Mateo 26:1-74 RVA

[1] Y ACONTECIO que, como hubo acabado Jesús todas estas palabras, dijo á sus discípulos: [2] Sabéis que dentro de dos días se hace la pascua, y el Hijo del hombre es entregado para ser crucificado. [3] Entonces los príncipes de los sacerdotes, y los escribas, y los ancianos del pueblo se juntaron al patio del pontífice, el cual se llamaba Caifás; [4] Y tuvieron consejo para prender por engaño á Jesús, y matarle. [5] Y decían: No en el día de la fiesta, porque no se haga alboroto en el pueblo. [6] Y estando Jesús en Bethania, en casa de Simón el leproso, [7] Vino á él una mujer, teniendo un vaso de alabastro de unguento de gran precio, y lo derramó sobre la cabeza de él, estando sentado á la mesa. [8] Lo cual viendo sus discípulos, se enojaron, diciendo: ¿Por qué se pierde esto? [9] Porque esto se podía vender por gran precio, y darse á los pobres. [10] Y entendiéndolo Jesús, les dijo: ¿Por qué dais pena á esta mujer? Pues ha hecho conmigo buena obra. [11] Porque siempre tendréis pobres con vosotros, mas á mí no siempre me tendréis. [12] Porque echando este unguento sobre mi cuerpo, para sepultarme lo ha hecho. [13] De cierto os digo, que donde quiera que este evangelio fuere predicado en todo el mundo, también será dicho para memoria de ella, lo que ésta ha hecho. [14] Entonces uno de los doce, que se llamaba Judas Iscariote, fué á los príncipes de los sacerdotes, [15] Y les dijo: ¿Qué me queréis dar, y yo os lo entregaré? Y ellos le señalaron treinta piezas de plata. [16] Y desde entonces buscaba oportunidad para entregarle. [17] Y el primer día de la fiesta de los panes sin levadura, vinieron los discípulos á Jesús, diciéndole: ¿Dónde quieres que aderecemos para ti para comer la pascua? [18] Y él dijo: Id á la ciudad á cierto hombre, y decidle: El Maestro dice: Mi tiempo está cerca; en tu casa haré la pascua con mis discípulos. [19] Y los discípulos hicieron como Jesús les mandó, y aderezaron la pascua. [20] Y como fué la tarde del día, se sentó á la mesa con los doce. [21] Y comiendo ellos, dijo: De cierto os digo, que uno de vosotros me ha de entregar. [22] Y entristecidos ellos en gran manera, comenzó cada uno de ellos á decirle: ¿Soy yo, Señor? [23] Entonces él respondiendo, dijo: El que mete la mano conmigo en el plato, ése me ha de entregar. [24] A la verdad el Hijo del hombre va, como está escrito de él, mas ­ay de aquel hombre por quien el Hijo del hombre es entregado! bueno le fuera al tal hombre no haber nacido. [25] Entonces respondiendo Judas, que le entregaba, dijo. ¿Soy yo, Maestro? Dícele: Tú lo has dicho. [26] Y comiendo ellos, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dió á sus discípulos, y dijo: Tomad, comed. esto es mi cuerpo. [27] Y tomando el vaso, y hechas gracias, les dió, diciendo: Bebed de él todos; [28] Porque esto es mi sangre del nuevo pacto, la cual es derramada por muchos para remisión de los pecados. [29] Y os digo, que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid, hasta aquel día, cuando lo tengo de beber nuevo con vosotros en el reino de mi Padre. [30] Y habiendo cantado el himno, salieron al monte de las Olivas. [31] Entonces Jesús les dice: Todos vosotros seréis escandalizados en mí esta noche; porque escrito está: Heriré al Pastor, y las ovejas de la manada serán dispersas. [32] Mas después que haya resucitado, iré delante de vosotros á Galilea. [33] Y respondiendo Pedro, le dijo: Aunque todos sean escandalizados en ti, yo nunca seré escandalizado. [34] Jesús le dice: De cierto te digo que esta noche, antes que el gallo cante, me negarás tres veces. [35] Dícele Pedro. Aunque me sea menester morir contigo, no te negaré. Y todos los discípulos dijeron lo mismo. [36] Entonces llegó Jesús con ellos á la aldea que se llama Gethsemaní, y dice á sus discípulos: Sentaos aquí, hasta que vaya allí y ore. [37] Y tomando á Pedro, y á los dos hijos de Zebedeo, comenzó á entristecerse y á angustiarse en gran manera. [38] Entonces Jesús les dice: Mi alma está muy triste hasta la muerte; quedaos aquí, y velad conmigo. [39] Y yéndose un poco más adelante, se postró sobre su rostro, orando, y diciendo: Padre mío, si es posible, pase de mí este vaso; empero no como yo quiero, sino como tú. [40] Y vino á sus discípulos, y los halló durmiendo, y dijo á Pedro: ¿Así no habéis podido velar conmigo una hora? [41] Velad y orad, para que no entréis en tentación: el espíritu á la verdad está presto, mas la carne enferma. [42] Otra vez fué, segunda vez, y oró diciendo. Padre mío, si no puede este vaso pasar de mí sin que yo lo beba, hágase tu voluntad. [43] Y vino, y los halló otra vez durmiendo; porque los ojos de ellos estaban agravados. [44] Y dejándolos fuése de nuevo, y oró tercera vez, diciendo las mismas palabras. [45] Entonces vino á sus discípulos y díceles: Dormid ya, y descansad: he aquí ha llegado la hora, y el Hijo del hombre es entregado en manos de pecadores. [46] Levantaos, vamos: he aquí ha llegado el que me ha entregado. [47] Y hablando aún él, he aquí Judas, uno de los doce, vino, y con él mucha gente con espadas y con palos, de parte de los príncipes de los sacerdotes, y de los ancianos del pueblo. [48] Y el que le entregaba les había dado señal, diciendo: Al que yo besare, aquél es: prendedle. [49] Y luego que llegó á Jesús, dijo: Salve, Maestro. Y le besó. [50] Y Jesús le dijo: Amigo, ¿á qué vienes? Entonces llegaron, y echaron mano á Jesús, y le prendieron. [51] Y he aquí, uno de los que estaban con Jesús, extendiendo la mano, sacó su espada, é hiriendo á un siervo del pontífice, le quitó la oreja. [52] Entonces Jesús le dice: Vuelve tu espada á su lugar; porque todos los que tomaren espada, á espada perecerán. [53] ¿Acaso piensas que no puedo ahora orar á mi Padre, y él me daría más de doce legiones de ángeles? [54] ¿Cómo, pues, se cumplirían las Escrituras, que así conviene que sea hecho? [55] En aquella hora dijo Jesús á las gentes: ¿Como á ladrón habéis salido con espadas y con palos á prenderme? Cada día me sentaba con vosotros enseñando en el templo, y no me prendisteis. [56] Mas todo esto se hace, para que se cumplan las Escrituras de los profetas. Entonces todos los discípulos huyeron, dejándole. [57] Y ellos, prendido Jesús, le llevaron á Caifás pontífice, donde los escribas y los ancianos estaban juntos. [58] Mas Pedro le seguía de lejos hasta el patio del pontífice; y entrando dentro, estábase sentado con los criados, para ver el fin. [59] Y los príncipes de los sacerdotes, y los ancianos, y todo el consejo, buscaban falso testimonio contra Jesús, para entregale á la muerte; [60] Y no lo hallaron, aunque muchos testigos falsos se llegaban; mas á la postre vinieron dos testigos falsos, [61] Que dijeron: Este dijo: Puedo derribar el templo de Dios, y en tres días reedificarlo. [62] Y levantándose el pontífice, le dijo: ¿No respondes nada? ¿qué testifican éstos contra ti? [63] Mas Jesús callaba. Respondiendo el pontífice, le dijo: Te conjuro por el Dios viviente, que nos digas si eres tú el Cristo, Hijo de Dios. [64] Jesús le dijo: Tú lo has dicho: y aun os digo, que desde ahora habéis de ver al Hijo de los hombres sentado á la diestra de la potencia de Dios, y que viene en las nubes del cielo. [65] Entonces el pontífice rasgó sus vestidos, diciendo: Blasfemado ha: ¿qué más necesidad tenemos de testigos? He aquí, ahora habéis oído su blasfemia. [66] ¿Qué os parece? Y respondiendo ellos, dijeron: Culpado es de muerte. [67] Entonces le escupieron en el rostro, y le dieron de bofetadas; y otros le herían con mojicones, [68] Diciendo: Profetízanos tú, Cristo, quién es el que te ha herido. [69] Y Pedro estaba sentado fuera en el patio: y se llegó á él una criada, diciendo: Y tú con Jesús el Galileo estabas. [70] Mas él negó delante de todos, diciendo: No sé lo que dices. [71] Y saliendo él á la puerta, le vió otra, y dijo á los que estaban allí: También éste estaba con Jesús Nazareno. [72] Y nego otra vez con juramento: No conozco al hombre. [73] Y un poco después llegaron los que estaban por allí, y dijeron á Pedro: Verdaderamente también tú eres de ellos, porque aun tu habla te hace manifiesto. [74] Entonces comienzó á hacer imprecaciones, y á jurar, diciendo: No conozco al hombre. Y el gallo cantó luego.

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