1 Samuel 30:1-31 NTV
[1] Tres días después, cuando David y sus hombres llegaron a su casa en la ciudad de Siclag, encontraron que los amalecitas habían asaltado el Neguev y Siclag; habían destruido Siclag y la habían quemado hasta reducirla a cenizas. [2] Se habían llevado a las mujeres y a los niños y a todos los demás, pero sin matar a nadie. [3] Cuando David y sus hombres vieron las ruinas y se dieron cuenta de lo que les había sucedido a sus familias, [4] lloraron a más no poder. [5] Las dos esposas de David, Ahinoam de Jezreel y Abigail, la viuda de Nabal de Carmelo, estaban entre los que fueron capturados. [6] David ahora se encontraba en gran peligro, porque todos sus hombres estaban muy resentidos por haber perdido a sus hijos e hijas, y comenzaron a hablar acerca de apedrearlo. Pero David encontró fuerzas en el SEÑOR su Dios. [7] Entonces le dijo a Abiatar, el sacerdote: -¡Tráeme el efod! Así que Abiatar lo trajo [8] y David le preguntó al SEÑOR: -¿Debo perseguir a esta banda de saqueadores? ¿Los atraparé? Y el SEÑOR le dijo: -Sí, persíguelos. Recuperarás todo lo que te han quitado. [9] De modo que David y sus seiscientos hombres salieron y llegaron al arroyo de Besor. [10] Pero doscientos de ellos estaban demasiado cansados para cruzar el arroyo, por lo que David continuó la persecución con cuatrocientos hombres. [11] En el camino encontraron a un egipcio en un campo y lo llevaron a David. Le dieron pan para comer y agua para beber. [12] También le dieron parte de un pastel de higos y dos racimos de pasas, porque no había comido ni bebido nada durante tres días y tres noches. Al poco tiempo recobró sus fuerzas. [13] -¿A quién le perteneces y de dónde vienes? -le preguntó David. -Soy egipcio, esclavo de un amalecita -respondió-. Mi amo me abandonó hace tres días porque yo estaba enfermo. [14] Regresábamos de asaltar a los cereteos en el Neguev, el territorio de Judá y la tierra de Caleb, y acabábamos de incendiar Siclag. [15] -¿Me guiarás a esa banda de saqueadores? -preguntó David. El joven contestó: -Si haces un juramento en el nombre de Dios que no me matarás ni me devolverás a mi amo, entonces te guiaré a ellos. [16] Así que guió a David hasta los amalecitas, y los encontraron dispersos por los campos comiendo, bebiendo y bailando con alegría por el enorme botín que habían tomado de los filisteos y de la tierra de Judá. [17] Entonces David y sus hombres se lanzaron contra ellos y los mataron durante toda la noche y durante todo el día siguiente hasta la tarde. Ninguno de los amalecitas escapó, excepto cuatrocientos jóvenes que huyeron en camellos. [18] Así que David recuperó todo lo que los amalecitas habían tomado y rescató a sus dos esposas. [19] No faltaba nada: fuera grande o pequeño, hijo o hija, ni ninguna otra cosa que se habían llevado. David regresó con todo. [20] También recuperó los rebaños y las manadas, y sus hombres los arrearon delante de los demás animales. «¡Este botín le pertenece a David!», dijeron. [21] Luego David regresó al arroyo de Besor y se encontró con los doscientos hombres que se habían quedado rezagados porque estaban demasiado cansados para seguir con él. Entonces salieron para encontrarse con David y con sus hombres, y David los saludó con alegría. [22] Pero unos alborotadores entre los hombres de David dijeron: -Ellos no fueron con nosotros, así que no pueden tener nada del botín que recuperamos. Denles sus esposas e hijos y díganles que se vayan. [23] Pero David dijo: -¡No, mis hermanos! No sean egoístas con lo que el SEÑOR nos dio. Él nos protegió y nos ayudó a derrotar a la banda de saqueadores que nos atacó. [24] ¿Quién les hará caso cuando hablan así? Compartiremos por partes iguales tanto con los que vayan a la batalla como con los que cuiden las pertenencias. [25] A partir de entonces, David estableció este dicho como decreto y ordenanza en Israel y hasta el día de hoy todavía se cumple. [26] Cuando llegó a Siclag, David envió parte del botín a los ancianos de Judá, quienes eran sus amigos. «Esto es un regalo para ustedes -les dijo David-, tomado de los enemigos del SEÑOR ». [27] Los regalos fueron enviados a la gente de las siguientes ciudades que David había visitado: Betel, Ramot-neguev, Jatir, [28] Aroer, Sifmot, Estemoa, [29] Racal, las ciudades de Jerameel, las ciudades de los ceneos, [30] Horma, Corasán, Atac, [31] Hebrón, y a todos los demás lugares que David había visitado con sus hombres.
