1 Samuel 15:1-35 NVI
[1] Un día Samuel le dijo a Saúl: «El SEÑOR me envió a ungirte como rey sobre su pueblo Israel. Así que pon atención al mensaje del SEÑOR. [2] Así dice el SEÑOR de los Ejércitos: “He decidido castigar a los amalecitas por lo que le hicieron a Israel, pues no dejaron pasar al pueblo cuando salía de Egipto. [3] Así que ve y ataca a los amalecitas ahora mismo. Destruye por completo todo lo que les pertenezca; no les tengas compasión. Mátalos a todos, hombres y mujeres, niños y recién nacidos, toros y ovejas, camellos y asnos”». [4] Saúl reunió al ejército y le pasó revista en Telayin: eran doscientos mil soldados de infantería más diez mil soldados de Judá. [5] Luego se dirigió a la ciudad de Amalec y tendió una emboscada en el barranco. [6] Los quenitas se apartaron de los amalecitas, pues Saúl les dijo: «¡Váyanse de aquí! Salgan y apártense de los amalecitas. Ustedes fueron bondadosos con todos los israelitas cuando ellos salieron de Egipto. Así que no quiero destruirlos a ustedes junto con ellos». [7] Saúl atacó a los amalecitas desde Javilá hasta Sur, que está cerca de la frontera de Egipto. [8] A Agag, rey de Amalec, lo capturó vivo, pero a todos los habitantes los mató a filo de espada. [9] Además de perdonarle la vida al rey Agag, Saúl y su ejército preservaron las mejores ovejas y vacas, los terneros más gordos y, en fin, todo lo que era de valor. Nada de esto quisieron destruir; solo destruyeron lo que era inútil y lo que no servía. [10] La palabra del SEÑOR vino a Samuel: [11] «Lamento haber hecho rey a Saúl, pues se ha apartado de mí y no ha llevado a cabo mis instrucciones». Tanto se alteró Samuel que pasó la noche clamando al SEÑOR. [12] Por la mañana, muy temprano, se levantó y fue a encontrarse con Saúl, pero le dijeron: «Saúl se fue a Carmel y allí se erigió un monumento. Luego se dio la vuelta y continuó hacia Guilgal». [13] Cuando Samuel llegó, Saúl le dijo: ―¡Que el SEÑOR te bendiga! He cumplido las instrucciones del SEÑOR. [14] ―Y entonces, ¿qué significan esos balidos de oveja que me parece oír? —le reclamó Samuel—. ¿Y cómo es que oigo mugidos de vaca? [15] ―Son las que nuestras tropas trajeron del país de Amalec —respondió Saúl—. Dejaron con vida a las mejores ovejas y vacas para ofrecerlas al SEÑOR tu Dios, pero todo lo demás lo destruimos. [16] ―¡Basta! —lo interrumpió Samuel—. Voy a comunicarte lo que el SEÑOR me dijo anoche. ―Te escucho —respondió Saúl. [17] Entonces Samuel le dijo: ―¿No es cierto que, aunque te creías poca cosa, has llegado a ser jefe de las tribus de Israel? ¿No fue el SEÑOR quien te ungió como rey de Israel, [18] y te envió a cumplir una misión? Él te dijo: “Ve y destruye a esos pecadores, los amalecitas. Atácalos hasta acabar con ellos”. [19] ¿Por qué, entonces, no obedeciste al SEÑOR? ¿Por qué echaste mano del botín e hiciste lo malo ante los ojos del SEÑOR? [20] ―¡Yo sí he obedecido al SEÑOR! —insistió Saúl—. He cumplido la misión que él me encomendó. Traje prisionero a Agag, rey de Amalec, pero destruí a los amalecitas. [21] Y del botín, los soldados tomaron ovejas y vacas, destinadas al exterminio, con el propósito de ofrecerlas en Guilgal al SEÑOR tu Dios. [22] Samuel respondió: «¿Qué le agrada más al SEÑOR: que se le ofrezcan holocaustos y sacrificios o que se obedezca lo que él dice? El obedecer vale más que el sacrificio, y prestar atención, más que la grasa de carneros. [23] La rebeldía es tan grave como la adivinación, y la arrogancia, como el pecado de la idolatría. Y, como tú has rechazado la palabra del SEÑOR, él te ha rechazado como rey». [24] ―¡He pecado! —admitió Saúl—. He desobedecido la orden del SEÑOR y tus instrucciones. Los soldados me intimidaron y les hice caso. [25] Pero te ruego que perdones mi pecado y que regreses conmigo para que yo adore al SEÑOR. [26] ―No voy a regresar contigo —le respondió Samuel—. Tú has rechazado la palabra del SEÑOR, y él te ha rechazado como rey de Israel. [27] Cuando Samuel se dio la vuelta para irse, Saúl le agarró el borde del manto y se lo arrancó. [28] Entonces Samuel le dijo: ―Hoy mismo el SEÑOR ha arrancado de tus manos el reino de Israel y se lo ha entregado a otro más digno que tú. [29] En verdad, el que es la Gloria de Israel no miente ni cambia de parecer, pues no es hombre para cambiar de opinión. [30] ―¡He pecado! —respondió Saúl—. Pero te pido que por ahora me sigas reconociendo ante los jefes de mi pueblo y ante todo Israel. Regresa conmigo para que yo adore al SEÑOR tu Dios. [31] Samuel regresó con él, y Saúl adoró al SEÑOR. [32] Luego dijo Samuel: ―Tráiganme a Agag, rey de Amalec. Agag se le acercó confiado, pues pensaba: «Sin duda que el trago amargo de la muerte ya pasó». [33] Pero Samuel le dijo: «Ya que tu espada dejó a tantas mujeres sin hijos, también sin su hijo se quedará tu madre». Y allí en Guilgal, en presencia del SEÑOR, Samuel descuartizó a Agag. [34] Luego regresó a Ramá, mientras que Saúl se fue a su casa en Guibeá de Saúl. [35] Samuel nunca más volvió a ver a Saúl, aunque hacía duelo por él. Y el SEÑOR lamentaba haber puesto a Saúl como rey de Israel.
