John 3 - La Biblia de Estudio del Diario Vivir
3:1 Nicodemo era un fariseo y miembro del concejo gobernante (llamado Sanedrín o Concilio Supremo). Los fariseos eran un grupo de líderes religiosos a quienes Jesús y Juan el Bautista frecuentemente criticaron por ser hipócritas. La mayoría de los fariseos odiaban a Jesús porque desafiaba su autoridad y sus puntos de vista, pero Nicodemo tenía una mente abierta y quería saber más de Jesús. Aunque era un maestro preparado, fue a Jesús para ser instruido. No importa cuán inteligente o preparado sea usted, debe acercarse a Cristo con la mente y el corazón abiertos para que él le enseñe la verdad de Dios. (Para más información sobre los fariseos, vea la nota en Mateo 3:7).
3:1 ss. Aunque Nicodemo pudo haber enviado a uno de sus asistentes, decidió ir a ver a Jesús personalmente. Quería averiguar por su propia cuenta qué era cierto y qué era rumor acerca de Jesús. Es posible que no quisiera que los demás fariseos se dieran cuenta de su visita y por eso fue de noche. Tiempo después, lo encontramos desafiando a sus colegas en el Concilio Supremo, argumentando que Jesús merecía un juicio justo (7:50-51). Al igual que Nicodemo, nosotros mismos debemos examinar a Jesús y llegar a nuestras propias conclusiones. Entonces, si creemos que es quien dice ser, debemos hablar en su favor.
3:3 ¿Qué sabía Nicodemo acerca del reino? Por medio de las Escrituras sabía que Dios lo gobernaría, que sería establecido en la tierra y que incluiría al pueblo de Dios. A este devoto fariseo, Jesús le reveló que a menos que naciera de nuevo, no entraría en el reino (3:5) y que el reino sería para todos (3:16), no solamente para los judíos. Esta enseñanza era revolucionaria: el reino de Dios como algo personal, no nacional ni étnico, y que para entrar en este reino hay que arrepentirse y nacer espiritualmente. Más adelante, Jesús enseña que el reino de Dios ya había comenzado en el corazón de los creyentes (Lucas 17:21). El reino de Dios será establecido plenamente cuando Jesús regrese a juzgar al mundo y destruya la maldad para siempre (Apocalipsis 21–22).
3:5-6 Nacer «de agua y del Espíritu» podría referirse a la diferencia entre el nacimiento físico (de agua) y el nacimiento espiritual (del Espíritu), o referirse a ser regenerado por el Espíritu e indicarlo por medio del bautismo cristiano. El agua también podría representar la acción limpiadora del Espíritu Santo de Dios (Tito 3:5). Sin duda, Nicodemo conocía las promesas de Dios en Ezequiel 36:25-26. Jesús estaba explicando que nadie entra al reino a causa de llevar una vida buena, sino por haber experimentado un nacimiento espiritual.
3:6 ¿Quién es el Espíritu Santo? Es Dios. Dios es tres personas en uno: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Dios se hizo hombre en Jesús para morir por los pecados del mundo y resucitó para ofrecer salvación a todos mediante el nacimiento espiritual. Cuando Jesús ascendió al cielo, su presencia física dejó la tierra, pero prometió enviar al Espíritu Santo para que su presencia espiritual continuara entre los seres humanos (ver Lucas 24:49). El Espíritu Santo vino sobre todos los creyentes por primera vez en Pentecostés (Hechos 2). En los tiempos del Antiguo Testamento, el Espíritu Santo venía sobre ciertos individuos y les daba la habilidad de cumplir tareas específicas; ahora el Espíritu Santo habita en todos los creyentes. (Para más información sobre el Espíritu Santo, lea 14:16-28; Romanos 8:9; 1 Corintios 12:13 y 2 Corintios 1:22).
3:8 El problema de Nicodemo era que quería controlar el proceso de entrar en el reino. Entonces Jesús utilizó otra ilustración. Nadie puede controlar el viento: «sopla hacia donde quiere». Así como alguien puede oír el viento pero no sabe dónde se originó ni cuál es su destino, el Espíritu se puede escuchar pero no se puede controlar ni comprender por completo. El Espíritu controla el proceso de salvación y nosotros no. Creemos y experimentamos sus efectos, pero no tenemos el control. El poder del Espíritu en el creyente es una fuerza misteriosa y el nuevo estatus de quienes se han vuelto hijos de Dios (1:12) no se puede comprender sin el Espíritu.
3:10-11 Aunque este maestro judío conocía muy bien el Antiguo Testamento, no comprendía lo que decía acerca del Mesías. Tener conocimiento no garantiza la salvación. Es importante que usted conozca bien la Biblia, pero es más importante que conozca al Dios que la Biblia revela y que usted reciba la salvación que él ofrece.
3:14-15 Cuando los israelitas deambulaban por el desierto, Dios les envió una plaga de serpientes para castigarlos por su actitud rebelde. Aquellos que estaban por morir, a causa de la mordida de una serpiente, serían sanados si obedecían el mandato de Dios de mirar a la serpiente de bronce (ver Números 21:8-9). De manera similar, Dios nos salva de los efectos mortíferos de la mordedura del pecado cuando miramos a Jesús creyendo que él nos salvará.
3:16 En este versículo se concentra el mensaje de la Buena Noticia. El amor de Dios no es estático ni egoísta, sino que se extiende y alcanza a las personas. Aquí Dios establece el modelo para el verdadero amor y la base de toda relación. Una persona que ama profundamente a otra está dispuesta a entregarse libremente e incluso hasta el punto de sacrificarse por ella. Dios pagó el máximo precio para salvarnos: entregó a su único Hijo. Jesús sufrió nuestro castigo, pagó por nuestros pecados y nos ofreció vida eterna. Nosotros debemos imitar el amor de Cristo y estar dispuestos a renunciar a nuestra comodidad y seguridad a fin de proclamar la Buena Notica, para que otros también reciban el amor de Dios.
3:16 A algunas personas no les agrada la idea de la vida eterna porque, según ellas, su vida actual es una vida miserable. Pero la vida eterna no es una extensión de la vida como la conocemos. En la vida eterna que Dios garantiza a todos los que creen en Cristo, no hay enemigos, muerte, enfermedad, maldad ni pecado. Cuando no conocemos a Cristo, tomamos decisiones como si esta vida es todo lo que hay, pero la realidad es que esta vida es solo el comienzo de la eternidad. Ponga su fe en Cristo y comience a evaluar los asuntos de la vida desde una perspectiva eterna.
3:16 «Creer» es más que una afirmación intelectual de que Jesús es Dios. Implica depositar nuestra confianza y esperanza en el único que nos puede salvar. Es poner nuestros planes y nuestro destino eterno en manos de Cristo. Creer en él es tener la confianza de que sus palabras son fiables y de que nos dará el poder para cambiar. Si no ha puesto su fe en Cristo, hágalo hoy mismo y reciba la promesa de la vida eterna.
3:18 Muchas veces la gente busca protegerse de sus temores por medio de las cosas que tienen o que hacen; dependen de sus buenas acciones, su inteligencia o habilidades, su dinero o posesiones. Sin embargo, solamente Dios puede salvarnos de lo que realmente debemos temer: la condenación eterna. Cuando creemos en Jesús, reconocemos que no somos capaces de adquirir la salvación por medio de nuestros propios esfuerzos y le pedimos que haga su obra en nosotros. «El que no cree» es aquel que rechaza a Jesús, no la persona que tiene alguna duda momentánea.
3:19-21 Muchas personas no quieren que la luz de Dios las ilumine porque no quieren que su maldad sea expuesta; no quieren cambiar su manera de ser. No se sorprenda cuando a estas personas les moleste que usted desee obedecer a Dios y hacer lo correcto, ya que temen que la luz que hay en usted ilumine algo oscuro en la vida de ellas; pero no se desanime, más bien ore fielmente por ellas para que puedan ver que es mejor vivir en la luz.
3:25 ss. Hay quienes buscan asuntos con diferencias de opinión para sembrar semillas de discordia, descontento y duda. Juan el Bautista puso fin a esta discusión teológica enfocándose en su devoción a Cristo. El tratar de forzar a otros a que crean lo mismo que nosotros causa división. La mejor opción es testificar acerca de lo que Cristo ha hecho por nosotros. ¿Cómo podría alguien discutir con nosotros sobre esto?
3:26 Los discípulos de Juan el Bautista estaban molestos porque la gente estaba siguiendo a Jesús en vez de seguirlo a él. Es fácil sentir celos a causa de la popularidad del ministerio de otra persona. Por eso, debemos recordar que nuestra misión no es tener seguidores sino hacer todo lo posible para que las personas sigan a Cristo.
3:27 ¿Por qué Juan el Bautista siguió bautizando después de que apareció Jesús? ¿Por qué no se convirtió en discípulo? Juan explicó que Dios le había dado su ministerio y lo continuaría haciendo hasta que Dios le dijera que hiciera otra cosa. El propósito de Juan era dirigir a la gente a Cristo y podía seguir haciéndolo mientras Jesús desempeñaba su ministerio.
3:30 La disposición de Juan a menguar en importancia muestra su humildad extraordinaria. Hoy en día, los pastores y líderes de la iglesia pueden verse tentados a enfocarse más en la popularidad de su ministerio que en el mensaje de Cristo. Tenga cuidado con los líderes que se preocupan más por su reputación que por el crecimiento del reino de Dios.
3:31-35 El testimonio de Jesús era confiable porque él había venido del cielo y hablaba de lo que había visto allí. Sus palabras eran las palabras de Dios. La vida espiritual de usted depende de su respuesta a la pregunta «¿Quién es Jesucristo?». Si su respuesta es que Jesús fue tan solo un profeta o un maestro, tendrá que rechazar sus enseñanzas, ya que él afirmaba ser el Hijo de Dios, o sea, Dios mismo. La esencia del Evangelio de Juan es esta verdad: Jesucristo es el Hijo de Dios, el Mesías, el Salvador, que siempre ha existido. Este mismo Jesús nos invita a creer en él para que vivamos con él eternamente. Cuando comprendemos quién es Jesús, nos vemos obligados a creer sus palabras.
3:34 El Espíritu de Dios estaba sobre Jesús sin límite ni medida. Por lo tanto, Jesús fue (y continua siendo) la suprema revelación de Dios a la humanidad (Hebreos 1:2).
3:36 Jesús dice que todo el que cree en él tiene (no que tendrá) vida eterna. Recibir la vida eterna es participar de la vida de Dios, la cual por naturaleza es eterna. Por lo tanto, la vida eterna comienza en el momento que uno experimenta el renacimiento espiritual.
3:36 El apóstol Juan ha venido demostrando que Jesús es el verdadero Hijo de Dios. La persona de Jesús nos desafía a tomar la decisión más importante de nuestra vida. Hoy debemos elegir a quién obedeceremos (Josué 24:15). Dios quiere que lo elijamos a él y a la vida (Deuteronomio 30:15-20). «La ira del juicio de Dios» se refiere al rechazo final de Dios de quienes lo rechazan a él. Esperar para tomar una decisión es equivalente a decidir no seguir a Cristo; la indecisión es una decisión fatal.
