John 18 - La Biblia de Estudio del Diario Vivir
18:3 Las autoridades romanas permitían que los líderes religiosos judíos llevaran a cabo arrestos en caso de infracciones menores. En esta situación, es posible que los soldados romanos no hayan participado en el arresto de Jesús, pero acompañaron a los guardias del templo para asegurarse de que la situación no se descontrolara.
18:4-5 Juan no menciona el beso con el que Judas les señaló a Jesús a los guardias (Mateo 26:49; Marcos 14:45; Lucas 22:47-48). En ese momento Judas se dio a conocer abiertamente como el traidor. A partir del arresto de Jesús, la vida de los discípulos sería radicalmente diferente. Primero abandonarían a su maestro (Mateo 26:56) y experimentarían un tiempo difícil de prueba antes de ser transformados de seguidores miedosos a líderes dinámicos.
18:5-6 Estos hombres se asustaron por la intrepidez de Jesús (18:4) o quedaron perplejos ante las palabras «YO SOY», una declaración de su divinidad (Éxodo 3:14). Posiblemente se sintieron impotentes ante el evidente poder y autoridad de Jesús.
18:10-11 Tratando de proteger a Jesús, Pedro sacó su espada e hirió al esclavo del sumo sacerdote. (Lucas 22:51 dice que Jesús tocó la oreja y sanó al esclavo). Sin embargo, Jesús le dijo a Pedro que guardara su espada y permitiera que se cumpliera el plan de Dios. Hay ocasiones en que nos vemos tentados a tomar los asuntos en nuestras propias manos para forzar que salgan a nuestra manera, pero muchas veces tales medidas nos conducen al pecado. En cambio, debemos confiar en que Dios llevará a cabo su plan. Piénselo: si las cosas hubieran sucedido a la manera de Pedro, Jesús no habría ido a la cruz y el plan de redención de Dios se hubiera frustrado.
18:11 «La copa» se refiere al sufrimiento, el aislamiento y la muerte que Jesús tendría que soportar para obtener el perdón de los pecados del mundo.
18:12-13 A pesar de que era muy tarde en la noche, inmediatamente llevaron a Jesús a la residencia del sumo sacerdote. Los líderes religiosos estaban apurados porque querían ejecutarlo antes del día de descanso para seguir adelante con la celebración de la Pascua. Esta residencia era un palacio cuyos muros rodeaban un patio; allí los siervos y los soldados podían prender un fuego y calentarse.
18:13 Anás fue sumo sacerdote desde el año 6 d. C. hasta que los romanos lo depusieron en el 15 d. C. Tiempo después, los romanos nombraron como sumo sacerdote a Caifás, su yerno, quien ocupó ese puesto desde el 18 al 36/37 d. C. Según la ley judía, el cargo de sumo sacerdote era para toda la vida. Por lo tanto, muchos judíos consideraban que Anás continuaba siendo el sumo sacerdote y así lo llamaban. Aunque Anás tenía mucha influencia entre los judíos, Caifás tomaba las decisiones finales.
Como líderes espirituales de la nación, Anás y Caifás deberían haber sido sensibles a la revelación de Dios que Jesús era el Mesías del cual hablaban las Escrituras, y deberían haber conducido al pueblo hacia él. Tristemente, en lugar de hacer una evaluación sincera de las afirmaciones de Jesús, basada en su conocimiento de las Escrituras, ambos estaban más interesados en sus ambiciones políticas que en su responsabilidad de guiar al pueblo hacia Dios. Incluso estaban dispuestos a matar al Hijo de Dios, si era eso lo necesario para lograr sus ambiciones. Se habían vuelto malvados y querían eliminar toda oposición.
18:15-16 Es probable que el otro discípulo era el apóstol Juan. Gracias a sus contactos, Juan logró entrar al patio y que también dejaran entrar a Pedro. Allí Pedro rehusó identificarse como seguidor de Jesús. Lo que experimentó en las siguientes horas le cambiaría la vida. (Para más información sobre Pedro, vea su perfil en la página 0000).
18:19 ss. Antes de que Jesús fuera llevado ante Caifás y el Concilio Supremo (Marcos 14:53-65), tuvo una audiencia preliminar ante Anás. Los líderes religiosos sabían que no tenían nada de qué acusar a Jesús, así que inventaron pruebas en su contra utilizando falsos testigos (Marcos 14:55-59).
18:22-27 Los líderes religiosos mostraron claramente su maldad al condenar a Jesús injustamente, pero Pedro y el resto de los discípulos también contribuyeron al dolor de Jesús cuando lo abandonaron y negaron que lo conocían (Mateo 26:56, 75). Si bien muchos de nosotros no somos como los líderes religiosos, todos somos como los discípulos, ya que todos en algún momento hemos rechazado a Cristo como Señor de nuestras vidas o hemos mantenido en secreto nuestra identidad como creyentes. No trate de justificar sus fallas comparándolas con las fallas de otras personas que le parecen peores que las suyas. Más bien, acuda a Jesús para que lo perdone y le dé paz.
18:25 Los otros tres Evangelios dicen que Pedro negó a Jesús cerca de un fuego en el patio del palacio de Caifás, pero Juan dice que sucedió fuera de la casa de Anás. Esta diferencia se puede armonizar fácilmente, ya que Anás y Caifás posiblemente vivían en distintas alas del mismo complejo.
18:25-27 Imagínese que se encuentra afuera del lugar donde están interrogando a Jesús, su Señor y Maestro, y que logra ver cómo abusan y golpean a quien usted cree que es el Mesías esperado. Sin duda que Pedro se sentía confundido y tenía miedo. Aunque es un pecado serio negar a Cristo, él perdonó a Pedro (21:15-17). Si usted se arrepiente y se aparta sinceramente de su pecado, no hay pecado tan grande que Jesús no pueda perdonar.
18:27 Aquí se cumplieron las palabras que Jesús le dijo a Pedro después de que Pedro le prometió que jamás lo negaría (Marcos 14:31; Juan 13:38).
18:28 Según la ley judía, entrar en la casa de un gentil causaría que una persona judía se contaminara ceremonialmente y no pudiera participar de la adoración en el templo ni celebrar los festivales. Por esa razón, estos hombres se quedaron afuera del lugar donde llevaron a Jesús. Respetaron los requisitos ceremoniales de su religión, pero su corazón estaba lleno de traición y de la intención de cometer un homicidio.
18:29 Este gobernador romano, Pilato, estuvo a cargo de Judea (la región donde estaba situada Jerusalén) desde el año 26 hasta el 36 d. C. No era popular entre los judíos porque en una ocasión saqueó la tesorería del templo para financiar la construcción de un acueducto. A él tampoco le agradaban los judíos, pero cuando Jesús, el Rey de los judíos, se presentó ante él, Pilato lo encontró inocente.
18:30 Pilato era consciente de lo que estaba pasando; se dio cuenta de que los líderes religiosos odiaban a Jesús. Ellos necesitaban su permiso para ejecutar a Jesús, pero Pilato no quería servirles de verdugo. Al principio Pilato se negó a condenar a Jesús por falta de evidencias, pero entonces la vida de Jesús se convirtió en una ficha de un tablero político.
18:31 ss. Pilato intentó cuatro maneras de no tener que juzgar a Jesús. 1) Primero trató de que otros se hicieran responsables (18:31); 2) después intentó ponerlo en libertad (18:39); 3) luego procuró llegar a un compromiso ordenando al azotar a Jesús en lugar de que lo mataran (19:1-3); y 4) por último, trató de apelar directamente a la piedad de los acusadores (19:15). Todos tenemos que tomar una decisión en cuanto a Cristo. Pilato intentó que los demás decidieran por él, y al final, salió perdiendo.
18:32 Esta predicción aparece en Mateo 20:19 y en Juan 12:32, 35. La crucifixión era un método común para ejecutar a los criminales que no eran ciudadanos romanos.
18:33-34 Después de escuchar a los líderes judíos, Pilato regresó donde Jesús y le hizo la pregunta clave: «¿Eres tú el rey de los judíos?». Esta era la acusación que habían presentado para que Jesús pareciera una amenaza contra los romanos (ver Lucas 23:2). Varios insurgentes habían sido arrestados recientemente (por ejemplo, Barrabás y los dos que serían crucificados con Jesús), pero las diferencias entre ellos y Jesús eran claras. Pilato necesitaba examinar a Jesús y averiguar qué decía de sí mismo.
18:36-37 Jesús le respondió claramente a Pilato. Él era un rey, pero de un reino diferente; era un rey que no había venido para un propósito político, sino para traer la verdad al mundo. Al parecer, para Pilato no había duda de que Jesús decía la verdad y que no había cometido ningún delito. También parece que a pesar de reconocer la verdad, Pilato decidió rechazarla. Es trágico no reconocer la verdad, pero es aún peor reconocer la verdad y pasarla por alto.
18:38 Pilato era un cínico que pensaba que toda verdad era relativa. Para muchos funcionarios de gobierno, la verdad era lo que la mayoría de la gente aprobaba o lo que aumentaría su poder y avanzaría sus metas políticas. Cuando no hay pautas que establecen la verdad, ni tampoco hay el reconocimiento de que existe la verdad, falta una base para definir la moralidad de lo que es bueno o malo. La justicia se convierte en un asunto pragmático o en algo que beneficie a quienes están en el poder. En Jesús y en su Palabra tenemos la verdad que guía nuestra conducta moral.
18:40 Barrabás era un insurgente que estaba en contra de Roma y aunque era un asesino, posiblemente era considerado un héroe. Los judíos detestaban estar bajo el dominio de los romanos y tener que pagarles impuestos. Irónicamente, liberaron a un revolucionario fracasado, en lugar de a Jesús, el único que en realidad podía ayudar a Israel. (Para más información sobre Barrabás, vea la primera nota en Lucas 23:18-19).
