Mateo 15:1-39 NVI

[1] Se acercaron a Jesús algunos fariseos y maestros de la Ley que habían llegado de Jerusalén y le preguntaron: [2] ―¿Por qué quebrantan tus discípulos la tradición de los líderes religiosos? ¡Comen sin cumplir primero el rito de lavarse las manos! [3] Jesús les contestó: ―¿Y por qué ustedes quebrantan el mandamiento de Dios a causa de la tradición? [4] Dios dijo: “Honra a tu padre y a tu madre” y también: “El que maldiga a su padre o a su madre será condenado a muerte”. [5] Ustedes, en cambio, enseñan que un hijo puede decirle a su padre o a su madre: “Cualquier ayuda que pudiera darte ya la he dedicado como ofrenda a Dios”. [6] En ese caso, el tal hijo no tiene que honrar a su padre. Así por causa de la tradición anulan ustedes la palabra de Dios. [7] ¡Hipócritas! Tenía razón Isaías cuando profetizó de ustedes: [8] »“Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. [9] En vano me adoran; sus enseñanzas no son más que reglas humanas”. [10] Jesús llamó a la multitud y dijo: ―Escuchen y entiendan. [11] Lo que contamina a una persona no es lo que entra en la boca, sino lo que sale de ella. [12] Entonces se le acercaron los discípulos y le dijeron: ―¿Sabes que los fariseos se escandalizaron al oír eso? [13] ―Toda planta que mi Padre celestial no haya plantado será arrancada de raíz —les respondió—. [14] Déjenlos; son guías ciegos. Y, si un ciego guía a otro ciego, ambos caerán en un hoyo. [15] ―Explícanos la comparación —le pidió Pedro. [16] ―¿Tampoco ustedes pueden todavía entenderlo? —les dijo Jesús—. [17] ¿No se dan cuenta de que todo lo que entra en la boca va al estómago y después se echa en la letrina? [18] Pero lo que sale de la boca viene del corazón y contamina a la persona. [19] Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, la inmoralidad sexual, los robos, los falsos testimonios y las calumnias. [20] Estas son las cosas que contaminan a la persona, y no el comer sin lavarse las manos. [21] Partiendo de allí, Jesús se retiró a la región de Tiro y Sidón. [22] De esa región salió a su encuentro una mujer cananea gritando: ―¡Señor, Hijo de David, ten compasión de mí! Mi hija sufre terriblemente por estar endemoniada. [23] Jesús no le respondió ni una palabra. Así que sus discípulos se acercaron a él y le rogaron: ―Despídela, porque viene detrás de nosotros gritando. [24] ―No fui enviado sino a las ovejas perdidas del pueblo de Israel —contestó Jesús. [25] La mujer se acercó y, arrodillándose delante de él, le suplicó: ―¡Señor, ayúdame! [26] Él le respondió: ―No está bien quitarles el pan a los hijos y echárselo a los perros. [27] ―Sí, Señor —respondió la mujer—, pero hasta los perros comen las migajas que caen de la mesa de sus amos. [28] ―¡Mujer, qué grande es tu fe! —contestó Jesús—. Que se cumpla lo que quieres. Y desde ese mismo momento quedó sana su hija. [29] Salió Jesús de allí y llegó a orillas del lago de Galilea. Luego subió a la montaña y se sentó. [30] Se le acercaron grandes multitudes que llevaban cojos, ciegos, lisiados, mudos y muchos enfermos más; los pusieron a sus pies y él los sanó. [31] La gente se asombraba al ver a los mudos hablar, a los lisiados recobrar la salud, a los cojos andar y a los ciegos ver. Y alababan al Dios de Israel. [32] Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: ―Siento compasión de esta gente porque ya llevan tres días conmigo y no tienen nada que comer. No quiero despedirlos sin comer, no sea que se desmayen por el camino. [33] Los discípulos objetaron: ―¿Dónde podríamos conseguir en este lugar despoblado suficiente pan para dar de comer a toda esta multitud? [34] ―¿Cuántos panes tienen? —les preguntó Jesús. ―Siete y unos pocos pescaditos —respondieron ellos. [35] Luego Jesús mandó que la gente se sentara en el suelo. [36] Tomando los siete panes y los pescados, dio gracias, los partió y se los fue dando a los discípulos. Estos, a su vez, los distribuyeron a la gente. [37] Todos comieron hasta quedar satisfechos. Después los discípulos recogieron siete cestas llenas de pedazos que sobraron. [38] Los que comieron eran cuatro mil hombres, sin contar a las mujeres y a los niños. [39] Después de despedir a la gente, Jesús subió a la barca y se fue a la región de Magadán.

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