John 4 - Biblia de Estudio MacArthur

4:1–26 La historia de la mujer samaritana confirma el tema principal de Juan acerca de Jesús como Mesías e Hijo de Dios. El enfoque de estos versículos no es tanto la conversión de la mujer, sino la identidad de Jesús como Mesías (v. 26). Aunque su conversión se entiende con claridad, el apóstol se centra en la declaración profética de Jesús en las Escrituras (v. 25). Este capítulo también hace hincapié en el amor y la comprensión que Jesús demuestra hacia las personas. Su amor por la humanidad no tenía límites, pues con amor y compasión se acercó a una mujer desechada por la sociedad. A diferencia de las limitaciones del amor humano, Cristo muestra el carácter del amor divino que no discrimina y que alcanza a todo el mundo (3:16).
4:3 salió de Judea. Juan el Bautista y Jesús eran vigilados de manera minuciosa por las autoridades por causa de su mensaje sobre el arrepentimiento y el reino. Es aún más probable que Jesús quisiera evitar cualquier conflicto con los discípulos de Juan, preocupados por su gran popularidad, y con los fariseos que se concentraban en su influencia creciente, por lo cual decidió salir de Judea y viajar hacia el N.
4:4 le era necesario pasar por. Había varios caminos que conducían de Judea a Galilea: uno localizado cerca de la costa del mar, otro que atravesaba la región de Perea, y un tercero que pasaba por el centro de Samaria. A pesar de la fuerte antipatía que reinaba entre los judíos y los samaritanos, el historiador judío Josefo relata que en Judea se acostumbraba atravesar la región de los samaritanos durante las temporadas de fiesta porque era la ruta más corta. Aunque la expresión “le era necesario” podría referirse al hecho de que Jesús quería ahorrar tiempo o esfuerzo, al considerar el enfoque del evangelio que evidencia la comprensión de Jesús para cumplir el plan de su Padre (2:4; 7:30; 8:20; 12:23; 13:1; 14:31), el apóstol podría subrayar aquí la necesidad espiritual o divina, (i. e. Jesús) tenía una cita divina al encontrarse con la mujer samaritana a quien se reveló como Mesías. Samaria. Cuando la nación de Israel se dividió tras el reinado de Salomón, el rey Omri denominó “Samaria” a la capital del reino de Israel al N (1 R. 16:24). El uso de este nombre se extendió luego a toda la región circundante e incluso a todo el reino del N, que fue tomado cautivo (la capital, Samaria) por Asiria en 722 a.C. (2 R. 17:1–6). Aunque la mayoría de la población conformada por las diez tribus del N fue llevada a Asiria (a la región que corresponde en la actualidad al norte de Irak), en la región del N de Samaria quedó un remanente considerable de judíos y muchos gentiles fueron llevados hasta allí. Estos grupos se entremezclaron mediante uniones matrimoniales y formaron una raza mixta. Con el tiempo surgió un conflicto entre los judíos que regresaban de la cautividad y los samaritanos. Los samaritanos abandonaron la adoración a Jehová en Jerusalén y establecieron su propio sistema de adoración en el Monte Gerizim en Samaria (vv. 20–22). Los samaritanos veían el Pentateuco solo como un documento dictatorial. Como consecuencia de estos hechos, los judíos repudiaban a los samaritanos y los consideraban herejes. La historia de estos dos grupos se caracterizaba por violentos conflictos étnicos y culturales que los llevó a evitar al máximo cualquier contacto (v. 9, Esd. 4:1–24; Neh. 4:1–6; Lc. 10:25–37). Vea la nota sobre 2 Reyes 17:24.
4:5 Sicar. Es probable que este pueblo corresponda al actual Askar, ubicado en la ladera del Monte Ebal, al otro lado del Monte Gerizim. Según la tradición, el pozo de Jacob se encuentra a menos de 1 km al S de Askar.
4:5, 6 Estos versículos apuntan a la porción de tierra que Jacob legó a José en Génesis 48:22, y que había comprado a los “hijos de Hamor” (cp. Gn. 33:19). Cuando los judíos regresaron de Egipto enterraron los huesos de José en esa tierra, en Siquem. Esta tierra se convirtió en la heredad de sus descendientes. La ubicación exacta del “pozo de Jacob” se ha establecido según una estricta tradición por parte de judíos, samaritanos, musulmanes y cristianos, y permanece hoy día bajo la cripta de una iglesia ortodoxa que aún no ha sido acabada. El término aquí utilizado para “pozo” denota una corriente que fluye, mientras que en los vv. 11, 12 Juan usó otro término para “pozo” que significa “cisterna” o “pozo subterráneo”, a fin de señalar que el pozo había sido excavado y era alimentado por una corriente de agua subterránea. Esta fuente sigue activa en la actualidad.
4:6 cansado del camino. Puesto que el Verbo se había hecho carne (1:14) también padecía las limitaciones físicas de su humanidad (He. 2:10–14). la hora sexta. Si Juan empleó el cálculo judío del tiempo, que estima el amanecer a las seis de la mañana, se trataba del mediodía. Si Juan empleó la hora romana, que daba inicio a las doce de la mediodía, la hora aproximada sería las seis de la tarde.
4:7 Vino una mujer de Samaria a sacar agua. Era usual que las mujeres vinieran en grupos para sacar agua en la mañana o en la tarde para evitar el calor del sol. Si la mujer vino sola a las doce del mediodía (vea la nota sobre el v. 6), esto podría indicar que su vergüenza pública (vv. 16–19) la llevó a aislarse de las otras mujeres. Dame de beber. El hecho de que un hombre judío hablara con una mujer en público, y que además le pidiera algo, siendo ella samaritana, constituía una completa violación de la costumbre social rigurosa y de la enemistad que prevalecía entre los dos grupos. Además, un “rabí” y líder religioso no sostenía conversaciones con mujeres de mala reputación (v. 18).
4:8 a comprar de comer. Este versículo revela que Jesús y sus discípulos, al estar dispuestos a comprar comida a los samaritanos, no siguieron algunas de las leyes impuestas por los judíos más estrictos, que prohibían tomar alimentos de manos de samaritanos viles.
4:10 agua viva. El AT nos brinda el trasfondo de este término, que tiene un significado metafórico importante. En Jeremías 2:13, Yahweh condena a los judíos desobedientes por haberle rechazado a Él, “fuente de agua viva”. Los profetas del AT esperaban un tiempo en el cual “saldrán de Jerusalén aguas vivas” (Zac. 14:8; Ez. 47:9). La metáfora del AT hablaba del conocimiento de Dios y de su gracia que proveen limpieza, vida espiritual y el poder transformador del Espíritu Santo (cp. Is. 1:16–18; 12:3; 44:3; Ez. 36:25–27). Juan aplica estos temas a Jesucristo como el agua viva que simboliza la vida eterna comunicada por el Espíritu Santo concedido por Él (cp. v. 14, 6:35; 7:37–39). Jesús aprovechó la sed física de la mujer en medio de una región árida, para explicarle su necesidad de transformación espiritual.
4:15 La mujer, al igual que Nicodemo (3:4) no entendía que Jesús le hablaba acerca de su necesidad espiritual. Más bien, pensaba que dicha agua la exoneraría de ir al pozo de Jacob con tanta frecuencia.
4:16 llama a tu marido. En vista de que la mujer no comprendió la naturaleza del agua viva que Jesús le ofrecía (v. 15), Él dio un giro repentino a la conversación para enfocarse en su verdadera necesidad espiritual de experimentar la conversión y ser limpia de pecado. El conocimiento íntimo de su vida inmoral no solo reveló su capacidad sobrenatural, sino que le permitió concentrarse en la condición espiritual de la mujer.
4:18 no es tu marido. Ella vivía en ese momento con un hombre que según lo dicho por Jesús no era su esposo. Al hacer tal afirmación explícita, nuestro Señor rechazó la idea de que dos personas en cohabitación conforman un matrimonio. Desde la óptica bíblica, el matrimonio solo se limita a un pacto reconocido de manera pública, formal y oficial.
4:19 tú eres profeta. El conocimiento de Jesús concerniente a la vida de la mujer demuestra que tenía inspiración divina.
4:20 en este monte. Tanto judíos como samaritanos admitían que Dios les había ordenado a sus antepasados señalar un lugar especial para adorarlo (Dt. 12:5). Los judíos, que reconocían el canon hebreo en su conjunto, escogieron Jerusalén (2 S. 7:5–13; 2 Cr. 6:6). Los samaritanos, que solo aceptaban el Pentateuco, adujeron que el primer lugar en el cual Abraham construyó un altar a Dios fue Siquem (Gn. 12:6, 7), que podía vislumbrarse desde el Monte Gerizim. Fue allí que los israelitas proclamaron las bendiciones prometidas por Dios antes de entrar a la Tierra Prometida (Dt. 11:29, 30). Por esta razón escogieron el Monte Gerizim como lugar para su templo.
4:21 ni en este monte ni en Jerusalén. Era inútil discutir acerca del lugar de adoración, pues ambos lugares pronto serían innecesarios en la vida de quienes adoren a Dios de manera auténtica. Más aún, Jerusalén sería destruida junto con su templo (70 d.C.).
4:22 no sabéis. Los samaritanos no conocían a Dios. No tenían una revelación plena de Él, y por lo tanto no podían adorarlo en verdad. Los judíos tenían la revelación plena de Dios en el AT y conocían al Dios a quien adoraban, porque la verdad acerca de la salvación vino a ellos primero (vea la nota sobre Lc. 19:9), y por medio de ellos al mundo (cp. Ro. 3:2; 9:4, 5).
4:23 hora. Esto se refiere a la muerte, resurrección y ascensión de Jesús tras haber completado la redención. verdaderos adoradores. Jesús quería decir que tras su venida como Mesías y Salvador, los adoradores serían identificados, no por un lugar o santuario en particular, sino por su adoración al Padre a través del Hijo. Gracias a la venida de Cristo desapareció cualquier otra distinción entre adoradores falsos y verdaderos cuyo fundamento sea un lugar determinado. Los verdaderos adoradores son todos aquellos que adoran a Dios desde cualquier lugar, a través del Hijo y de todo corazón (cp. Fil. 3:3).
4:24 Dios es Espíritu. Este versículo caracteriza la conocida declaración de la naturaleza de Dios como Espíritu. La frase se refiere al hecho de que Dios es invisible (Col. 1:15; 1 Ti. 1:17; He. 11:27), lo cual se opone a la naturaleza física o material del hombre (1:18; 3:6). El orden de las palabras en la frase resalta al “Espíritu” y es una afirmación categórica. El hombre sería incapaz de comprender al Dios invisible a menos que Él mismo se revelara, como lo hizo a través de las Escrituras y de su encarnación. en espíritu y en verdad. La palabra “espíritu” no se refiere al Espíritu Santo, sino al espíritu humano. Lo que Jesús dice aquí es que una persona debe adorar no solo en obediencia a las normas y lugares religiosos (exterior), sino en lo interno (“en espíritu”) con una actitud correcta. “Verdad” señala la adoración a Dios en acuerdo con las Escrituras reveladas y centrada en el “Verbo hecho carne” quien por último revela al Padre (14:6). es necesario que adoren. Jesús no hace referencia a algo conveniente, sino indispensable para la adoración.
4:25 Mesías. Los samaritanos también esperaban la venida del Mesías.
4:26 Yo soy, el que habla contigo. Jesús declaró con franqueza que Él era el Mesías, aunque no acostumbraba hacerlo ante su propio pueblo, los judíos, cuya concepción del Mesías era más de índole política y militar (cp. 10:24; Mr. 9:41). La palabra “el” no figura en el original griego porque Jesús lit. dijo: “Yo soy quien habla contigo”. El uso de “Yo soy” hace alusión a 8:58 (vea las notas correspondientes). Esta declaración es el punto central de la historia relatada con la mujer samaritana.
4:27 en esto. Si los discípulos hubieran llegado antes habrían interrumpido y arruinado la conversación, y si hubieran llegado más tarde, ella ya se habría ido y no habrían escuchado la aseveración de Jesús como Mesías. Este detalle revela con perspicacia el control divino que tenía Jesús sobre la situación.
4:27–42 Estos versículos apoyan la declaración de Jesús como Mesías al ofrecer pruebas de la misma. Juan presentó cinco pruebas genuinas pero sutiles de que Jesús era en verdad el Mesías y el Hijo de Dios, las cuales afirmaban su tema central anotado en 20:31: 1) pruebas del control inmediato que ejercía sobre todo (v. 27), 2) pruebas de la manera como logró afectar a la mujer (vv. 28–30), 3) pruebas de su intimidad con el Padre (vv. 31–34), 4) pruebas del profundo conocimiento del alma del hombre (vv. 35–38), y 5) pruebas de la impresión que provocó en los samaritanos (vv. 39–42).
4:28-31 a los hombres. Jesús había producido una impresión tal en la mujer que estuvo dispuesta a comunicar las nuevas a los vecinos del pueblo, a quienes solía eludir por su reputación. A su vez, su testimonio y su sinceridad acerca de su propia vida los impresionó tanto que fueron por sí mismos a ver a Jesús.
4:32, 33 Yo tengo una comida. Al igual que la mujer samaritana solo entendió de manera literal las palabras de Jesús acerca del agua (v. 15), sus propios discípulos pensaron solo en comida material. Juan empleaba con frecuencia tales malentendidos para avanzar en el argumento de su Evangelio (p. ej. 2:20; 3:3).
4:34 Mi comida es que haga la voluntad del que me envió. Lo más probable es que Jesús evocara las palabras de Moisés en Deuteronomio 8:3: “no solo de pan vivirá el hombre, mas de todo lo que sale de la boca de Jehová” (cp. Mt. 4:4; Lc. 4:4). Al hablar con la mujer samaritana, Jesús cumplía con la voluntad del Padre, lo cual le daba mayor sustento y satisfacción que cualquier alimento material (5:23, 24; 8:29; 17:4). La obediencia a Dios y la dependencia de su voluntad resumían la totalidad de la vida de Jesús (Ef. 5:17). La voluntad de Dios de que aquella se cumpliera se explica en 6:38–40 (vea las notas correspondientes).
4:35 cuatro meses para que llegue la siega. Es probable que esto haya sucedido en diciembre o enero, es decir, cuatro meses antes de la cosecha esperada para la primavera (a mediados de abril). Se sembraba en noviembre y para diciembre o enero el grano germinaría con un color verde vivo. Jesús utilizó la realidad de los cultivos a la espera de ser segados como una ilustración para enseñar acerca del apremio de alcanzar a los perdidos, ejemplificados por “los campos”. Jesús señala a la mujer samaritana y al pueblo de Sicar (“Alzad vuestros ojos”), quienes aparecían en la escena (v. 30), como los “campos” blancos para “la siega”, es decir, para ser evangelizados. blancos para la siega. La cubierta blanca que se alzaba por encima del grano debía verse como cabezas blancas sobre los tallos, lo cual indicaba que estaban listos para la siega. Jesús conocía el corazón de todos (2:24) así que podía dictaminar su disposición para ser salvos (cp. vv. 39–41).
4:36–38 El llamado del Señor a sus discípulos para evangelizar contiene promesas de recompensa (“salario”) y fruto que proporciona gozo eterno (v. 36), así como el privilegio de cumplir la tarea en compañía de otros.
4:42 el Salvador del mundo. Esta frase también se encuentra en 1 Juan 4:14. Este versículo designa el clímax de la historia de la mujer de Samaria. Los mismos samaritanos entraron a formar parte del grupo de testigos de Jesús como Mesías e Hijo de Dios en el Evangelio de Juan. Este episodio describe el primer ejemplo de evangelismo que trasciende las culturas (Hch. 1:8).
4:43 fue a Galilea. Tras haber pasado dos días en Samaria, Jesús viajó a Galilea para reanudar el viaje que había comenzado en el v. 3.
4:43–54 El relato de la sanidad del hijo de un noble es la segunda “señal” de las ocho principales que Juan emplea para resaltar la verdadera identidad de Jesús a fin de promover la fe en sus lectores (v. 54). En este episodio, Jesús reprende la incredulidad del noble porque requería una señal milagrosa para creer en Él (v. 48). Aunque algunos afirman que se trata de la misma historia del hijo del centurión (Mt. 8:5–13; Lc. 7:2–10), hay suficientes discrepancias para demostrar lo contrario a partir de la narración sinóptica: 1) no hay evidencia de que el hijo del noble fuera gentil, 2) fue el hijo del noble y no su siervo el que recibió sanidad, y 3) Jesús se mostró mucho más reacio ante la fe del noble (v. 48) que con el centurión (Mt. 8:9). Es posible dividir esta sección en tres partes: 1) Jesús frente a la incredulidad (vv. 43–45), 2) Jesús confronta la incredulidad (vv. 46–49), y 3) Jesús vence la incredulidad (vv. 50–54).
4:44 el profeta no tiene honra en su propia tierra. Este proverbio (citado también en Mt. 13:57 y en Mr. 6:4) muestra también el contraste entre la respuesta de fe de los samaritanos (v. 39) y la incredulidad que caracterizaba al propio pueblo de Jesús en Galilea (y en Judea), cuya fe se expresaba con reservas y dependía en exceso de las obras y milagros de Jesús (v. 48). Por el contrario, en Samaria Jesús había gozado de su primer éxito absoluto y libre de oposición. El corazón de su propio pueblo estaba cerrado a Él y se mostraba receloso y duro.
4:45 los galileos le recibieron. Es posible que el apóstol haya querido expresar una ironía, en especial si se tiene en cuenta el contexto inmediato de los vv. 44, 48. Dicho recibimiento fue motivado más bien por el deseo de satisfacer la curiosidad al ver los milagros, que por una verdadera fe en Jesús como Mesías, tal como había sucedido en “la fiesta” (vea las notas sobre 2:23–25).
4:46 Caná de Galilea. La sagaz ironía en el v. 45 cobra mayor valor al considerar el hecho de que Jesús acababa de realizar un milagro en las bodas de Caná. En vez de responder con fe, el pueblo pedía más (vea la nota sobre el v. 48). El motivo de su bienvenida era en extremo equivocado. en Capernaum… enfermo. Esta ciudad estaba ubicada a unos 25 km al NE de Caná. oficial del rey. El término griego significa “oficial del rey” y lo más probable es que se tratara de alguien con una vinculación oficial al servicio del rey Herodes Antipas, tetrarca de Galilea desde el 4 a.C. al 39 d.C.
4:47 le rogó. El lenguaje aquí utilizado indica que rogó repetidas veces a Jesús para que sanara a su hijo. Su búsqueda de Jesús surgió de la desesperación, pero evidenciaba poco aprecio por quien Él era. A la luz del v. 46, parece que la motivación del noble se centraba más en la reputación de Jesús como hacedor de milagros que como Mesías.
4:48 Si no viereis señales y prodigios. El pronombre utilizado es plural. Jesús dirigió sus palabras al pueblo galileo y no solo al noble (vea las notas sobre los vv. 45–46). La respuesta de los galileos resultó incorrecta porque pasaba por alto la persona de Cristo y se centraba en la necesidad de continuas demostraciones milagrosas. Tal actitud representa el más profundo estado de incredulidad.
4:50 tu hijo vive. Jesús satisfizo las demandas de la incredulidad de los galileos al sanar el hijo del noble. Con esto reveló no solo su simpatía, sino su maravillosa gracia, a pesar de tratarse de una petición de milagros desprovista de fe.
4:52 a las siete. Cerca de la una de la tarde, si se calcula desde el amanecer. Vea la nota sobre el v. 6.
4:53 aquella era la hora. La hora en la cual el hijo del noble había recibido sanidad correspondía con exactitud a aquella en la cual él había hablado con Jesús. Esto sirvió para fortalecer la fe del noble, y como resultado, “toda su casa” creyó.

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