Romanos 9:1-33 NVI
[1] Digo la verdad en Cristo; no miento. Mi conciencia me lo confirma en el Espíritu Santo. [2] Me invade una gran tristeza y me embarga un continuo dolor. [3] Desearía yo mismo ser maldecido y separado de Cristo por el bien de mis hermanos, los de mi propio pueblo, [4] el pueblo de Israel. De ellos son la adopción como hijos, la gloria divina, los pactos, la Ley, el privilegio de adorar a Dios y el de contar con sus promesas. [5] De ellos son los patriarcas y de ellos, según la naturaleza humana, nació Cristo, quien es Dios sobre todas las cosas. ¡Alabado sea por siempre! Amén. [6] Ahora bien, no digamos que la palabra de Dios ha fracasado. Lo que sucede es que no todos los que descienden de Israel son Israel. [7] Tampoco por ser descendientes de Abraham son todos hijos suyos. Al contrario: «Tu descendencia se establecerá por medio de Isaac». [8] En otras palabras, los hijos de Dios no son los descendientes naturales; más bien, se considera descendencia de Abraham a los hijos de la promesa. [9] Y la promesa es esta: «Dentro de un año volveré y para entonces Sara tendrá un hijo». [10] No solo eso. También sucedió que los hijos de Rebeca tuvieron un mismo padre, que fue nuestro antepasado Isaac. [11] Sin embargo, antes de que los mellizos nacieran o hicieran algo bueno o malo, y para confirmar el propósito de la elección divina, [12] no con base en las obras, sino al llamado de Dios, se le dijo a ella: «El mayor servirá al menor». [13] Y así está escrito: «Amé a Jacob, pero aborrecí a Esaú». [14] ¿Qué concluiremos? ¿Acaso es Dios injusto? ¡De ninguna manera! [15] Es un hecho que a Moisés le dice: «Tendré misericordia de quien quiera tenerla y seré compasivo con quien quiera serlo». [16] Por lo tanto, la elección no depende del deseo ni del esfuerzo humano, sino de la misericordia de Dios. [17] Porque la Escritura le dice al faraón: «Te he levantado precisamente para mostrar en ti mi poder y para que mi nombre sea proclamado por toda la tierra». [18] Así que Dios tiene misericordia de quien él quiere tenerla y endurece a quien él quiere endurecer. [19] Pero tú me dirás: «Entonces, ¿por qué todavía nos echa la culpa Dios? ¿Quién puede oponerse a su voluntad?». [20] Respondo: ¿quién eres tú para pedirle cuentas a Dios? «¿Acaso le dirá la olla de barro al que la modeló: “¿Por qué me hiciste así?”?». [21] ¿No tiene derecho el alfarero de hacer del mismo barro unas vasijas para usos especiales y otras para fines ordinarios? [22] ¿Y qué si Dios, queriendo mostrar su ira y dar a conocer su poder, soportó con mucha paciencia a los que eran objeto de su castigo y estaban destinados a la destrucción? [23] ¿Qué si lo hizo para dar a conocer sus gloriosas riquezas a los que eran objeto de su misericordia, y a quienes de antemano preparó para esa gloria? [24] Esos somos nosotros, a quienes Dios llamó no solo de entre los judíos, sino también de entre los no judíos. [25] Así lo dice Dios en el libro de Oseas: «Llamaré “mi pueblo” a los que no son mi pueblo; y llamaré “mi amada” a la que no es mi amada». [26] «Y sucederá que en el mismo lugar donde se les dijo: “Ustedes no son mi pueblo”, serán llamados “hijos del Dios viviente”». [27] Isaías, por su parte, proclama respecto a Israel: «Aunque los israelitas sean tan numerosos como la arena del mar, solo el remanente será salvo; [28] porque plenamente y sin demora el Señor cumplirá su sentencia en la tierra». [29] Así había dicho Isaías: «Si el Señor de los Ejércitos no nos hubiera dejado descendientes, seríamos ya como Sodoma, nos pareceríamos a Gomorra». [30] ¿Qué concluiremos? Pues que los no judíos, que no buscaban la justicia, la han alcanzado. Me refiero a la justicia que es por la fe. [31] En cambio Israel, que iba en busca de justicia a través de la Ley, no ha alcanzado esa justicia. [32] ¿Por qué no? Porque no la buscaron mediante la fe, sino mediante las obras, como si fuera posible alcanzarla así. Por eso tropezaron con la «piedra de tropiezo», [33] como está escrito: «Miren, yo pongo en Sion una piedra de tropiezo y una roca que hace caer; pero el que confíe en él no será defraudado».
