Marcos 8:1-38 NVI
[1] En aquellos días se reunió de nuevo mucha gente. Como no tenían nada que comer, Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: [2] ―Siento compasión de esta gente porque ya llevan tres días conmigo y no tienen nada que comer. [3] Si los despido a sus casas sin haber comido, se van a desmayar por el camino, porque algunos de ellos han venido de lejos. [4] Los discípulos objetaron: ―¿Dónde se va a conseguir suficiente pan en este lugar despoblado para darles de comer? [5] ―¿Cuántos panes tienen? —les preguntó Jesús. ―Siete —respondieron ellos. [6] Luego Jesús mandó que la gente se sentara en el suelo. Tomó los siete panes, dio gracias, los partió y se los fue dando a sus discípulos para que los repartieran a la gente. Así lo hicieron. [7] Tenían además unos cuantos pescaditos. Dio gracias por ellos también y les dijo a los discípulos que los repartieran. [8] La gente comió hasta quedar satisfecha. Después los discípulos recogieron siete cestas de pedazos que sobraron. [9] Los que comieron eran unos cuatro mil. Tan pronto como los despidió, [10] Jesús subió a la barca con sus discípulos y se fue a la región de Dalmanuta. [11] Llegaron los fariseos y comenzaron a discutir con Jesús. Para ponerlo a prueba, le pidieron una señal del cielo. [12] Él lanzó un profundo suspiro y dijo: «¿Por qué pide esta generación una señal milagrosa? Les aseguro que no habrá ninguna señal». [13] Entonces los dejó, volvió a embarcarse y cruzó al otro lado. [14] Los discípulos habían olvidado llevar panes y solo tenían uno en la barca. [15] ―Presten atención —les advirtió Jesús—; ¡cuídense de la levadura de los fariseos y de la de Herodes! [16] Ellos comentaban los unos con los otros: «Lo dice porque no trajimos pan». [17] Al darse cuenta de esto, Jesús les dijo: ―¿Por qué están hablando de que no tienen pan? ¿Todavía no ven ni entienden? ¿Tienen el corazón endurecido? [18] ¿Es que tienen ojos, pero no ven, y oídos, pero no oyen? ¿Acaso no recuerdan? [19] Cuando partí los cinco panes para los cinco mil, ¿cuántas canastas llenas de pedazos recogieron? ―Doce —respondieron ellos. [20] ―Y, cuando partí los siete panes para los cuatro mil, ¿cuántas cestas llenas de pedazos recogieron? ―Siete —dijeron. [21] Entonces concluyó: ―¿Y todavía no entienden? [22] Cuando llegaron a Betsaida, algunas personas le llevaron un ciego a Jesús y le rogaron que lo tocara. [23] Él tomó de la mano al ciego y lo sacó fuera del pueblo. Después de escupir en sus ojos y de poner las manos sobre él, le preguntó: ―¿Puedes ver algo? [24] El hombre alzó los ojos y dijo: ―Veo gente; parecen árboles que caminan. [25] Entonces le puso de nuevo las manos sobre los ojos, y el ciego fue curado; recobró la vista y comenzó a ver todo con claridad. [26] Jesús lo mandó a su casa con esta advertencia: ―No vayas a entrar en el pueblo. [27] Jesús y sus discípulos salieron hacia las aldeas de Cesarea de Filipo. En el camino les preguntó: ―¿Quién dice la gente que soy yo? [28] Le respondieron: ―Unos dicen que Juan el Bautista, otros, que Elías y otros, que uno de los profetas. [29] ―Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo? —preguntó Jesús. ―Tú eres el Cristo —afirmó Pedro. [30] Jesús les ordenó que no hablaran a nadie acerca de él. [31] Luego comenzó a enseñarles: ―El Hijo del hombre tiene que sufrir muchas cosas y ser rechazado por los líderes religiosos, por los jefes de los sacerdotes y por los maestros de la Ley. Es necesario que lo maten y que a los tres días resucite. [32] Habló de esto con toda claridad. Pedro lo llevó aparte y comenzó a reprenderlo. [33] Pero Jesús se dio la vuelta, miró a sus discípulos y reprendió a Pedro. ―¡Aléjate de mí, Satanás! —le dijo—. Tú no piensas en las cosas de Dios, sino en las de los hombres. [34] Entonces llamó a la multitud y a sus discípulos. ―Si alguien quiere ser mi discípulo —les dijo—, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga. [35] Porque el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa y por el evangelio la salvará. [36] ¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si se pierde la vida? [37] ¿O qué se puede dar a cambio de la vida? [38] Si alguien se avergüenza de mí y de mis palabras en medio de esta generación adúltera y pecadora, también el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles.
