Mateo 9:1-38 NVI

[1] Subió Jesús a una barca, cruzó al otro lado y llegó a su propio pueblo. [2] Unos hombres le llevaron un paralítico acostado en una camilla. Al ver la fe de ellos, Jesús le dijo al paralítico: ―¡Ánimo, hijo, tus pecados quedan perdonados! [3] Algunos de los maestros de la Ley murmuraron entre ellos: «¡Este hombre blasfema!». [4] Como Jesús conocía sus pensamientos, les dijo: ―¿Por qué dan lugar a tan malos pensamientos? [5] ¿Qué es más fácil, decirle: “Tus pecados quedan perdonados” o decirle: “Levántate y anda”? [6] Pues, para que sepan que el Hijo del hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados —se dirigió entonces al paralítico—: levántate, toma tu camilla y vete a tu casa. [7] Y el hombre se levantó y se fue a su casa. [8] Al ver esto, la multitud se llenó de temor y glorificó a Dios por haber dado tal autoridad a los mortales. [9] Al irse de allí, Jesús vio a un hombre llamado Mateo, sentado a la mesa de recaudación de impuestos. «Sígueme», le dijo Jesús. Y Mateo se levantó y lo siguió. [10] Mientras Jesús estaba a la mesa en casa de Mateo, muchos recaudadores de impuestos y pecadores llegaron y comieron con él y sus discípulos. [11] Cuando los fariseos vieron esto, les preguntaron a sus discípulos: ―¿Por qué come su maestro con recaudadores de impuestos y con pecadores? [12] Al oír esto, Jesús les contestó: ―No son los sanos los que necesitan médico, sino los enfermos. [13] Pero vayan y aprendan qué significa esto: “Lo que pido de ustedes es misericordia y no sacrificios”. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores. [14] Un día se acercaron los discípulos de Juan y le preguntaron: ―¿Cómo es que nosotros y los fariseos ayunamos, pero no así tus discípulos? [15] Jesús les contestó: ―¿Acaso pueden estar de luto los invitados del novio mientras él está con ellos? Llegará el día en que se les quitará el novio; entonces sí ayunarán. [16] Nadie remienda un vestido viejo con un retazo de tela nueva, porque el remiendo fruncirá el vestido y la rotura se hará peor. [17] Ni tampoco se echa vino nuevo en recipientes de cuero viejo. De hacerlo así, se reventará el cuero, se derramará el vino y los recipientes se arruinarán. Más bien, el vino nuevo se echa en recipientes de cuero nuevo, y así ambos se conservan. [18] Mientras les decía esto, un dirigente judío llegó, se arrodilló delante de él y le dijo: ―Mi hija acaba de morir. Pero ven y pon tu mano sobre ella, y vivirá. [19] Jesús se levantó y fue con él, acompañado de sus discípulos. [20] En esto, una mujer que desde hacía doce años padecía de hemorragias se le acercó por detrás y tocó el borde de su manto. [21] Pensaba: «Si al menos logro tocar su manto, quedaré sana». [22] Jesús se dio la vuelta, la vio y le dijo: ―¡Ánimo, hija! Tu fe te ha sanado. Y la mujer quedó sana en aquel momento. [23] Cuando Jesús entró en la casa del dirigente y vio a los flautistas y el alboroto de la gente, [24] les dijo: ―Váyanse. La niña no está muerta, sino dormida. Entonces empezaron a burlarse de él. [25] Cuando se les hizo salir, entró él y tomó de la mano a la niña, y esta se levantó. [26] La noticia se divulgó por toda aquella región. [27] Al irse Jesús de allí, dos ciegos lo siguieron, gritándole: ―¡Ten compasión de nosotros, Hijo de David! [28] Cuando entró en la casa, se le acercaron los ciegos, y él les preguntó: ―¿Creen que puedo sanarlos? ―Sí, Señor —le respondieron. [29] Entonces tocó sus ojos y les dijo: ―Que se haga con ustedes conforme a su fe. [30] Y recobraron la vista. Jesús les advirtió con firmeza: ―Asegúrense de que nadie se entere de esto. [31] Pero ellos salieron para divulgar por toda aquella región la noticia acerca de Jesús. [32] Mientras ellos salían, le llevaron un mudo endemoniado. [33] Así que Jesús expulsó al demonio y el que había estado mudo habló. La gente quedó asombrada y decía: «Jamás se ha visto nada igual en Israel». [34] Pero los fariseos decían: «Este expulsa a los demonios por medio del príncipe de los demonios». [35] Jesús recorría todos los pueblos y aldeas enseñando en las sinagogas, anunciando las buenas noticias del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia. [36] Al ver a las multitudes, tuvo compasión de ellas, porque estaban agobiadas y desamparadas, como ovejas sin pastor. [37] «La cosecha es abundante, pero son pocos los obreros —les dijo a sus discípulos—. [38] Por tanto, pidan al Señor de la cosecha que envíe obreros a su campo».

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