1 Samuel 14:1-52 NVI

[1] Cierto día, Jonatán, hijo de Saúl, sin decirle nada a su padre, le ordenó a su escudero: «Ven acá. Vamos a cruzar al otro lado, donde está el destacamento de los filisteos». [2] Saúl estaba en las afueras de Guibeá, bajo un granado en Migrón, y tenía con él unos seiscientos hombres. [3] El efod lo llevaba Ahías, hijo de Ajitob, que era hermano de Icabod, el hijo de Finés y nieto de Elí, sacerdote del SEÑOR en Siló. Nadie sabía que Jonatán había salido, [4] y para llegar a la guarnición filistea Jonatán tenía que cruzar un paso entre dos peñascos, llamados Bosés y Sene. [5] El primero estaba al norte, frente a Micmás; el otro, al sur, frente a Gueba. [6] Así que Jonatán le dijo a su escudero: ―Vamos a cruzar hacia la guarnición de esos paganos. Espero que el SEÑOR nos ayude, pues para él no es difícil salvarnos, ya sea con muchos o con pocos. [7] ―¡Adelante! —respondió el escudero—. Haga usted todo lo que tenga pensado hacer, que cuenta con todo mi apoyo. [8] ―Bien —dijo Jonatán—, vamos a cruzar hasta donde están ellos, para que nos vean. [9] Si nos dicen: “¡Esperen a que los alcancemos!”, ahí nos quedaremos, en vez de avanzar. [10] Pero, si nos dicen: “¡Vengan acá!”, avanzaremos, pues será señal de que el SEÑOR nos va a dar la victoria. [11] Así pues, los dos se dejaron ver por la guarnición filistea. ―¡Miren —exclamaron los filisteos—, los hebreos empiezan a salir de las cuevas donde estaban escondidos! [12] Entonces los soldados de la guarnición les gritaron a Jonatán y a su escudero: ―¡Vengan acá! Tenemos algo que decirles. ―Ven conmigo —le dijo Jonatán a su escudero—, porque el SEÑOR le ha dado la victoria a Israel. [13] Jonatán trepó con pies y manos seguido por su escudero. A los filisteos que eran derribados por Jonatán, el escudero los remataba. [14] En ese primer encuentro, que tuvo lugar en un espacio reducido, Jonatán y su escudero mataron a unos veinte hombres. [15] Cundió entonces el pánico en el campamento filisteo y entre el ejército que estaba en el campo abierto. Todos ellos se acobardaron, incluso los soldados de la guarnición y las tropas de asalto. Hasta la tierra tembló y hubo un pánico extraordinario. [16] Los centinelas de Saúl podían ver desde Guibeá de Benjamín que el campamento huía en desbandada. [17] Saúl dijo entonces a sus soldados: «Pasen revista a ver quién de los nuestros falta». Así lo hicieron, y resultó que faltaban Jonatán y su escudero. [18] Entonces Saúl le pidió a Ahías que trajera el arca de Dios. (En aquel tiempo el arca estaba con los israelitas). [19] Pero, mientras hablaban, el desconcierto en el campo filisteo se hizo peor, así que Saúl dijo al sacerdote: «¡No lo hagas!». [20] Enseguida Saúl reunió a su ejército y todos juntos se lanzaron a la batalla. Era tal la confusión entre los filisteos que se mataban unos a otros. [21] Además, los hebreos que hacía tiempo se habían unido a los filisteos y que estaban con ellos en el campamento se pasaron a las filas de los israelitas que estaban con Saúl y Jonatán. [22] Y los israelitas que se habían escondido en los montes de Efraín, al oír que los filisteos huían, se unieron a la batalla para perseguirlos. [23] Así libró el SEÑOR a Israel aquel día, y la batalla se extendió más allá de Bet Avén. [24] Los israelitas desfallecían de hambre, pues Saúl había puesto al ejército bajo este juramento: «¡Maldito el que coma algo antes del anochecer, antes de que pueda vengarme de mis enemigos!». Así que aquel día ninguno de los soldados había probado bocado. [25] Al llegar todos a un bosque, notaron que había miel en el suelo. [26] Cuando el ejército entró en el bosque, vieron que la miel corría como agua, pero por miedo al juramento nadie se atrevió a probarla. [27] Sin embargo, Jonatán, que no había oído a su padre poner al ejército bajo juramento, alargó la vara que llevaba en la mano, hundió la punta en un panal de miel y se la llevó a la boca. Enseguida se le iluminó el rostro. [28] Pero uno de los soldados le advirtió: ―Tu padre puso al ejército bajo un juramento solemne, diciendo: “¡Maldito el que coma algo hoy!”. Y por eso los soldados desfallecen. [29] ―Mi padre ha causado un gran daño al país —respondió Jonatán—. Miren cómo me volvió el color al rostro cuando probé un poco de esta miel. [30] ¡Imagínense si todo el ejército hubiera comido del botín que se le arrebató al enemigo! ¡Cuánto mayor habría sido el estrago causado a los filisteos! [31] Aquel día los israelitas mataron filisteos desde Micmás hasta Ayalón. Y, como los soldados estaban exhaustos, [32] echaron mano del botín. Agarraron ovejas, vacas y terneros, los degollaron sobre el suelo y se comieron la carne con todo y sangre. [33] Entonces le contaron a Saúl: ―Los soldados están pecando contra el SEÑOR, pues están comiendo carne junto con la sangre. ―¡Son unos traidores! —respondió Saúl—. Hagan rodar una piedra grande y tráiganmela ahora mismo. [34] También les dijo: ―Vayan y díganle a la gente que cada uno me traiga su buey o su oveja para degollarlos y comerlos aquí; y que no coman ya carne junto con la sangre, para que no pequen contra el SEÑOR. Esa misma noche cada uno llevó su buey y lo degollaron allí. [35] Luego Saúl construyó un altar al SEÑOR. Este fue el primer altar que levantó. [36] Y dijo: ―Vayamos esta noche tras los filisteos. Antes de que amanezca, quitémosles todo lo que tienen y no dejemos a nadie con vida. ―Haz lo que te parezca mejor —le respondieron. ―Primero debemos consultar a Dios —intervino el sacerdote. [37] Saúl entonces le preguntó a Dios: «¿Debo perseguir a los filisteos? ¿Los entregarás en manos de Israel?». Pero Dios no le respondió aquel día. [38] Así que Saúl dijo: ―Todos ustedes, jefes del ejército, acérquense y averigüen cuál es el pecado que se ha cometido hoy. [39] ¡Tan cierto como que el SEÑOR y Salvador de Israel vive, les aseguro que, aun si el culpable es mi hijo Jonatán, morirá sin remedio! Nadie se atrevió a decirle nada. [40] Les dijo entonces a todos los israelitas: ―Pónganse ustedes de un lado, y mi hijo Jonatán y yo nos pondremos del otro. ―Haga lo que le parezca —respondieron ellos. [41] Luego rogó Saúl al SEÑOR, Dios de Israel, que le diera una respuesta clara. La suerte cayó sobre Jonatán y Saúl, de modo que los demás quedaron libres. [42] Entonces dijo Saúl: ―Echen suertes entre mi hijo Jonatán y yo. Y la suerte cayó sobre Jonatán, [43] así que Saúl le dijo: ―Cuéntame lo que has hecho. ―Es verdad que probé un poco de miel con la punta de mi vara —respondió Jonatán—. ¿Y por eso tengo que morir? [44] ―Jonatán, si tú no mueres, ¡que Dios me castigue sin piedad! —exclamó Saúl. [45] Los soldados le replicaron: ―¡Cómo va a morir Jonatán, siendo que le ha dado esta gran victoria a Israel! ¡Jamás! Tan cierto como que el SEÑOR vive, ni un pelo de su cabeza caerá al suelo, pues con la ayuda de Dios hizo esta proeza. Así libraron a Jonatán de la muerte. [46] Saúl a su vez dejó de perseguir a los filisteos, los cuales regresaron a su tierra. [47] Después de consolidar su reinado sobre Israel, Saúl luchó contra todos los enemigos que lo rodeaban, incluso contra los moabitas, los amonitas, los edomitas, los reyes de Sobá y los filisteos; y a todos los vencía [48] haciendo gala de valor. También derrotó a los amalecitas y libró a Israel de quienes lo saqueaban. [49] Saúl tuvo tres hijos: Jonatán, Isví y Malquisúa. También tuvo dos hijas: la mayor se llamaba Merab y la menor, Mical. [50] Su esposa era Ajinoán, hija de Ajimaz. El comandante de su ejército era Abner, hijo de Ner, tío de Saúl. [51] Ner y Quis, el padre de Saúl, eran hermanos y ambos eran hijos de Abiel. [52] Durante todo el reinado de Saúl se luchó sin cuartel contra los filisteos. Por eso, siempre que Saúl veía a alguien fuerte y valiente, lo alistaba en su ejército.

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