Salmo 19:1-14 NVI

[1] Los cielos cuentan la gloria de Dios; la expansión proclama la obra de sus manos. [2] Un día transmite el mensaje al otro día; una noche a la otra comparte sabiduría. [3] Sin palabras, sin lenguaje, sin una voz perceptible, [4] por toda la tierra resuena su eco; sus palabras llegan hasta los confines del mundo. Dios ha establecido en los cielos un hogar para el sol. [5] Y este, como novio que sale de la cámara nupcial, se regocija, cual poderoso guerrero, al recorrer su camino. [6] Sale de un extremo de los cielos y, en su recorrido, llega al otro extremo, sin que nada se libre de su calor. [7] La Ley del SEÑOR es perfecta: infunde nuevo aliento. El mandato del SEÑOR es digno de confianza: da sabiduría al sencillo. [8] Los preceptos del SEÑOR son rectos: traen alegría al corazón. El mandamiento del SEÑOR es claro: da luz a los ojos. [9] El temor del SEÑOR es puro: permanece para siempre. Las ordenanzas del SEÑOR son verdaderas: todas ellas son justas. [10] Son más deseables que el oro, más que mucho oro refinado; son más dulces que la miel, la miel que destila del panal. [11] Por ellas queda advertido tu siervo; quien las obedece recibe una gran recompensa. [12] ¿Quién está consciente de sus propios errores? ¡Perdóname aquellos de los que no estoy consciente! [13] Libra, además, a tu siervo de pecar a sabiendas; no permitas que tales pecados me dominen. Entonces seré íntegro, inocente de un gran pecado. [14] Sean, pues, aceptables ante ti mis palabras y mis meditaciones oh SEÑOR, mi Roca y mi Redentor.

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