Lucas 21:1-38 LBLA

[1] Levantando Jesús la vista, vio a los ricos que echaban sus ofrendas en el arca del tesoro. [2] Y vio también a una viuda pobre que echaba allí dos pequeñas monedas de cobre; [3] y dijo: En verdad os digo, que esta viuda tan pobre echó más que todos ellos; [4] porque todos ellos echaron en la ofrenda de lo que les sobraba, pero ella, de su pobreza, echó todo lo que tenía para vivir. [5] Y mientras algunos estaban hablando del templo, de cómo estaba adornado con hermosas piedras y ofrendas votivas, Jesús dijo: [6] En cuanto a estas cosas que estáis mirando, vendrán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea derribada. [7] Y le preguntaron, diciendo: Maestro, ¿cuándo sucederá esto, y qué señal habrá cuando estas cosas vayan a suceder? [8] Y El dijo: Mirad que no seáis engañados; porque muchos vendrán en mi nombre, diciendo: "Yo soy el Cristo ", y: "El tiempo está cerca". No los sigáis. [9] Y cuando oigáis de guerras y disturbios, no os aterroricéis; porque estas cosas tienen que suceder primero, pero el fin no sucederá inmediatamente. [10] Entonces les dijo: Se levantará nación contra nación y reino contra reino; [11] habrá grandes terremotos, y plagas y hambres en diversos lugares; y habrá terrores y grandes señales del cielo. [12] Pero antes de todas estas cosas os echarán mano, y os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y cárceles, llevándoos ante reyes y gobernadores por causa de mi nombre. [13] Esto os dará oportunidad de testificar. [14] Por tanto, proponed en vuestros corazones no preparar de antemano vuestra defensa; [15] porque yo os daré palabras y sabiduría que ninguno de vuestros adversarios podrá resistir ni refutar. [16] Pero seréis entregados aun por padres, hermanos, parientes y amigos; y matarán a algunos de vosotros, [17] y seréis odiados de todos por causa de mi nombre. [18] Sin embargo, ni un cabello de vuestra cabeza perecerá. [19] Con vuestra perseverancia ganaréis vuestras almas. [20] Pero cuando veáis a Jerusalén rodeada de ejércitos, sabed entonces que su desolación está cerca. [21] Entonces los que estén en Judea, huyan a los montes, y los que estén en medio de la ciudad, aléjense; y los que estén en los campos, no entren en ella; [22] porque estos son días de venganza, para que se cumplan todas las cosas que están escritas. [23] ¡Ay de las que estén encinta y de las que estén criando en aquellos días! Porque habrá una gran calamidad sobre la tierra, e ira para este pueblo; [24] y caerán a filo de espada, y serán llevados cautivos a todas las naciones; y Jerusalén será hollada por los gentiles, hasta que los tiempos de los gentiles se cumplan. [25] Y habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas, y sobre la tierra, angustia entre las naciones, perplejas a causa del rugido del mar y de las olas, [26] desfalleciendo los hombres por el temor y la expectación de las cosas que vendrán sobre el mundo; porque las potencias de los cielos serán sacudidas. [27] Y entonces verán AL HIJO DEL HOMBRE QUE VIENE EN UNA NUBE con poder y gran gloria. [28] Cuando estas cosas empiecen a suceder, erguíos y levantad la cabeza, porque se acerca vuestra redención. [29] Y les refirió una parábola: Mirad la higuera y todos los árboles. [30] Cuando ya brotan las hojas, al verlo, sabéis por vosotros mismos que el verano ya está cerca. [31] Así también vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que el reino de Dios está cerca. [32] En verdad os digo que no pasará esta generación hasta que todo esto suceda. [33] El cielo y la tierra pasarán, mas mis palabras no pasarán. [34] Estad alerta, no sea que vuestro corazón se cargue con disipación y embriaguez y con las preocupaciones de la vida, y aquel día venga súbitamente sobre vosotros como un lazo; [35] porque vendrá sobre todos los que habitan sobre la faz de toda la tierra. [36] Mas velad en todo tiempo, orando para que tengáis fuerza para escapar de todas estas cosas que están por suceder, y podáis estar en pie delante del Hijo del Hombre. [37] Durante el día enseñaba en el templo, pero al oscurecer salía y pasaba la noche en el monte llamado de los Olivos. [38] Y todo el pueblo madrugaba para ir al templo a escucharle.

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