John 8 - La Biblia de Estudio del Diario Vivir

8:3-6 Al arrestar solamente a la mujer, los líderes judíos estaban desacatando la ley, ya que esta exigía que el hombre involucrado en el adulterio también fuera apedreado (Levítico 20:10; Deuteronomio 22:22). Los líderes estaban tendiéndole una trampa a Jesús. Si decía que no apedrearan a la mujer, lo acusarían de violar la ley de Moisés, y si decía que la mataran, lo acusarían ante los romanos de sublevación porque ese derecho estaba reservado únicamente para las autoridades romanas (18:31).

8:7 Este pasaje presenta una importante lección acerca de juzgar a otros. Jesús aprobó la penalidad por el adulterio; por lo tanto, no podían acusarlo de contradecir la ley. Sin embargo, cuando dijo que solamente aquel que no tuviera pecado podía tirar la primera piedra, destacó la importancia de la compasión y el perdón. ¿Cuál es su reacción cuando el pecado de otros es descubierto? A Dios le corresponde juzgar y a nosotros perdonar y ser compasivos. No actuemos como si nunca hubiéramos pecado.

8:9 Cuando Jesús dijo que la persona que nunca había pecado tirara la primera piedra, los acusadores se alejaron en silencio, desde los más viejos hasta los más jóvenes. Evidentemente los hombres de mayor edad tenían mayor conciencia de sus pecados que los más jóvenes. La edad y la experiencia a menudo moderan la arrogancia de la juventud. Cualquiera que sea su edad, examine su vida. Reconozca que es un pecador y busque maneras de ayudar a otros en lugar de lastimarlos.

8:11 Jesús no condenó a la mujer que acusaban de cometer adulterio, pero tampoco hizo caso omiso de su pecado ni lo aprobó; le dijo que abandonara su vida de pecado. Jesús está listo para perdonar cualquier pecado que usted le confiese, pero el arrepentimiento implica un cambio de actitud. Con la ayuda de Dios podemos dejar de practicar el pecado y aceptar el perdón de Jesús.

8:12 Para una explicación de lo que Jesús quiso decir con «la luz del mundo», vea la nota en 1:4-5.

8:12 Jesús estaba enseñando en la parte del templo conocida como la tesorería (8:20). Allí se recolectaban las ofrendas y se encendían las velas que simbolizaban la columna de fuego que dirigía al pueblo de Israel cuando viajaban por el desierto (Éxodo 13:21-22). Fue en este contexto que Jesús se describió a sí mismo como «la luz del mundo». La columna de fuego representaba la presencia, la protección y la dirección de Dios. Ahora, Jesús brinda la presencia, la protección y la dirección de Dios. En cuanto a usted, ¿es Jesús la luz de su mundo?

8:12 ¿Qué significa seguir a Cristo? Así como un soldado sigue a su superior, nosotros debemos seguir a Cristo, nuestro líder; así como un esclavo sigue a su amo, nosotros debemos seguir a Cristo, nuestro Señor; así como seguimos los consejos de una persona sabia, debemos obedecer los mandatos de Cristo; y así como observamos las leyes de nuestra nación, debemos observar las leyes del reino del cielo.

8:13-14 Para los fariseos, Jesús era un lunático o un mentiroso. Entonces Jesús les dio una tercera alternativa: que creyeran que les decía la verdad. La mayoría de ellos no lo hicieron y nunca lo reconocieron como Mesías y Señor. Si usted desea saber quién es Jesús, no cierre su mente. Investigue la evidencia con una mente abierta; solo así podrá conocer la verdad de que él es el Mesías y el Señor.

8:13-18 Los fariseos decían que las declaraciones de Jesús no tenían validez legal porque no había otros testigos que las respaldaran. Entonces Jesús respondió diciéndoles que el testigo que las confirmaba era Dios mismo. Jesús y el Padre sumaban dos testigos, el número exigido por la ley (Deuteronomio 19:15).

8:20 La tesorería del templo estaba ubicada en el atrio de las mujeres. Allí se colocaban trece cajas para que la gente depositara dinero: siete eran para el impuesto del templo y seis para ofrendas. (En Lucas 21:1-4 encontramos a Jesús en este mismo lugar enseñándoles a sus discípulos acerca de la generosidad).

8:24 La gente morirá en pecado si rechaza a Cristo porque estarían rechazando la única manera de salvarse de las consecuencias del pecado. Lamentablemente, muchos valoran tanto lo que ven en este mundo que no pueden ver el valor incalculable del regalo que Cristo ofrece. ¿En qué tiene puesta su mirada? No se enfoque tanto en la vida de este mundo que se pierda lo más valioso: la vida eterna con Dios.

8:32 Jesús es la verdad que nos hace libres (ver 8:36). Él es la fuente de la verdad, la medida de la perfección. Jesús nos libera de la esclavitud al pecado, del autoengaño y del engaño de Satanás. Nos muestra claramente el camino a la vida eterna con Dios. Jesús no nos da libertad para que hagamos lo que queramos, sino para que sigamos a Dios. A medida que servimos a Dios, la verdad perfecta de Jesús nos libera para que lleguemos a ser quienes Dios desea que seamos.

8:34-35 El pecado puede dirigir nuestras acciones, esclavizarnos, controlarnos y dominarnos. Sin embargo, Jesús puede liberarnos de esa esclavitud que nos impide ser las personas que Dios tenía en mente cuando nos creó. Si el pecado lo tiene encadenado, dominado o esclavizado, Jesús puede quebrantar el poder que el pecado tiene sobre su vida.

8:41 Jesús hizo una distinción entre hijos legítimos e ilegítimos. Los líderes religiosos eran descendientes de Abraham, el patriarca de los israelitas; por lo tanto, afirmaban ser hijos de Dios. Sin embargo, por medio de sus acciones demostraban que en realidad eran hijos de Satanás. Los verdaderos hijos de Abraham, los fieles seguidores de Dios, no harían lo que hacían ellos. Hoy en día, una persona no se convierte en un hijo de Dios por ser miembro de una iglesia ni por tener parientes cristianos. Su verdadero padre es aquel a quien usted imita y obedece.

8:43 Los líderes religiosos no podían entender porque no querían escuchar. Satanás utilizó la terquedad, el orgullo y los prejuicios de estas personas para impedirles que creyeran en Jesús.

8:44-45 Las actitudes y las acciones de estos líderes los identificaban claramente como seguidores de Satanás. Es posible que no se dieran cuenta de esto, pero su desprecio por la verdad, sus mentiras y sus intenciones homicidas indicaban que eran herramientas del diablo para llevar a cabo sus planes; hablaban el mismo idioma de mentiras. Hoy en día, Satanás continúa usando a las personas para impedir la obra de Dios (Génesis 4:8; Romanos 5:12; 1 Juan 3:12).

8:46-47 Los que odiaban y querían matar a Jesús examinaban todo lo que él hacía, pero no podían encontrar nada malo. Jesús demostró que él es Dios por medio de su vida sin pecado. Aunque algunos de sus oyentes creyeron en él (8:30), la mayoría lo rechazó porque su corazón estaba endurecido (ver 12:39-40). Se negaban a escuchar (o a obedecer) las palabras de Dios porque no eran sus hijos.

8:51 Cuando Jesús dice que quienes lo obedezcan no morirán, se refiere a la muerte espiritual, no a la muerte física. Sin embargo, la muerte física llegará a su fin cuando Cristo regrese. Sus seguidores que hayan muerto resucitarán y vivirán eternamente con él.

8:56 Dios le dijo a Abraham, el padre de la nación judía, que todas las naciones serían bendecidas por medio de él (Génesis 12:1-7; 15:1-21). Abraham pudo ver eso mediante los ojos de la fe. Jesús, un descendiente de Abraham, bendijo a todo el mundo por medio de su muerte, resurrección y oferta de salvación.

8:58-59 Esta es una de las declaraciones más poderosas de Jesús. Claramente proclamó su divinidad al decir que existía desde antes de que Abraham naciera, y se refirió a sí mismo con el nombre santo de Dios: «YO SOY» (Éxodo 3:14). Esta declaración no puede ser pasada por alto; exige una respuesta. Los líderes judíos iban a apedrear a Jesús porque según ellos blasfemaba con su afirmación de ser igual a Dios. No obstante, Jesús es Dios. ¿Cuál es su respuesta a Jesús, el Hijo de Dios?

8:59 Conforme a la ley establecida en Levítico 24:16, los líderes religiosos iban a apedrear a Jesús por llamarse Dios. Ellos sabían muy bien lo que Jesús estaba afirmando acerca de sí mismo, pero como no creían que era Dios en persona, lo acusaron de blasfemia. Irónicamente, ¡ellos eran los verdaderos blasfemos, ya que maldecían y atacaban al mismo Dios que afirmaban servir!

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