John 10 - La Biblia de Estudio del Diario Vivir
10:1 A menudo, un pastor de ovejas las juntaba para la noche y las guardaba en un redil para protegerlas de ladrones, mal tiempo y animales salvajes. Los rediles podían ser cuevas, cobertizos o áreas a campo abierto con un cerco hecho de piedras o ramas, y, por lo general, el pastor dormía en la entrada. Así como un pastor cuida a sus ovejas, Jesús, el buen pastor, cuida a sus seguidores. El profeta Ezequiel en su profecía sobre el Mesías lo describió como «pastor» (Ezequiel 34:23).
10:7 En un redil, el pastor servía como puerta, protegiendo a las ovejas y asegurando que se mantengan adentro. Jesús es nuestra entrada a la salvación de Dios. Él nos da acceso a la protección y la seguridad; es nuestro protector. A algunas personas les molesta la idea de que Jesús es la puerta, el único camino de acceso a Dios, pero esa es la realidad. Solo por medio de Jesús, el Hijo de Dios, podemos acercarnos a Dios. (Vea también las notas en 14:6).
10:10 En contraste al ladrón que quita la vida, Jesús la da. Esa vida la concede hoy y es abundante, plena y eterna. La vida en Cristo se disfruta aún más porque desborda con su perdón, amor y dirección. ¿Ha aceptado la vida que Cristo le ofrece?
10:11-12 El que trabaja a sueldo cuida las ovejas porque recibe un beneficio, pero el pastor lo hace por amor; es el dueño de las ovejas y se dedica a cuidarlas. Jesús no solamente está cumpliendo con un trabajo; él se ha comprometido a amarnos y hasta a dar su vida por nosotros. Los falsos maestros y los falsos profetas no tienen este compromiso.
10:16 Las «otras ovejas» es en referencia a los gentiles, o sea, los no judíos. Jesús vino para salvar a todos. Así revela el propósito de su misión: morir por los pecados del mundo. El buen pastor vino a juntar al pueblo de Dios en un solo rebaño (Ezequiel 34:11-14, 23).
10:17-18 La muerte y resurrección de Jesús eran parte del plan de Dios para la salvación del mundo y estaban totalmente bajo su control. Nadie podía matar a Jesús sin su consentimiento.
10:19-20 Si Jesús hubiera sido nada más que un hombre común y corriente, entonces sus afirmaciones de que era Dios hubieran probado que estaba loco. Sin embargo, sus milagros demostraban que decía la verdad: él es Dios. Nuevamente Jesús es causa de división entre sus oyentes: unos se oponen a él y otros creen en él.
10:22-23 Januká conmemoraba la purificación del templo bajo Judas Macabeo en el 164 a. C., después de que Antíoco Epífanes lo había profanado al sacrificar un cerdo sobre el altar de las ofrendas quemadas. El festival se celebraba a fines de diciembre.
10:23 El pórtico de Salomón era una galería cubierta sostenida por grandes columnas de piedra situada justo dentro de los muros del patio del templo.
10:24 Muchas personas que piden pruebas lo hacen con motivos equivocados. La mayoría de los que cuestionaban a Jesús no buscaban seguir a Jesús y someterse a su liderazgo. Tenían la esperanza de que Jesús se proclamara Mesías por razones perversas. A ellos, al igual que a los discípulos y al resto de la nación judía, les habría encantado que expulsara a los romanos, pero dudaban que lo hiciera y esperaban que dijera que era el Mesías para acusarlo de mentiroso (como hicieron los fariseos en 8:13).
10:27-29 Del mismo modo que un pastor protege a sus ovejas, Jesús protege a su pueblo del daño eterno. Aunque es de esperarse que los creyentes sufran en la tierra, Satanás no puede dañar sus almas ni quitarles la vida eterna con Dios. Existen muchas razones para sentir temor aquí en la tierra porque es el territorio del diablo (1 Pedro 5:8), pero si usted decide seguir a Jesús, él le dará seguridad eterna.
10:30 Esta es la declaración más clara que Jesús haya hecho acerca de su divinidad. Jesús y su Padre no son la misma persona, pero son uno en esencia y naturaleza. Por lo tanto, Jesús no es tan solo un buen maestro, es Dios. Esta afirmación no dejaba lugar para dudas. Los líderes religiosos deseaban matarlo porque sus leyes decían que cualquiera que afirmara ser Dios blasfemaba y debía morir. Nada podía persuadirlos de que Jesús decía la verdad.
10:31 Los líderes judíos intentaron cumplir el mandamiento que se encuentra en Levítico 24:16 con respecto a los que blasfeman (en este caso, afirmar ser Dios). Iban a apedrear a Jesús.
10:34-36 Jesús se refería al Salmo 82:6, donde los gobernantes y los jueces israelitas son llamados «dioses» (ver también Éxodo 4:16; 7:1). Si Dios llamó dioses a los líderes israelitas porque eran agentes de la revelación de Dios y de su voluntad, ¿cómo podía ser blasfemia que Jesús se llamara a sí mismo el Hijo de Dios? Jesús estaba reprendiendo a los líderes religiosos porque él es el Hijo de Dios que tiene una relación con el Padre que es única e incomparable.
10:35 «Las Escrituras no pueden ser modificadas» es una clara afirmación de la veracidad de la Biblia. Si aceptamos a Cristo como Señor, también debemos aceptar su testimonio de que la Biblia es la Palabra de Dios.
