Salmo 44:1-26 NVI
[1] Oh Dios, nuestros oídos han oído y nuestros antepasados nos han contado las proezas que realizaste en sus días, en aquellos tiempos pasados: [2] con tu propia mano expulsaste a las naciones y en su lugar plantaste a nuestros antepasados; aplastaste a aquellos pueblos, y a nuestros antepasados los hiciste prosperar. [3] Porque no fue su espada la que conquistó la tierra ni fue su brazo el que les dio la victoria: fue tu brazo, tu mano derecha; fue la luz de tu rostro, porque tú los amabas. [4] Solo tú eres mi Rey y mi Dios. ¡Decreta las victorias de Jacob! [5] Por ti derrotamos a nuestros enemigos; en tu nombre aplastamos a nuestros agresores. [6] Yo no confío en mi arco ni puede mi espada darme la victoria; [7] tú nos das la victoria sobre nuestros enemigos, y dejas en vergüenza a nuestros adversarios. [8] ¡Por siempre nos gloriaremos en Dios! ¡Por siempre alabaremos tu nombre! Selah [9] Pero ahora nos has rechazado y humillado; ya no sales con nuestros ejércitos. [10] Nos hiciste retroceder ante el enemigo; nos han saqueado nuestros adversarios. [11] Nos has entregado para que nos devoren como ovejas; nos has dispersado entre las naciones. [12] Has vendido a tu pueblo por una miseria y nada has ganado con su venta. [13] Nos has dejado en ridículo ante nuestros vecinos; somos la burla y el escarnio de los que nos rodean. [14] Nos has hecho el hazmerreír de las naciones; todos los pueblos se burlan de nosotros. [15] La humillación no me deja un solo instante; se me cae la cara de vergüenza [16] por las burlas de los que me insultan y me ofenden, por culpa del enemigo que está presto a la venganza. [17] Todo esto nos ha sucedido a pesar de que nunca te olvidamos ni faltamos jamás a tu pacto. [18] Nuestro corazón no ha vuelto atrás ni nos hemos apartado de tu senda. [19] Pero tú nos arrojaste a una cueva de chacales; ¡nos envolviste en la más tenebrosa oscuridad! [20] Si hubiéramos olvidado el nombre de nuestro Dios o extendido nuestras manos a un dios extraño, [21] ¿acaso Dios no lo habría descubierto, ya que él conoce los más íntimos secretos? [22] Por tu causa siempre nos llevan a la muerte; ¡nos tratan como a ovejas para el matadero! [23] ¡Despierta, Señor! ¿Por qué duermes? ¡Levántate! No nos rechaces para siempre. [24] ¿Por qué escondes tu rostro y te olvidas de nuestro sufrimiento y opresión? [25] Estamos abatidos hasta el polvo; nuestro cuerpo se arrastra por el suelo. [26] ¡Levántate, ven a ayudarnos! ¡Por tu gran amor, rescátanos!
