Ezequiel 37:1-28 NVI
[1] La mano del SEÑOR vino sobre mí; su Espíritu me llevó y me colocó en medio de un valle que estaba lleno de huesos. [2] Me hizo pasearme entre ellos, de un lado para otro. Pude ver que los huesos que cubrían el valle estaban muy secos y eran muchos. [3] Entonces me dijo: «Hijo de hombre, ¿podrán revivir estos huesos?». Y yo contesté: «SEÑOR y Dios, tú lo sabes». [4] Entonces me dijo: «Profetiza sobre estos huesos y diles: “¡Huesos secos, escuchen la palabra del SEÑOR! [5] Así dice el SEÑOR y Dios a estos huesos: ‘Yo haré entrar en ustedes espíritu, y vivirán. [6] Les pondré tendones, haré que les salga carne, los cubriré de piel y les daré aliento de vida. Así vivirán y sabrán que yo soy el SEÑOR’ ”». [7] Tal y como me lo ordenó, profeticé. Y, mientras profetizaba, se escuchó un ruido que sacudió la tierra, y los huesos comenzaron a unirse entre sí. [8] Yo me fijé y vi que en ellos aparecían tendones, les salía carne y se recubrían de piel. ¡Pero no había espíritu en ellos! [9] Entonces el SEÑOR me dijo: «Profetiza, hijo de hombre; profetiza al espíritu. Dile: “Esto ordena el SEÑOR y Dios: ‘Espíritu, ven de los cuatro vientos y sopla sobre estos muertos, y vivirán’ ”». [10] Yo profeticé, tal como él me lo había ordenado, y el espíritu entró en ellos; entonces vivieron y se pusieron de pie. ¡Era un ejército numeroso! [11] Luego me dijo: «Hijo de hombre, estos huesos son el pueblo de Israel. Ellos andan diciendo: “Nuestros huesos se han secado. Ya no tenemos esperanza. ¡Estamos perdidos!”. [12] Por eso, profetiza y adviérteles que así dice el SEÑOR y Dios: “Pueblo mío, abriré tus tumbas, te sacaré de ellas y te haré regresar a la tierra de Israel. [13] Y, cuando haya abierto tus tumbas y te haya sacado de allí, entonces, pueblo mío, sabrás que yo soy el SEÑOR. [14] Pondré mi Espíritu en ustedes y vivirán. Y los estableceré en su propia tierra. Entonces sabrán que yo, el SEÑOR, lo he dicho y lo cumpliré, afirma el SEÑOR”». [15] La palabra del SEÑOR vino a mí y me dijo: [16] «Hijo de hombre, toma una vara y escribe sobre ella: “Para Judá y sus aliados los israelitas”. Luego toma otra vara y escribe: “Para José, vara de Efraín, y todos sus aliados los israelitas”. [17] Júntalas, la una con la otra, de modo que formen una sola vara en tu mano. [18] »Cuando la gente de tu pueblo te pregunte: “¿Qué significa todo esto?”, [19] tú le responderás que así dice el SEÑOR y Dios: “Voy a tomar la vara de José que está en la mano de Efraín y a las tribus de Israel que están unidas a él, y la juntaré a la vara de Judá. Así haré con ellos una sola vara, y en mi mano serán una sola”. [20] Sostén en tu mano las varas sobre las cuales has escrito, para que las vean. [21] Entonces adviérteles que así dice el SEÑOR y Dios: “Tomaré a los israelitas de entre las naciones por donde han andado; los reuniré de todas partes y los haré regresar a su propia tierra. [22] Y en esta tierra, en los montes de Israel, haré de ellos una sola nación. Todos estarán bajo un solo rey; nunca más serán dos naciones ni estarán divididos en dos reinos. [23] Ya no se contaminarán más con sus ídolos, ni con sus iniquidades ni actos abominables. Yo los libraré y los purificaré de todas sus infidelidades. Ellos serán mi pueblo y yo seré su Dios. [24] »”Mi siervo David será su rey y todos tendrán un solo pastor. Caminarán según mis leyes, cumplirán mis estatutos y los pondrán en práctica. [25] Habitarán en la tierra que le di a mi siervo Jacob, donde vivieron sus antepasados. Ellos, sus hijos y sus nietos vivirán allí para siempre, y mi siervo David será su príncipe eterno. [26] Y haré con ellos un pacto de paz. Será un pacto eterno. Y los estableceré y haré que se multipliquen; pondré mi santuario entre ellos para siempre. [27] Habitaré entre ellos; yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo. [28] Y, cuando mi santuario esté para siempre en medio de ellos, las naciones sabrán que yo, el SEÑOR, he hecho de Israel un pueblo santo”».
