donde se describe como autor del Evangelio (21:24).
13:26 lo dio a Judas Iscariote. El anfitrión de una fiesta, que en este caso era Jesús, tenía por costumbre preparar un bocado especial y sabroso para darlo a cierto invitado como un gesto especial de honra y amistad. Dado que Jesús lo entregó con tanta facilidad a Judas, se ha sugerido que él quiso sentarse cerca del Señor en un lugar de honor. Jesús demostró así un gesto final de su amor por Judas aunque este lo iba a traicionar.
13:27 Satanás entró en él. Judas fue poseído de manera personal por Satanás mismo al ejecutar su traición a Jesús. Vea la nota sobre el v. 2.
13:30 era ya de noche. Aunque esto es lo que Juan recordó de ese momento histórico, la frase también puede estar imbuida de un significado teológico profundo. Era la hora señalada para que Judas se entregara por completo al poder de las tinieblas (Satanás; cp. Lc. 22:53).
13:31–33 glorificado. En ausencia de Judas, los acontecimientos finales comenzaron su marcha irreversible. En lugar de fijarse en la agonía de la cruz, Jesús vio más allá de la cruz y anticipó la gloria que tendría con el Padre una vez todo terminara (vea 17:4, 5; He. 12:2).
13:33 como dije a los judíos. La declaración se encuentra en 8:21.
13:34 Un mandamiento nuevo… como yo os he amado. El mandamiento del amor no era nuevo. En Deuteronomio 6:5 se ordena amar a Dios y Levítico 19:18 mandó amar al prójimo como a uno mismo (cp. Mt. 22:34–40; Ro. 13:8–10; Gá 5:14; Stg. 2:8). Sin embargo, el mandato de Jesús con respecto al amor introdujo un parámetro distinto y novedoso por dos razones: 1) era un amor sacrificado conforme al patrón de amor establecido por Él mismo (“como yo os he amado”; cp. 15:13), y 2) es producido a través del nuevo pacto mediante el poder transformador del Espíritu Santo (cp. Jer. 31:29–34; Ez. 36:24–26; Gá 5:22).
13:34, 35 Tras haber anunciado su partida e insistido en que sus discípulos no podían venir con Él, Jesús comenzó a exponer lo que esperaba de ellos después de partir al cielo. Él estableció que el amor debía ser la característica distintiva del discípulo verdadero (v. 35; cp. 1 Jn. 2:7–11; 3:10–12; 4:7–10, 20, 21).
13:36 no me puedes seguir. Su obra estaba casi terminada, la de ellos apenas comenzaba (Mt. 28:16–20; Mr. 16:15; Lc. 24:47). En particular, Pedro tenía una obra que hacer (vea las notas sobre 21:15–19). Solo Jesús, como el sacrificio libre de pecado por las transgresiones del mundo, podía ir a la cruz y morir en expiación perfecta (1 P. 2:22–24). Además, Él era el único que podía ser glorificado en la presencia del Padre con la gloria que poseyó antes de su encarnación (vea 12:41; 17:1–5).
13:38 Vea 18:25–27; cp. Mt. 26:71–75; Mr. 16:69–72; Lc. 22:54–62.

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