Lucas 14:1-35 NTV

[1] Cierto día de descanso, Jesús fue a cenar en la casa de un líder de los fariseos, y la gente lo observaba de cerca. [2] Había allí un hombre que tenía hinchados los brazos y las piernas. [3] Jesús preguntó a los fariseos y a los expertos de la ley religiosa: «¿Permite o no la ley sanar a la gente el día de descanso?». [4] Como ellos se negaron a contestar, Jesús tocó al hombre enfermo, lo sanó y lo despidió. [5] Después se dirigió a ellos y dijo: «¿Quién de ustedes no trabaja el día de descanso? Si tu hijo o tu buey cae en un pozo, ¿acaso no corres para sacarlo?». [6] Una vez más, ellos no pudieron responder. [7] Cuando Jesús vio que todos los invitados a la cena trataban de sentarse en los lugares de honor, cerca de la cabecera de la mesa, les dio el siguiente consejo: [8] «Cuando te inviten a una fiesta de bodas, no te sientes en el lugar de honor. ¿Qué pasaría si invitaron a alguien más distinguido que tú? [9] El anfitrión vendría y te diría: "Cédele tu asiento a esta persona". Te sentirías avergonzado, ¡y tendrías que sentarte en cualquier otro lugar que haya quedado libre al final de la mesa! [10] »Más bien, ocupa el lugar más humilde, al final de la mesa. Entonces, cuando el anfitrión te vea, vendrá y te dirá: "¡Amigo, tenemos un lugar mejor para ti!". Entonces serás honrado delante de todos los demás invitados. [11] Pues aquellos que se exaltan a sí mismos serán humillados, y los que se humillan a sí mismos serán exaltados». [12] Luego Jesús se dirigió al anfitrión: «Cuando ofrezcas un almuerzo o des un banquete -le dijo-, no invites a tus amigos, hermanos, parientes y vecinos ricos. Pues ellos también te invitarán a ti, y esa será tu única recompensa. [13] Al contrario, invita al pobre, al lisiado, al cojo y al ciego. [14] Luego, en la resurrección de los justos, Dios te recompensará por invitar a los que no podían devolverte el favor». [15] Al oír esto, un hombre que estaba sentado a la mesa con Jesús exclamó: «¡Qué bendición será participar de un banquete en el reino de Dios!». [16] Jesús respondió con la siguiente historia: «Un hombre preparó una gran fiesta y envió muchas invitaciones. [17] Cuando el banquete estuvo listo, envió a su sirviente a decirles a los invitados: "Vengan, el banquete está preparado"; [18] pero todos comenzaron a poner excusas. Uno dijo: "Acabo de comprar un campo y debo ir a inspeccionarlo. Por favor, discúlpame". [19] Otro dijo: "Acabo de comprar cinco yuntas de bueyes y quiero ir a probarlas. Por favor, discúlpame". [20] Otro dijo: "Acabo de casarme, así que no puedo ir". [21] »El sirviente regresó y le informó a su amo lo que le habían dicho. Su amo se puso furioso y le dijo: "Ve rápido a las calles y callejones de la ciudad e invita a los pobres, a los lisiados, a los ciegos y a los cojos". [22] Después de hacerlo, el sirviente informó: "Todavía queda lugar para más personas". [23] Entonces su amo dijo: "Ve por los senderos y detrás de los arbustos y a cualquiera que veas, insístele que venga para que la casa esté llena. [24] Pues ninguno de mis primeros invitados probará ni una migaja de mi banquete"». [25] Una gran multitud seguía a Jesús. Él se dio vuelta y les dijo: [26] «Si quieres ser mi discípulo, debes aborrecer a los demás -a tu padre y madre, esposa e hijos, hermanos y hermanas- sí, hasta tu propia vida. De lo contrario, no puedes ser mi discípulo. [27] Además, si no cargas tu propia cruz y me sigues, no puedes ser mi discípulo. [28] »Sin embargo, no comiences sin calcular el costo. Pues, ¿quién comenzaría a construir un edificio sin primero calcular el costo para ver si hay suficiente dinero para terminarlo? [29] De no ser así, tal vez termines solamente los cimientos antes de quedarte sin dinero, y entonces todos se reirán de ti. [30] Dirán: "¡Ahí está el que comenzó un edificio y no pudo terminarlo!". [31] »¿O qué rey entraría en guerra con otro rey sin primero sentarse con sus consejeros para evaluar si su ejército de diez mil puede vencer a los veinte mil soldados que marchan contra él? [32] Y, si no puede, enviará una delegación para negociar las condiciones de paz mientras el enemigo todavía esté lejos. [33] Así que no puedes convertirte en mi discípulo sin dejar todo lo que posees. [34] »La sal es buena para condimentar, pero si pierde su sabor, ¿cómo la harán salada de nuevo? [35] La sal sin sabor no sirve ni para la tierra ni para el abono. Se tira. ¡El que tenga oídos para oír, que escuche y entienda!».

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