Lucas 15:1-32 RV60

[1] Se acercaban a Jesús todos los publicanos y pecadores para oírle, [2] y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: Este a los pecadores recibe, y con ellos come. [3] Entonces él les refirió esta parábola, diciendo: [4] ¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va tras la que se perdió, hasta encontrarla? [5] Y cuando la encuentra, la pone sobre sus hombros gozoso; [6] y al llegar a casa, reúne a sus amigos y vecinos, diciéndoles: Gozaos conmigo, porque he encontrado mi oveja que se había perdido. [7] Os digo que así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento. [8] ¿O qué mujer que tiene diez dracmas, si pierde una dracma, no enciende la lámpara, y barre la casa, y busca con diligencia hasta encontrarla? [9] Y cuando la encuentra, reúne a sus amigas y vecinas, diciendo: Gozaos conmigo, porque he encontrado la dracma que había perdido. [10] Así os digo que hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente. [11] También dijo: Un hombre tenía dos hijos; [12] y el menor de ellos dijo a su padre: Padre, dame la parte de los bienes que me corresponde; y les repartió los bienes. [13] No muchos días después, juntándolo todo el hijo menor, se fue lejos a una provincia apartada; y allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente. [14] Y cuando todo lo hubo malgastado, vino una gran hambre en aquella provincia, y comenzó a faltarle. [15] Y fue y se arrimó a uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le envió a su hacienda para que apacentase cerdos. [16] Y deseaba llenar su vientre de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba. [17] Y volviendo en sí, dijo: !!Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre! [18] Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. [19] Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros. [20] Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó. [21] Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo. [22] Pero el padre dijo a sus siervos: Sacad el mejor vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies. [23] Y traed el becerro gordo y matadlo, y comamos y hagamos fiesta; [24] porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado. Y comenzaron a regocijarse. [25] Y su hijo mayor estaba en el campo; y cuando vino, y llegó cerca de la casa, oyó la música y las danzas; [26] y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello. [27] Él le dijo: Tu hermano ha venido; y tu padre ha hecho matar el becerro gordo, por haberle recibido bueno y sano. [28] Entonces se enojó, y no quería entrar. Salió por tanto su padre, y le rogaba que entrase. [29] Mas él, respondiendo, dijo al padre: He aquí, tantos años te sirvo, no habiéndote desobedecido jamás, y nunca me has dado ni un cabrito para gozarme con mis amigos. [30] Pero cuando vino este tu hijo, que ha consumido tus bienes con rameras, has hecho matar para él el becerro gordo. [31] Él entonces le dijo: Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas. [32] Mas era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este tu hermano era muerto, y ha revivido; se había perdido, y es hallado.

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