[1] ¡Qué alegría hay para los que tratan bien a los pobres! El SEÑOR los rescata cuando están en apuros. [2] El SEÑOR los protege y los mantiene con vida; los prospera en la tierra y los rescata de sus enemigos. [3] El SEÑOR los atiende cuando están enfermos y les devuelve la salud. [4] «Oh SEÑOR, ten misericordia de mí -pedí en oración-, sáname, porque contra ti he pecado». [5] Pero mis enemigos solo hablan mal de mí. Preguntan: «¿Falta mucho para que se muera y pase al olvido?». [6] Me visitan como si fueran mis amigos, pero mientras tanto juntan chismes y, cuando se van, los divulgan a los cuatro vientos. [7] Los que me odian susurran cosas acerca de mí y se imaginan lo peor. [8] «Tiene alguna enfermedad fatal -dicen-. ¡Jamás se levantará de la cama!». [9] Hasta mi mejor amigo, en quien tenía plena confianza, quien compartía mi comida, se ha puesto en mi contra. [10] SEÑOR, ten misericordia de mí. ¡Devuélveme la salud para que pueda darles su merecido! [11] Sé que soy de tu agrado, porque no permitiste que mis enemigos triunfaran sobre mí. [12] Has preservado mi vida porque soy inocente; me has traído a tu presencia y eso es para siempre. [13] Alaben al SEÑOR, Dios de Israel, quien vive desde la eternidad hasta la eternidad. ¡Amén y amén!