Juan 12:1-50 RVA

[1] Y JESUS, seis días antes de la Pascua, vino á Bethania, donde estaba Lázaro, que había sido muerto, al cual había resucitado de los muertos. [2] E hiciéronle allí una cena y Marta servía, y Lázaro era uno de los que estaban sentados á la mesa juntamente con él. [3] Entonces María tomó una libra de ungüento de nardo líquido de mucho precio, y ungió los pies de Jesús, y limpió sus pies con sus cabellos: y la casa se llenó del olor del ungüento. [4] Y dijo uno de sus discípulos, Judas Iscariote, hijo de Simón, el que le había de entregar: [5] ¿Por qué no se ha vendido este ungüento por trescientos dineros, y se dió á los pobres? [6] Mas dijo esto, no por el cuidado que él tenía de los pobres: sino porque era ladrón, y tenía la bolsa, y traía lo que se echaba en ella. [7] Entonces Jesús dijo: Déjala; para el día de mi sepultura ha guardado esto; [8] Porque á los pobres siempre los tenéis con vosotros, mas á mí no siempre me tenéis. [9] Entonces mucha gente de los Judíos entendió que él estaba allí; y vinieron no solamente por causa de Jesús, mas también por ver á Lázaro, al cual había resucitado de los muertos. [10] Consultaron asimismo los príncipes de los sacerdotes, de matar también á Lázaro; [11] Porque muchos de los Judíos iban y creían en Jesús por causa de él. [12] El siguiente día, mucha gente que había venido á la fiesta, como oyeron que Jesús venía á Jerusalem, [13] Tomaron ramos de palmas, y salieron á recibirle, y clamaban: ­Hosanna, Bendito el que viene en el nombre del Señor, el Rey de Israel! [14] Y halló Jesús un asnillo, y se sentó sobre él, como está escrito: [15] No temas, hija de Sión: he aquí tu Rey viene, sentado sobre un pollino de asna. [16] Estas cosas no las entendieron sus discípulos de primero: empero cuando Jesús fué glorificado, entonces se acordaron de que estas cosas estaban escritas de él, y que le hicieron estas cosas. [17] Y la gente que estaba con él, daba testimonio de cuando llamó á Lázaro del sepulcro, y le resucitó de los muertos. [18] Por lo cual también había venido la gente á recibirle, porque había oído que él había hecho esta señal; [19] Mas los Fariseos dijeron entre sí: ¿Veis que nada aprovecháis? he aquí, el mundo se va tras de él. [20] Y había ciertos Griegos de los que habían subido á adorar en la fiesta: [21] Estos pues, se llegaron á Felipe, que era de Bethsaida de Galilea, y rogáronle, diciendo: Señor, querríamos ver á Jesús. [22] Vino Felipe, y díjolo á Andrés: Andrés entonces, y Felipe, lo dicen á Jesús. [23] Entonces Jesús les respondió, diciendo: La hora viene en que el Hijo del hombre ha de ser glorificado. [24] De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, él solo queda; mas si muriere, mucho fruto lleva. [25] El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará. [26] Si alguno me sirve, sígame: y donde yo estuviere, allí también estará mi servidor. Si alguno me sirviere, mi Padre le honrará. [27] Ahora está turbada mi alma; ¿y qué diré? Padre, sálvame de esta hora. Mas por esto he venido en esta hora. [28] Padre, glorifica tu nombre. Entonces vino una voz del cielo: Y lo he glorificado, y lo glorificaré otra vez. [29] Y la gente que estaba presente, y había oído, decía que había sido trueno. Otros decían: Angel le ha hablado. [30] Respondió Jesús, y dijo: No ha venido esta voz por mi causa, mas por causa de vosotros. [31] Ahora es el juicio de este mundo: ahora el príncipe de este mundo será echado fuera. [32] Y yo, si fuere levantado de la tierra, á todos traeré á mí mismo. [33] Y esto decía dando á entender de qué muerte había de morir. [34] Respondióle la gente: Nosotros hemos oído de la ley, que el Cristo permanece para siempre: ¿cómo pues dices tú: Conviene que el Hijo del hombre sea levantado? ¿Quién es este Hijo del hombre? [35] Entonces Jesús les dice: Aun por un poco estará la luz entre vosotros: andad entre tanto que tenéis luz, porque no os sorprendan las tinieblas; porque el que anda en tinieblas, no sabe dónde va. [36] Entre tanto que tenéis la luz, creed en la luz, para que seáis hijos de luz. Estas cosas habló Jesús, y fuése, y escondióse de ellos. [37] Empero habiendo hecho delante de ellos tantas señales, no creían en él. [38] Para que se cumpliese el dicho que dijo el profeta Isaías: ¿Señor, quién ha creído á nuestro dicho? ¿Y el brazo del Señor, á quién es revelado? [39] Por esto no podían creer, porque otra vez dijo Isaías: [40] Cegó los ojos de ellos, y endureció su corazón; Porque no vean con los ojos, y entiendan de corazón, Y se conviertan, Y yo los sane. [41] Estas cosas dijo Isaías cuando vió su gloria, y habló de él. [42] Con todo eso, aun de los príncipes, muchos creyeron en él; mas por causa de los Fariseos no lo confesaban, por no ser echados de la sinagoga. [43] Porque amaban más la gloria de los hombres que la gloria de Dios. [44] Mas Jesús clamó y dijo: El que cree en mí, no cree en mí, sino en el que me envió; [45] Y el que me ve, ve al que me envió. [46] Yo la luz he venido al mundo, para que todo aquel que cree en mí no permanezca en tinieblas. [47] Y el que oyere mis palabras, y no las creyere, yo no le juzgo; porque no he venido á juzgar al mundo, sino á salvar al mundo. [48] El que me desecha, y no recibe mis palabras, tiene quien le juzgue: la palabra que he hablado, ella le juzgará en el día postrero. [49] Porque yo no he hablado de mí mismo; mas el Padre que me envió, él me dió mandamiento de lo que he de decir, y de lo que he de hablar. [50] Y sé que su mandamiento es vida eterna: así que, lo que yo hablo, como el Padre me lo ha dicho, así hablo.

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