Mateo 20:1-34 NVI
[1] »Asimismo, el reino de los cielos se parece a un propietario que salió de madrugada a contratar obreros para su viñedo. [2] Acordó darles la paga de un día de trabajo y los envió a su viñedo. [3] Cerca de las nueve de la mañana, salió y vio a otros que estaban desocupados en la plaza. [4] Les dijo: “Vayan también ustedes a trabajar en mi viñedo y les pagaré lo que sea justo”. [5] Así que fueron. Salió de nuevo a eso del mediodía, y luego a la media tarde e hizo lo mismo. [6] Alrededor de las cinco de la tarde, salió y encontró a otros más que estaban sin trabajo. Les preguntó: “¿Por qué han estado aquí desocupados todo el día?”. [7] “Porque nadie nos ha contratado”, contestaron. Él les dijo: “Vayan también ustedes a trabajar en mi viñedo”. [8] »Al atardecer, el dueño del viñedo le ordenó a su capataz: “Llama a los obreros y págales su salario, comenzando por los últimos contratados hasta llegar a los primeros”. [9] Se presentaron los obreros que habían sido contratados cerca de las cinco de la tarde y cada uno recibió la paga de un día. [10] Por eso, cuando llegaron los que fueron contratados primero, esperaban recibir más. Pero cada uno de ellos recibió también la paga de un día. [11] Al recibirla, comenzaron a murmurar contra el propietario. [12] “Estos que fueron los últimos en ser contratados trabajaron una sola hora —dijeron—, y usted los ha tratado como a nosotros que hemos soportado el peso del trabajo y el calor del día”. [13] Pero él le contestó a uno de ellos: “Amigo, no estoy cometiendo ninguna injusticia contigo. ¿Acaso no aceptaste trabajar por esa paga? [14] Tómala y vete. Quiero darle al último obrero contratado lo mismo que te di a ti. [15] ¿Es que no tengo derecho a hacer lo que quiera con mi dinero? ¿O te da envidia que yo sea generoso?”. [16] »Así que los últimos serán primeros y los primeros serán últimos. [17] Mientras subía Jesús rumbo a Jerusalén, tomó aparte a los doce discípulos y les dijo: [18] «Ahora vamos subiendo a Jerusalén, y el Hijo del hombre será entregado a los jefes de los sacerdotes y a los maestros de la Ley. Ellos lo condenarán a muerte [19] y lo entregarán a los gentiles para que se burlen de él, lo azoten y lo crucifiquen. Pero al tercer día resucitará». [20] Entonces la madre de los hijos de Zebedeo, junto con ellos, se acercó a Jesús y, arrodillándose, le pidió un favor. [21] ―¿Qué quieres? —le preguntó Jesús. Ella le dijo: ―Ordena que en tu reino uno de estos dos hijos míos se siente a tu derecha y el otro a tu izquierda. [22] ―Ustedes no saben lo que están pidiendo —les respondió Jesús—. ¿Pueden acaso beber el trago amargo de la copa que yo voy a beber? ―Sí, podemos. [23] ―Les aseguro que beberán de mi copa —les dijo Jesús—, pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me corresponde concederlo. Eso ya lo ha decidido mi Padre. [24] Cuando lo oyeron los otros diez, se indignaron con los dos hermanos. [25] Jesús los llamó y les dijo: ―Como ustedes saben, los gobernantes de las naciones oprimen al pueblo y los altos oficiales abusan de su autoridad. [26] Pero entre ustedes no debe ser así. Al contrario, el que quiera hacerse grande entre ustedes deberá ser su servidor [27] y el que quiera ser el primero deberá ser esclavo de los demás, [28] así como el Hijo del hombre no vino para que le sirvan, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos. [29] Una gran multitud seguía a Jesús cuando él salía de Jericó con sus discípulos. [30] Dos ciegos que estaban sentados junto al camino, al oír que pasaba Jesús, gritaron: ―¡Señor, Hijo de David, ten compasión de nosotros! [31] La multitud los reprendía para que se callaran, pero ellos gritaban con más fuerza: ―¡Señor, Hijo de David, ten compasión de nosotros! [32] Jesús se detuvo y los llamó. ―¿Qué quieren que haga por ustedes? [33] ―Señor, queremos recibir la vista. [34] Jesús se compadeció de ellos y tocó sus ojos. Al instante recobraron la vista y lo siguieron.
