Mateo 27:1-66 NVI

[1] Muy de mañana, todos los jefes de los sacerdotes y los líderes religiosos del pueblo tomaron la decisión de condenar a muerte a Jesús. [2] Lo ataron, se lo llevaron y se lo entregaron a Pilato, el gobernador. [3] Cuando Judas, el que lo había traicionado, vio que habían condenado a Jesús, sintió remordimiento y devolvió las treinta monedas de plata a los jefes de los sacerdotes y a los líderes religiosos. [4] ―He pecado —les dijo—, porque he entregado a la muerte a un inocente. ―¿Y eso a nosotros qué nos importa? —respondieron—. ¡Allá tú! [5] Entonces Judas arrojó el dinero en el santuario y salió de allí. Luego fue y se ahorcó. [6] Los jefes de los sacerdotes recogieron las monedas y dijeron: «La ley no permite echar esto al tesoro, porque es dinero pagado para derramar sangre». [7] Así que resolvieron comprar con ese dinero un terreno conocido como Campo del Alfarero, para sepultar allí a los extranjeros. [8] Por eso ha sido llamado Campo de Sangre hasta el día de hoy. [9] Así se cumplió lo dicho por el profeta Jeremías: «Tomaron las treinta monedas de plata, el precio que el pueblo de Israel había fijado, [10] y con ellas compraron el campo del alfarero, como me ordenó el Señor». [11] Mientras tanto, Jesús compareció ante el gobernador, y este le preguntó: ―¿Eres tú el rey de los judíos? ―Tú mismo lo dices —respondió Jesús. [12] Al ser acusado por los jefes de los sacerdotes y por los líderes religiosos, Jesús no contestó nada. [13] ―¿No oyes lo que declaran contra ti? —le dijo Pilato. [14] Pero Jesús no contestó ni a una sola acusación, por lo que el gobernador se llenó de asombro. [15] Ahora bien, durante la fiesta el gobernador acostumbraba a soltar un preso que la gente escogiera. [16] Tenían un preso famoso llamado Jesús Barrabás. [17] Así que, cuando se reunió la multitud, Pilato les preguntó: ―¿A quién quieren que les suelte: a Jesús Barrabás o a Jesús, al que llaman Cristo? [18] Pilato sabía que habían entregado a Jesús por envidia. [19] Mientras Pilato estaba sentado en el tribunal, su esposa le envió el siguiente recado: «No te metas con ese justo, pues, por causa de él, hoy he sufrido mucho en un sueño». [20] Pero los jefes de los sacerdotes y los líderes religiosos persuadieron a la multitud para que le pidiera a Pilato soltar a Barrabás y ejecutar a Jesús. [21] ―¿A cuál de los dos quieren que les suelte? —preguntó el gobernador. ―A Barrabás —dijeron ellos. [22] ―¿Y qué voy a hacer con Jesús, al que llaman Cristo? —preguntó Pilato. ―¡Crucifícalo! —respondieron todos. [23] Pero él dijo: ―¿Por qué? ¿Qué crimen ha cometido? Pero ellos gritaban aún más fuerte: ―¡Crucifícalo! [24] Cuando Pilato vio que no conseguía nada, sino que más bien se estaba formando un tumulto, pidió agua y se lavó las manos delante de la gente. ―Soy inocente de la muerte de este hombre —dijo—. ¡Allá ustedes! [25] ―¡Que la culpa de su muerte caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos! —contestó todo el pueblo. [26] Entonces les soltó a Barrabás; pero a Jesús lo mandó azotar y lo entregó para que lo crucificaran. [27] Los soldados del gobernador llevaron a Jesús al palacio y reunieron a toda la tropa alrededor de él. [28] Le quitaron la ropa y le pusieron un manto color escarlata. [29] Luego trenzaron una corona de espinas y se la colocaron en la cabeza; en la mano derecha le pusieron una vara. Arrodillándose delante de él, se burlaban diciendo: ―¡Viva el rey de los judíos! [30] También le escupían y con la vara golpeaban su cabeza. [31] Después de burlarse de él, le quitaron el manto, le pusieron su propia ropa y se lo llevaron para crucificarlo. [32] Al salir, encontraron a un hombre de Cirene que se llamaba Simón y lo obligaron a llevar la cruz. [33] Llegaron a un lugar llamado Gólgota, que significa «Lugar de la Calavera». [34] Allí le dieron a Jesús vino mezclado con hiel; pero, después de probarlo, se negó a beberlo. [35] Lo crucificaron y repartieron su ropa, echando suertes. [36] Y se sentaron a vigilarlo. [37] Encima de su cabeza pusieron por escrito la causa de su condena: Este es Jesús, el Rey de los judíos. [38] Con él crucificaron a dos bandidos, uno a su derecha y otro a su izquierda. [39] Los que pasaban meneaban la cabeza y blasfemaban contra él: [40] ―Tú que destruyes el templo y en tres días lo reconstruyes, ¡sálvate a ti mismo! Si eres el Hijo de Dios, ¡baja de la cruz! [41] De la misma manera, se burlaban de él los jefes de los sacerdotes, junto con los maestros de la Ley y los líderes religiosos. [42] ―Salvó a otros —decían—, ¡pero no puede salvarse a sí mismo! ¡Y es el rey de Israel! Que baje ahora de la cruz y así creeremos en él. [43] Él confía en Dios; pues que lo libre Dios ahora, si de veras lo quiere. ¿Acaso no dijo: “Yo soy el Hijo de Dios”? [44] Así también lo insultaban los bandidos que estaban crucificados con él. [45] Desde el mediodía y hasta las tres de la tarde, toda la tierra quedó en oscuridad. [46] Como a las tres de la tarde, Jesús gritó con fuerza: ―Elí, Elí, ¿lema sabactani? (Esto significa «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»). [47] Cuando lo oyeron, algunos de los que estaban allí dijeron: ―Está llamando a Elías. [48] Al instante uno de ellos corrió en busca de una esponja. La empapó en vinagre, la puso en una vara y se la ofreció a Jesús para que bebiera. [49] Los demás decían: ―Déjalo, a ver si viene Elías a salvarlo. [50] Entonces Jesús volvió a gritar con fuerza y entregó su espíritu. [51] En ese momento, la cortina del santuario del templo se rasgó en dos, de arriba abajo. La tierra tembló y se partieron las rocas. [52] Se abrieron los sepulcros, y muchos creyentes que habían muerto resucitaron. [53] Salieron de los sepulcros y, después de la resurrección de Jesús, entraron en la ciudad santa y se aparecieron a muchos. [54] Cuando el centurión y los que con él estaban custodiando a Jesús vieron el terremoto y todo lo que había sucedido, quedaron aterrados y exclamaron: ―¡Verdaderamente este era el Hijo de Dios! [55] Estaban allí, mirando desde lejos, muchas mujeres que habían seguido a Jesús desde Galilea para servirle. [56] Entre ellas se encontraban María Magdalena, María la madre de Santiago y de José, y también la madre de los hijos de Zebedeo. [57] Al atardecer, llegó un hombre rico de Arimatea, llamado José, que también se había convertido en discípulo de Jesús. [58] Se presentó ante Pilato para pedirle el cuerpo de Jesús, y Pilato ordenó que se lo dieran. [59] José tomó el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia [60] y lo puso en un sepulcro nuevo de su propiedad, que había cavado en la roca. Luego hizo rodar una piedra grande a la entrada del sepulcro y se fue. [61] Allí estaban, sentadas frente al sepulcro, María Magdalena y la otra María. [62] Al día siguiente, después del día de la preparación, los jefes de los sacerdotes y los fariseos se presentaron ante Pilato. [63] ―Señor —le dijeron—, nosotros recordamos que, mientras ese engañador aún vivía, dijo: “A los tres días resucitaré”. [64] Por eso, ordene usted que se selle el sepulcro hasta el tercer día, no sea que vengan sus discípulos, se roben el cuerpo y le digan al pueblo que ha resucitado. Ese último engaño sería peor que el primero. [65] ―Llévense una guardia de soldados —les ordenó Pilato—, y vayan a asegurar el sepulcro lo mejor que puedan. [66] Así que ellos fueron, cerraron el sepulcro con una piedra, lo sellaron y dejaron puesta la guardia.

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