Marcos 5:1-43 RV60

[1] Vinieron al otro lado del mar, a la región de los gadarenos. [2] Y cuando salió él de la barca, en seguida vino a su encuentro, de los sepulcros, un hombre con un espíritu inmundo, [3] que tenía su morada en los sepulcros, y nadie podía atarle, ni aun con cadenas. [4] Porque muchas veces había sido atado con grillos y cadenas, mas las cadenas habían sido hechas pedazos por él, y desmenuzados los grillos; y nadie le podía dominar. [5] Y siempre, de día y de noche, andaba dando voces en los montes y en los sepulcros, e hiriéndose con piedras. [6] Cuando vio, pues, a Jesús de lejos, corrió, y se arrodilló ante él. [7] Y clamando a gran voz, dijo: ¿Qué tienes conmigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? Te conjuro por Dios que no me atormentes. [8] Porque le decía: Sal de este hombre, espíritu inmundo. [9] Y le preguntó: ¿Cómo te llamas? Y respondió diciendo: Legión me llamo; porque somos muchos. [10] Y le rogaba mucho que no los enviase fuera de aquella región. [11] Estaba allí cerca del monte un gran hato de cerdos paciendo. [12] Y le rogaron todos los demonios, diciendo: Envíanos a los cerdos para que entremos en ellos. [13] Y luego Jesús les dio permiso. Y saliendo aquellos espíritus inmundos, entraron en los cerdos, los cuales eran como dos mil; y el hato se precipitó en el mar por un despeñadero, y en el mar se ahogaron. [14] Y los que apacentaban los cerdos huyeron, y dieron aviso en la ciudad y en los campos. Y salieron a ver qué era aquello que había sucedido. [15] Vienen a Jesús, y ven al que había sido atormentado del demonio, y que había tenido la legión, sentado, vestido y en su juicio cabal; y tuvieron miedo. [16] Y les contaron los que lo habían visto, cómo le había acontecido al que había tenido el demonio, y lo de los cerdos. [17] Y comenzaron a rogarle que se fuera de sus contornos. [18] Al entrar él en la barca, el que había estado endemoniado le rogaba que le dejase estar con él. [19] Mas Jesús no se lo permitió, sino que le dijo: Vete a tu casa, a los tuyos, y cuéntales cuán grandes cosas el Señor ha hecho contigo, y cómo ha tenido misericordia de ti. [20] Y se fue, y comenzó a publicar en Decápolis cuán grandes cosas había hecho Jesús con él; y todos se maravillaban. [21] Pasando otra vez Jesús en una barca a la otra orilla, se reunió alrededor de él una gran multitud; y él estaba junto al mar. [22] Y vino uno de los principales de la sinagoga, llamado Jairo; y luego que le vio, se postró a sus pies, [23] y le rogaba mucho, diciendo: Mi hija está agonizando; ven y pon las manos sobre ella para que sea salva, y vivirá. [24] Fue, pues, con él; y le seguía una gran multitud, y le apretaban. [25] Pero una mujer que desde hacía doce años padecía de flujo de sangre, [26] y había sufrido mucho de muchos médicos, y gastado todo lo que tenía, y nada había aprovechado, antes le iba peor, [27] cuando oyó hablar de Jesús, vino por detrás entre la multitud, y tocó su manto. [28] Porque decía: Si tocare tan solamente su manto, seré salva. [29] Y en seguida la fuente de su sangre se secó; y sintió en el cuerpo que estaba sana de aquel azote. [30] Luego Jesús, conociendo en sí mismo el poder que había salido de él, volviéndose a la multitud, dijo: ¿Quién ha tocado mis vestidos? [31] Sus discípulos le dijeron: Ves que la multitud te aprieta, y dices: ¿Quién me ha tocado? [32] Pero él miraba alrededor para ver quién había hecho esto. [33] Entonces la mujer, temiendo y temblando, sabiendo lo que en ella había sido hecho, vino y se postró delante de él, y le dijo toda la verdad. [34] Y él le dijo: Hija, tu fe te ha hecho salva; ve en paz, y queda sana de tu azote. [35] Mientras él aún hablaba, vinieron de casa del principal de la sinagoga, diciendo: Tu hija ha muerto; ¿para qué molestas más al Maestro? [36] Pero Jesús, luego que oyó lo que se decía, dijo al principal de la sinagoga: No temas, cree solamente. [37] Y no permitió que le siguiese nadie sino Pedro, Jacobo, y Juan hermano de Jacobo. [38] Y vino a casa del principal de la sinagoga, y vio el alboroto y a los que lloraban y lamentaban mucho. [39] Y entrando, les dijo: ¿Por qué alborotáis y lloráis? La niña no está muerta, sino duerme. [40] Y se burlaban de él. Mas él, echando fuera a todos, tomó al padre y a la madre de la niña, y a los que estaban con él, y entró donde estaba la niña. [41] Y tomando la mano de la niña, le dijo: Talita cumi; que traducido es: Niña, a ti te digo, levántate. [42] Y luego la niña se levantó y andaba, pues tenía doce años. Y se espantaron grandemente. [43] Pero él les mandó mucho que nadie lo supiese, y dijo que se le diese de comer.

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