John 4 - La Biblia de Estudio del Diario Vivir

4:1-3 La oposición a Jesús ya comenzaba a surgir, especialmente de parte de los fariseos. Despreciaban a Jesús debido a su popularidad y sus enseñanzas que contradecían a muchas de las instrucciones de los fariseos. Jesús apenas comenzaba su ministerio; por lo tanto, no era el momento indicado para confrontarlos abiertamente. Entonces salió de Jerusalén y viajó hacia Galilea.

4:4 Para ir de Judea a Galilea, había que pasar por un territorio llamado Samaria. La mayoría de los judíos hacían todo lo posible por no pasar por Samaria. La razón deriva de su historia.

Después del reinado de Salomón, Israel fue dividido en dos reinos: Judá en el sur e Israel en el norte. Muchos años después, el reino del norte, cuya capital era Samaria, fue conquistado por los asirios. Estos desterraron a muchos de los israelitas a Asiria y los reemplazaron con extranjeros para que se establecieran allí y mantuvieran la paz (2 Reyes 17:24). Entonces los israelitas que quedaron atrás se mezclaron con los extranjeros que llegaron. Los israelitas del reino del sur despreciaban a sus compatriotas de matrimonios mixtos porque habían traicionado su herencia y su pueblo, y consideraban impuros a sus descendientes, los samaritanos.

Los samaritanos habían establecido un lugar de adoración en el monte Gerizim (4:20) como lugar alternativo al templo de Jerusalén, pero éste había sido destruido 150 años antes del tiempo de Jesús. Aunque la animosidad entre los judíos y los samaritanos existía desde hacía mucho tiempo, Jesús no se restringió por ella. La ruta a través de Samaria era la más corta y esa fue la que tomó.

4:5-7 El pozo de Jacob estaba en la propiedad que originalmente había pertenecido al patriarca Jacob (Génesis 33:18-19). No era un pozo alimentado por aguas de manantial, sino por la lluvia y el rocío. Por lo general, los pozos se encontraban en las afueras de la ciudad, junto a los caminos principales. Dos veces al día, por la mañana y al atardecer, las mujeres solían ir al pozo para sacar agua. Sin embargo, esta mujer fue al mediodía, probablemente para no encontrarse con personas que conocían su reputación. Jesús le habló a esta mujer acerca de agua pura y fresca que podía saciar su sed espiritual para siempre.

4:7-9 Esta mujer era una samaritana despreciada, conocida por sus pecados, y estaba en un lugar público. Ningún judío respetable hablaría con una mujer bajo esas circunstancias; pero Jesús lo hizo. La Buena Noticia es para todos, no importa la raza, posición social o reputación. Debemos estar preparados para proclamar la Buena Noticia a cualquier hora y en cualquier lugar. Jesús rompía todas las barreras a fin de proclamar la Buena Noticia y nosotros, sus seguidores, debemos hacer lo mismo.

4:10 ¿Qué quiso decir Jesús con «agua viva»? En el Antiguo Testamento encontramos pasajes que hablan de desear a Dios como el tener sed (Salmo 42:1; Isaías 55:1) y que describen a Dios como la fuente de vida (Salmo 36:9) y la fuente de agua viva (Jeremías 2:13; 17:13). Jesús afirmaba ser el Mesías cuando dijo que tenía agua viva que saciaría para siempre la sed de Dios que tienen las personas. Solamente el Mesías puede dar este regalo que satisface el deseo del alma.

4:13-15 Muchas condiciones espirituales son similares a las físicas. Por ejemplo, así como nuestro cuerpo experimenta hambre y sed, también nuestra alma; excepto que nuestra alma necesita agua y alimento espiritual. Es posible que a esta mujer nadie le había hablado jamás acerca de su hambre y sed espiritual, por eso no se daba cuenta de lo que Jesús le estaba hablando en realidad y pensaba que se refería a un agua que le quitaría la sed física para siempre. Cuando tenemos hambre y sed, comemos y bebemos. ¿Hacemos lo mismo con nuestra alma? Jesucristo, quien es la Palabra viviente, y la Biblia, que es la Palabra escrita, pueden satisfacer el hambre y la sed de nuestra alma.

4:15 La mujer estaba emocionada porque creía que si tomaba del agua que Jesús le ofrecía, no tendría que volver a sacar agua del pozo. Le interesaba el mensaje de Jesús porque pensaba que tendría una vida más fácil. Sin embargo, si seguir a Cristo causara que la vida fuera más fácil, la gente creería en él por los motivos equivocados. Cristo no vino al mundo para eliminar las dificultades de la vida sino para transformarnos desde el interior y darnos las fuerzas para lidiar con nuestros problemas desde una nueva perspectiva.

4:16-20 Cuando la mujer se dio cuenta de que Jesús sabía todo acerca de ella, enseguida cambió de tema. A menudo, cuando una conversación toca un tema sensible, la gente se siente incómoda y procura hablar de otra cosa. Si eso sucede cuando hablamos de Cristo, con sabiduría deberíamos encaminar la conversación de nuevo hacia él. Su presencia ilumina el pecado y por eso se incomoda la gente, pero debemos recordar que solamente por medio de Cristo es que pueden recibir el perdón de sus pecados y una vida nueva.

4:20-24 La mujer tocó un tema teológico popular: cuál es el lugar correcto para adorar a Dios. Sin embargo, su propósito era enmarañar la conversación para alejar a Jesús de su necesidad más profunda. Entonces Jesús respondió a su pregunta con un asunto más importante: el lugar de la adoración no es lo principal, sino la actitud de los adoradores.

4:22 «La salvación viene por medio de los judíos». Dios había prometido que por medio de Abraham, el patriarca de los judíos, toda la tierra sería bendecida (Génesis 12:3). El Mesías sería judío y solamente él podría salvar al mundo. La mujer samaritana sabía que el Mesías vendría, ¡pero no se daba cuenta de que estaba hablando con él!

4:24 «Dios es Espíritu» significa que Dios no es un ser físico limitado a un solo lugar. Dios está en todas partes y puede ser adorado a cualquier hora y en cualquier lugar. No es dónde adoramos lo que cuenta, sino cómo adoramos. ¿Es su adoración genuina y verdadera? ¿Tiene la ayuda del Espíritu Santo? El Espíritu Santo nos ayuda en la adoración: intercede por nosotros (Romanos 8:26), nos enseña las palabras de Cristo (14:26) y nos recuerda que somos amados (Romanos 5:5).

4:34 Esta declaración muestra que Jesús se alimentaba espiritualmente cuando complacía a su Padre. «Hacer la voluntad de Dios» implicaba que Jesús se sometía al plan del Padre y encontraba satisfacción en cumplir los deseos de Dios. «En terminar su obra» se refiere a completar la tarea: desde la siembra hasta la cosecha. En 17:4 leemos que Jesús llevó a cabo todo lo que el Padre le había encomendado. Sobre todo, Jesús había revelado el Padre al mundo. Además de estudiar la Biblia, orar e ir a la iglesia, nos alimentamos espiritualmente cuando hacemos la voluntad de Dios. No solo nos alimentamos con lo que recibimos sino también con lo que damos en nombre de Dios.

4:35 A veces los cristianos justifican no hablarles de Cristo a sus familiares o amigos diciendo que estos no están listos para creer. Sin embargo, Jesús deja en claro que a nuestro alrededor hay una cosecha que espera ser recogida. Que Jesús no lo encuentre dando excusas. Mire a su alrededor; hay gente lista para escuchar la Palabra de Dios.

4:36-38 El salario que Jesús paga es la alegría de trabajar para él y de ver la cosecha de creyentes. Tanto el que siembra como el que cosecha recibe este salario porque ambos se alegran cuando ven a los nuevos creyentes entrar al reino de Dios. La frase «otros ya habían hecho el trabajo» (4:38) posiblemente se refiere a los profetas del Antiguo Testamento y a Juan el Bautista, quienes habían preparado el camino para la Buena Noticia.

4:39 Cuando Jesús toca una vida, es imposible quedarse callado. La mujer samaritana fue inmediatamente a decirles a otros acerca de su encuentro con Jesús. Indudablemente, esta mujer era despreciada a causa de su estilo de vida inmoral; sin embargo, su testimonio causó gran curiosidad. Debido a lo que ella les dijo, muchos salieron a ver a Jesús y creyeron en él. Cuando las personas que nos conocen estén curiosas por los cambios que Cristo ha hecho en nosotros, debemos aprovechar la oportunidad para dar testimonio de él.

4:46-49 Este funcionario de gobierno probablemente era un oficial al servicio de Herodes en Capernaúm, que quedaba a unos 32 kilómetros de Caná. Cuando este hombre le pidió a Jesús que sanara a su hijo, Jesús aprovechó la oportunidad para reprender a los galileos por siempre querer alguna señal. Sin embargo, este hombre no estaba buscando una señal, tenía una necesidad real y tenía fe que Jesús podía satisfacer su necesidad. En consecuencia, Jesús concedió su petición.

4:50 El funcionario de gobierno creyó lo que Jesús le dijo y mostró su fe cuando lo obedeció y se fue a su casa. Si decimos que creemos que Jesús puede hacerse cargo de nuestros problemas, nuestras acciones deben reflejar esa convicción. Después de que usted ore al Señor pidiéndole ayuda con alguna necesidad o un problema, comience a vivir como si en realidad cree que él tiene el poder para resolver su situación.

4:51 Los milagros de Jesús no eran ilusiones ópticas. Aunque el hijo del funcionario estaba a 32 kilómetros de distancia, el niño recuperó su salud en cuanto Jesús dijo la palabra. La distancia no era un inconveniente porque el poder de Cristo no tiene limitaciones. Nunca habrá distancia alguna que nos ponga fuera del alcance de la ayuda de Cristo.

4:53 Fíjese en la manera en que creció la fe del funcionario. Primero, tuvo fe suficiente como para ir a Jesús y pedirle ayuda; luego, creyó en lo que Jesús le dijo acerca de su hijo y lo obedeció; y por último, él y toda su casa creyeron en Jesús. La fe es un regalo que crece de acuerdo con nuestra obediencia.

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