Mateo 28:1-20 LBLA

[1] Pasado el día de reposo, al amanecer del primer día de la semana, María Magdalena y la otra María vinieron a ver el sepulcro. [2] Y he aquí, se produjo un gran terremoto, porque un ángel del Señor descendiendo del cielo, y acercándose, removió la piedra y se sentó sobre ella. [3] Su aspecto era como un relámpago, y su vestidura blanca como la nieve; [4] y de miedo a él los guardias temblaron y se quedaron como muertos. [5] Y hablando el ángel, dijo a las mujeres: Vosotras, no temáis; porque yo sé que buscáis a Jesús, el que fue crucificado. [6] No está aquí, porque ha resucitado, tal como dijo. Venid, ved el lugar donde yacía. [7] E id pronto, y decid a sus discípulos que El ha resucitado de entre los muertos; y he aquí, El va delante de vosotros a Galilea; allí le veréis. He aquí, os lo he dicho. [8] Y ellas, alejándose a toda prisa del sepulcro con temor y gran gozo, corrieron a dar las noticias a sus discípulos. [9] Y he aquí que Jesús les salió al encuentro, diciendo: ¡Salve! Y ellas, acercándose, abrazaron sus pies y le adoraron. [10] Entonces Jesús les dijo*: No temáis. Id, avisad a mis hermanos que vayan a Galilea, y allí me verán. [11] Y mientras ellas iban, he aquí, algunos de la guardia fueron a la ciudad e informaron a los principales sacerdotes de todo lo que había sucedido. [12] Y después de reunirse con los ancianos y deliberar con ellos, dieron una gran cantidad de dinero a los soldados, [13] diciendo: Decid esto: "Sus discípulos vinieron de noche y robaron el cuerpo mientras nosotros dormíamos." [14] Y si esto llega a oídos del gobernador, nosotros lo convenceremos y os evitaremos dificultades. [15] Ellos tomaron el dinero e hicieron como se les había instruido. Y este dicho se divulgó extensamente entre los judíos hasta hoy. [16] Pero los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había señalado. [17] Cuando le vieron, le adoraron; mas algunos dudaron. [18] Y acercándose Jesús, les habló, diciendo: Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra. [19] Id, pues, y haced discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, [20] enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado; y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.

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