Lucas 9:1-62 NTV
[1] Cierto día, Jesús reunió a sus doce discípulos y les dio poder y autoridad para expulsar a todos los demonios y sanar enfermedades. [2] Luego los envió para que anunciaran a todos acerca del reino de Dios y sanaran a los enfermos. [3] Les dio las siguientes instrucciones: «No lleven nada para el viaje, ni bastón, ni bolso de viaje, ni comida, ni dinero, ni siquiera una muda de ropa. [4] Por todo lugar que vayan, quédense en la misma casa hasta salir de la ciudad. [5] Y si en algún pueblo se niegan a recibirlos, sacúdanse el polvo de los pies al salir para mostrar que abandonan a esas personas a su suerte». [6] Entonces ellos comenzaron su recorrido por las aldeas para predicar la Buena Noticia y sanar a los enfermos. [7] Cuando Herodes Antipas, el gobernante de Galilea, oyó hablar de todo lo que Jesús hacía, quedó perplejo. Algunos decían que Juan el Bautista había resucitado de los muertos. [8] Otros pensaban que Jesús era Elías o algún otro profeta, levantado de los muertos. [9] «Decapité a Juan -decía Herodes-, así que, ¿quién es este hombre de quien oigo tantas historias?». Y siguió tratando de ver a Jesús. [10] Cuando los apóstoles regresaron, le contaron a Jesús todo lo que habían hecho. Luego él se retiró con ellos sin llamar la atención hacia la ciudad de Betsaida, [11] pero las multitudes descubrieron adónde iba y lo siguieron. Jesús los recibió y les enseñó acerca del reino de Dios y sanó a los que estaban enfermos. [12] Al atardecer, los doce discípulos se le acercaron y le dijeron: -Despide a las multitudes para que puedan conseguir comida y encontrar alojamiento para la noche en las aldeas y granjas cercanas. En este lugar alejado no hay nada para comer. [13] Jesús les dijo: -Denles ustedes de comer. -Pero lo único que tenemos son cinco panes y dos pescados -le respondieron-. ¿O esperas que vayamos y compremos suficiente comida para toda esta gente? [14] Pues había alrededor de cinco mil hombres allí. Jesús les respondió: -Díganles que se sienten en grupos de unos cincuenta cada uno. [15] Entonces todos se sentaron. [16] Jesús tomó los cinco panes y los dos pescados, miró hacia el cielo y los bendijo. Luego, a medida que partía los panes en trozos, se los daba a sus discípulos junto con los pescados para que los distribuyeran entre la gente. [17] Todos comieron cuanto quisieron, y después los discípulos juntaron doce canastas con lo que sobró. [18] Cierto día, Jesús se alejó de las multitudes para orar a solas. Solo estaban con él sus discípulos, y les preguntó: -¿Quién dice la gente que soy? [19] -Bueno -contestaron-, algunos dicen Juan el Bautista, otros dicen Elías, y otros dicen que eres uno de los otros antiguos profetas, que volvió de la muerte. [20] Entonces les preguntó: -Y ustedes, ¿quién dicen que soy? Pedro contestó: -¡Tú eres el Mesías enviado por Dios! [21] Jesús les advirtió a sus discípulos que no dijeran a nadie quién era él. [22] -El Hijo del Hombre tendrá que sufrir muchas cosas terribles -les dijo-. Será rechazado por los ancianos, por los principales sacerdotes y por los maestros de la ley religiosa. Lo matarán, pero al tercer día resucitará. [23] Entonces dijo a la multitud: «Si alguno de ustedes quiere ser mi seguidor, tiene que abandonar su manera egoísta de vivir, tomar su cruz cada día y seguirme. [24] Si tratas de aferrarte a la vida, la perderás, pero si entregas tu vida por mi causa, la salvarás. [25] ¿Y qué beneficio obtienes si ganas el mundo entero, pero te pierdes o destruyes a ti mismo? [26] Si alguien se avergüenza de mí y de mi mensaje, el Hijo del Hombre se avergonzará de esa persona cuando regrese en su gloria y en la gloria del Padre y de los santos ángeles. [27] Les digo la verdad, algunos de los que están aquí ahora no morirán sin antes ver el reino de Dios». [28] Cerca de ocho días después, Jesús llevó a Pedro, a Juan y a Santiago a una montaña para orar. [29] Y mientras oraba, la apariencia de su rostro se transformó y su ropa se volvió blanca resplandeciente. [30] De repente aparecieron dos hombres, Moisés y Elías, y comenzaron a hablar con Jesús. [31] Se veían llenos de gloria. Y hablaban sobre la partida de Jesús de este mundo, lo cual estaba a punto de cumplirse en Jerusalén. [32] Pedro y los otros se durmieron. Cuando despertaron, vieron la gloria de Jesús y a los dos hombres de pie junto a él. [33] Cuando Moisés y Elías comenzaron a irse, Pedro, sin saber siquiera lo que decía, exclamó: «Maestro, ¡es maravilloso que estemos aquí! Hagamos tres enramadas como recordatorios: una para ti, una para Moisés y la otra para Elías». [34] Pero no había terminado de hablar cuando una nube los cubrió y, mientras los cubría, se llenaron de miedo. [35] Entonces, desde la nube, una voz dijo: «Este es mi Hijo, mi Elegido. Escúchenlo a él». [36] Cuando la voz terminó de hablar, Jesús estaba allí solo. En aquel tiempo, no le contaron a nadie lo que habían visto. [37] Al día siguiente, después que bajaron del monte, una gran multitud salió al encuentro de Jesús. [38] Un hombre de la multitud le exclamó: -Maestro, te suplico que veas a mi hijo, el único que tengo. [39] Un espíritu maligno sigue apoderándose de él, haciéndolo gritar. Le causa tales convulsiones que echa espuma por la boca; lo sacude violentamente y casi nunca lo deja en paz. [40] Les supliqué a tus discípulos que expulsaran ese espíritu, pero no pudieron hacerlo. [41] -Gente corrupta y sin fe -dijo Jesús-, ¿hasta cuándo tendré que estar con ustedes y soportarlos? Entonces le dijo al hombre: -Tráeme a tu hijo aquí. [42] Cuando el joven se acercó, el demonio lo arrojó al piso y le causó una violenta convulsión; pero Jesús reprendió al espíritu maligno y sanó al muchacho. Después lo devolvió a su padre. [43] El asombro se apoderó de la gente al ver esa majestuosa demostración del poder de Dios. Mientras todos se maravillaban de las cosas que él hacía, Jesús dijo a sus discípulos: [44] «Escúchenme y recuerden lo que digo. El Hijo del Hombre será traicionado y entregado en manos de sus enemigos». [45] Sin embargo, ellos no entendieron lo que quiso decir. El significado de lo que decía estaba oculto de ellos, por eso no pudieron entender y tenían miedo de preguntarle. [46] Entonces los discípulos comenzaron a discutir entre ellos acerca de quién era el más importante. [47] Pero Jesús conocía lo que ellos pensaban, así que trajo a un niño y lo puso a su lado. [48] Luego les dijo: «Todo el que recibe de mi parte a un niño pequeño como este, me recibe a mí; y todo el que me recibe a mí, también recibe al Padre, quien me envió. El más insignificante entre ustedes es el más importante». [49] Juan le dijo a Jesús: -Maestro, vimos a alguien usar tu nombre para expulsar demonios, pero le dijimos que no lo hiciera porque no pertenece a nuestro grupo. [50] Jesús le dijo: -¡No lo detengan! Todo el que no está en contra de ustedes está a su favor. [51] Cuando se acercaba el tiempo de ascender al cielo, Jesús salió con determinación hacia Jerusalén. [52] Envió mensajeros por delante a una aldea de Samaria para que se hicieran los preparativos para su llegada, [53] pero los habitantes de la aldea no recibieron a Jesús porque iba camino a Jerusalén. [54] Cuando Santiago y Juan vieron eso, le dijeron a Jesús: «Señor, ¿quieres que hagamos bajar fuego del cielo para que los consuma?». [55] Entonces Jesús se volvió a ellos y los reprendió. [56] Así que siguieron de largo hacia otro pueblo. [57] Mientras caminaban, alguien le dijo a Jesús: -Te seguiré a cualquier lugar que vayas. [58] Jesús le respondió: -Los zorros tienen cuevas donde vivir y los pájaros tienen nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene ni siquiera un lugar donde recostar la cabeza. [59] Dijo a otro: -Ven, sígueme. El hombre aceptó, pero le dijo: -Señor, deja que primero regrese a casa y entierre a mi padre. [60] Jesús le dijo: -¡Deja que los muertos espirituales entierren a sus propios muertos! Tu deber es ir y predicar acerca del reino de Dios. [61] Otro dijo: -Sí, Señor, te seguiré, pero primero deja que me despida de mi familia. [62] Jesús le dijo: -El que pone la mano en el arado y luego mira atrás no es apto para el reino de Dios.
