Romanos 2:1-29 LBLA

[1] Por lo cual no tienes excusa, oh hombre, quienquiera que seas tú que juzgas, pues al juzgar a otro, a ti mismo te condenas, porque tú que juzgas practicas las mismas cosas. [2] Y sabemos que el juicio de Dios justamente cae sobre los que practican tales cosas. [3] ¿Y piensas esto, oh hombre, tú que condenas a los que practican tales cosas y haces lo mismo, que escaparás al juicio de Dios? [4] ¿O tienes en poco las riquezas de su bondad, tolerancia y paciencia, ignorando que la bondad de Dios te guía al arrepentimiento? [5] Mas por causa de tu terquedad y de tu corazón no arrepentido, estás acumulando ira para ti en el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios, [6] el cual PAGARA A CADA UNO CONFORME A SUS OBRAS: [7] a los que por la perseverancia en hacer el bien buscan gloria, honor e inmortalidad: vida eterna; [8] pero a los que son ambiciosos y no obedecen a la verdad, sino que obedecen a la injusticia: ira e indignación. [9] Habrá tribulación y angustia para toda alma humana que hace lo malo, del judío primeramente y también del griego; [10] pero gloria y honor y paz para todo el que hace lo bueno, al judío primeramente, y también al griego. [11] Porque en Dios no hay acepción de personas. [12] Pues todos los que han pecado sin la ley, sin la ley también perecerán; y todos los que han pecado bajo la ley, por la ley serán juzgados; [13] porque no son los oidores de la ley los justos ante Dios, sino los que cumplen la ley, ésos serán justificados. [14] Porque cuando los gentiles, que no tienen la ley, cumplen por instinto los dictados de la ley, ellos, no teniendo la ley, son una ley para sí mismos, [15] ya que muestran la obra de la ley escrita en sus corazones, su conciencia dando testimonio, y sus pensamientos acusándolos unas veces y otras defendiéndolos, [16] en el día en que, según mi evangelio, Dios juzgará los secretos de los hombres mediante Cristo Jesús. [17] Pero si tú, que llevas el nombre de judío y te apoyas en la ley; que te glorías en Dios, [18] y conoces su voluntad; que apruebas las cosas que son esenciales, siendo instruido por la ley, [19] y te confías en que eres guía de los ciegos, luz de los que están en tinieblas, [20] instructor de los necios, maestro de los faltos de madurez; que tienes en la ley la expresión misma del conocimiento y de la verdad; [21] tú, pues, que enseñas a otro, ¿no te enseñas a ti mismo? Tú que predicas que no se debe robar, ¿robas? [22] Tú que dices que no se debe cometer adulterio, ¿adulteras? Tú que abominas a los ídolos, ¿saqueas templos? [23] Tú que te jactas de la ley, ¿violando la ley deshonras a Dios? [24] Porque EL NOMBRE DE DIOS ES BLASFEMADO ENTRE LOS GENTILES POR CAUSA DE VOSOTROS, tal como está escrito. [25] Pues ciertamente la circuncisión es de valor si tú practicas la ley, pero si eres transgresor de la ley, tu circuncisión se ha vuelto incircuncisión. [26] Por tanto, si el incircunciso cumple los requisitos de la ley, ¿no se considerará su incircuncisión como circuncisión? [27] Y si el que es físicamente incircunciso guarda la ley, ¿no te juzgará a ti, que aunque tienes la letra de la ley y eres circuncidado, eres transgresor de la ley? [28] Porque no es judío el que lo es exteriormente, ni la circuncisión es la externa, en la carne; [29] sino que es judío el que lo es interiormente, y la circuncisión es la del corazón, por el Espíritu, no por la letra; la alabanza del cual no procede de los hombres, sino de Dios.

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