Salmo 115:1-18 NVI

[1] La gloria, SEÑOR, no es para nosotros; no es para nosotros, sino para tu nombre, por causa de tu gran amor y tu fidelidad. [2] ¿Por qué tienen que decirnos las naciones: «Dónde está su Dios»? [3] Nuestro Dios está en los cielos y puede hacer todo cuanto quiere. [4] Pero sus ídolos son de plata y oro, producto de manos humanas. [5] Tienen boca, pero no pueden hablar; ojos, pero no pueden ver. [6] Tienen oídos, pero no pueden oír; nariz, pero no pueden oler. [7] Tienen manos, pero no pueden palpar; pies, pero no pueden andar. Ni un solo sonido emite su garganta. [8] Semejantes a ellos son sus hacedores y todos los que confían en ellos. [9] Pueblo de Israel, confía en el SEÑOR; él es tu ayuda y tu escudo. [10] Descendientes de Aarón, confíen en el SEÑOR; él es su ayuda y su escudo. [11] Los que temen al SEÑOR, confíen en él; él es su ayuda y su escudo. [12] El SEÑOR nos recuerda y nos bendice: bendice a su pueblo Israel, bendice a la familia de Aarón, [13] bendice a los que temen al SEÑOR, bendice a grandes y pequeños. [14] Que el SEÑOR multiplique la descendencia de ustedes y de sus hijos. [15] Que reciban bendiciones del SEÑOR, que hizo el cielo y la tierra. [16] Los cielos le pertenecen al SEÑOR, pero a la humanidad le ha dado la tierra. [17] Los muertos no alaban al SEÑOR, ninguno de los que bajan al silencio. [18] Somos nosotros los que alabamos al SEÑOR desde ahora y para siempre. ¡Aleluya!

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