Salmos 32:1-11 RV60

[1] Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado. [2] Bienaventurado el hombre a quien Jehová no culpa de iniquidad, Y en cuyo espíritu no hay engaño. [3] Mientras callé, se envejecieron mis huesos En mi gemir todo el día. [4] Porque de día y de noche se agravó sobre mí tu mano; Se volvió mi verdor en sequedades de verano. Selah [5] Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad. Dije: Confesaré mis transgresiones a Jehová; Y tú perdonaste la maldad de mi pecado. Selah [6] Por esto orará a ti todo santo en el tiempo en que puedas ser hallado; Ciertamente en la inundación de muchas aguas no llegarán éstas a él. [7] Tú eres mi refugio; me guardarás de la angustia; Con cánticos de liberación me rodearás. Selah [8] Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar; Sobre ti fijaré mis ojos. [9] No seáis como el caballo, o como el mulo, sin entendimiento, Que han de ser sujetados con cabestro y con freno, Porque si no, no se acercan a ti. [10] Muchos dolores habrá para el impío; Mas al que espera en Jehová, le rodea la misericordia. [11] Alegraos en Jehová y gozaos, justos; Y cantad con júbilo todos vosotros los rectos de corazón.

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