Salmo 92:1-15 NVI

[1] ¡Cuán bueno, SEÑOR, es darte gracias y entonar, oh Altísimo, salmos a tu nombre; [2] proclamar tu gran amor por la mañana y tu fidelidad por la noche, [3] al son de la lira de diez cuerdas y la melodía del arpa! [4] Tú, SEÑOR, me llenas de alegría con tus maravillas; por eso alabaré jubiloso las obras de tus manos. [5] Oh SEÑOR, ¡cuán imponentes son tus obras y cuán profundos tus pensamientos! [6] Los insensatos no lo saben; los necios no lo entienden: [7] aunque broten como hierba los malvados y florezcan todos los malhechores, para siempre serán destruidos. [8] Solo tú, SEÑOR, serás exaltado para siempre. [9] Ciertamente tus enemigos, SEÑOR, ciertamente tus enemigos perecerán; ¡dispersados por todas partes serán todos los malhechores! [10] Me has dado las fuerzas de un toro salvaje; me has ungido con el mejor aceite. [11] Me has hecho ver la caída de mis adversarios y oír la derrota de mis malvados enemigos. [12] Como palmeras florecen los justos; como cedros del Líbano crecen. [13] Plantados en la casa del SEÑOR, florecen en los atrios de nuestro Dios. [14] Aun en su vejez, darán fruto; siempre estarán saludables y frondosos [15] para proclamar: «El SEÑOR es justo, él es mi Roca y en él no hay injusticia».

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