Marcos 3:1-35 LBLA

[1] Otra vez entró Jesús en una sinagoga; y había allí un hombre que tenía una mano seca. [2] Y le observaban para ver si le sanaba en el día de reposo, para poder acusarle. [3] Y dijo* al hombre que tenía la mano seca: Levántate y ponte aquí en medio. [4] Entonces les dijo*: ¿Es lícito en el día de reposo hacer bien o hacer mal, salvar una vida o matar? Pero ellos guardaban silencio. [5] Y mirándolos en torno con enojo, entristecido por la dureza de sus corazones, dijo* al hombre: Extiende tu mano. Y él la extendió, y su mano quedó sana. [6] Pero cuando los fariseos salieron, enseguida comenzaron a tramar con los herodianos en contra de Jesús, para ver cómo podrían destruirle. [7] Jesús se retiró al mar con sus discípulos; y una gran multitud de Galilea le siguió; y también de Judea, [8] de Jerusalén, de Idumea, del otro lado del Jordán, y de los alrededores de Tiro y Sidón; una gran multitud, que al oír todo lo que Jesús hacía, vino a El. [9] Y dijo a sus discípulos que le tuvieran lista una barca por causa de la multitud, para que no le oprimieran; [10] porque había sanado a muchos, de manera que todos los que tenían aflicciones se le echaban encima para tocarle. [11] Y siempre que los espíritus inmundos le veían, caían delante de El y gritaban, diciendo: Tú eres el Hijo de Dios. [12] Y les advertía con insistencia que no revelaran su identidad. [13] Y subió* al monte, llamó* a los que El quiso, y ellos vinieron a El. [14] Y designó a doce, para que estuvieran con El y para enviarlos a predicar, [15] y para que tuvieran autoridad de expulsar demonios. [16] Designó a los doce: Simón (a quien puso por nombre Pedro), [17] Jacobo, hijo de Zebedeo, y Juan hermano de Jacobo (a quienes puso por nombre Boanerges, que significa, hijos del trueno); [18] Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Jacobo, hijo de Alfeo, Tadeo, Simón el cananita; [19] y Judas Iscariote, el que también le entregó. [20] Jesús llegó* a una casa, y la multitud se juntó* de nuevo, a tal punto que ellos ni siquiera podían comer. [21] Cuando sus parientes oyeron esto, fueron para hacerse cargo de El, porque decían: Está fuera de sí. [22] Y los escribas que habían descendido de Jerusalén decían: Tiene a Beelzebú; y: Expulsa los demonios por el príncipe de los demonios. [23] Y llamándolos junto a sí, les hablaba en parábolas: ¿Cómo puede Satanás expulsar a Satanás? [24] Y si un reino está dividido contra sí mismo, ese reino no puede perdurar. [25] Y si una casa está dividida contra sí misma, esa casa no podrá permanecer. [26] Y si Satanás se ha levantado contra sí mismo y está dividido, no puede permanecer, sino que ha llegado su fin. [27] Pero nadie puede entrar en la casa de un hombre fuerte y saquear sus bienes si primero no lo ata; entonces podrá saquear su casa. [28] En verdad os digo que todos los pecados serán perdonados a los hijos de los hombres, y las blasfemias con que blasfemen, [29] pero cualquiera que blasfeme contra el Espíritu Santo no tiene jamás perdón, sino que es culpable de pecado eterno. [30] Porque decían: Tiene un espíritu inmundo. [31] Entonces llegaron* su madre y sus hermanos, y quedándose afuera, le mandaron llamar. [32] Y había una multitud sentada alrededor de El, y le dijeron*: He aquí, tu madre y tus hermanos están afuera y te buscan. [33] Respondiéndoles El, dijo*: ¿Quiénes son mi madre y mis hermanos? [34] Y mirando en torno a los que estaban sentados en círculo, a su alrededor, dijo*: He aquí mi madre y mis hermanos. [35] Porque cualquiera que hace la voluntad de Dios, ése es mi hermano y mi hermana y mi madre.

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