Marcos 4:1-41 NVI

[1] De nuevo comenzó Jesús a enseñar a la orilla del lago. La multitud que se reunió para verlo era tan grande que él subió a una barca en el lago y allí se sentó, mientras toda la gente se quedaba en la orilla. [2] Entonces se puso a enseñarles muchas cosas por medio de parábolas y, como parte de su instrucción, les dijo: [3] «¡Pongan atención! Un sembrador salió a sembrar. [4] Sucedió que, al esparcir él las semillas, una parte cayó junto al camino, y llegaron los pájaros y se la comieron. [5] Otra parte cayó en terreno pedregoso, sin mucha tierra. Esas semillas brotaron pronto porque la tierra no era profunda; [6] pero, cuando salió el sol, las plantas se marchitaron y, por no tener raíz, se secaron. [7] Otra parte de las semillas cayó entre espinos que, al crecer, ahogaron las plantas, y no dieron fruto. [8] Pero las otras semillas cayeron en buen terreno. Brotaron, crecieron y produjeron una cosecha que rindió hasta treinta, sesenta y cien veces más. [9] »El que tenga oídos para oír, que oiga», añadió Jesús. [10] Cuando se quedó solo, los doce y los que estaban alrededor de él le hicieron preguntas sobre las parábolas. [11] Él contestó: «A ustedes se les ha concedido conocer el misterio del reino de Dios; pero a los de afuera todo les llega por medio de parábolas, [12] para que »“por mucho que vean, no perciban; por mucho que oigan, no entiendan; no sea que se conviertan y sean perdonados”. [13] »¿No entienden esta parábola? —continuó Jesús—. ¿Cómo podrán, entonces, entender las demás? [14] El sembrador siembra la palabra. [15] Algunos son como lo sembrado junto al camino, donde se siembra la palabra. Tan pronto como la oyen, viene Satanás y les quita la palabra sembrada en ellos. [16] Otros son como lo sembrado en terreno pedregoso: cuando oyen la palabra, de inmediato la reciben con alegría, [17] pero, como no tienen raíz, duran poco tiempo. Cuando surgen problemas o persecución a causa de la palabra, enseguida se apartan de ella. [18] Otros son como lo sembrado entre espinos: oyen la palabra, [19] pero las preocupaciones de esta vida, el engaño de las riquezas y muchos otros malos deseos entran hasta ahogar la palabra, de modo que esta no llega a dar fruto. [20] Pero otros son como lo sembrado en buen terreno: oyen la palabra, la aceptan y producen una cosecha que rinde treinta, sesenta y hasta cien veces más». [21] También les dijo: «¿Acaso se trae una lámpara para ponerla debajo de una vasija o debajo de la cama? ¿No es, por el contrario, para ponerla en un candelero? [22] No hay nada escondido que no esté destinado a descubrirse; tampoco hay nada oculto que no esté destinado a ser revelado públicamente. [23] El que tenga oídos para oír, que oiga. [24] »Pongan mucha atención —añadió—. Con la medida con que midan a otros, se les medirá a ustedes y aún más se les añadirá. [25] Al que tiene se le dará más; al que no tiene hasta lo que tiene se le quitará». [26] Jesús continuó: «El reino de Dios se parece a quien esparce semilla en la tierra. [27] Sin que este sepa cómo, y ya sea que duerma o esté despierto, día y noche brota y crece la semilla. [28] La tierra da fruto por sí sola; primero el tallo, luego la espiga y después el grano lleno en la espiga. [29] Tan pronto como el grano está maduro, se le mete la hoz, pues ha llegado el tiempo de la cosecha». [30] También dijo: «¿Con qué vamos a comparar el reino de Dios? ¿Qué parábola podemos usar para describirlo? [31] Es como una semilla de mostaza: cuando se siembra en la tierra, es la semilla más pequeña que hay, [32] pero una vez sembrada crece hasta convertirse en la más grande de las hortalizas, y echa ramas tan grandes que las aves pueden anidar bajo su sombra». [33] Y con muchas parábolas semejantes les enseñaba Jesús la palabra hasta donde podían entender. [34] No les decía nada sin emplear parábolas. Pero, cuando estaba a solas con sus discípulos, les explicaba todo. [35] Ese día al anochecer les dijo a sus discípulos: ―Crucemos al otro lado. [36] Dejaron a la multitud y se lo llevaron en la barca donde estaba. También lo acompañaban otras barcas. [37] Se desató entonces una fuerte tormenta y las olas azotaban tanto la barca que ya comenzaba a inundarse. [38] Mientras tanto, Jesús estaba en la popa, durmiendo sobre un cabezal, así que los discípulos lo despertaron. ―¡Maestro! —gritaron—. ¿No te importa que nos ahoguemos? [39] Él se levantó, reprendió al viento y ordenó al mar: ―¡Silencio! ¡Cálmate! El viento se calmó y todo quedó completamente tranquilo. [40] ―¿Por qué tienen tanto miedo? —dijo a sus discípulos—. ¿Todavía no tienen fe? [41] Ellos estaban espantados y se decían unos a otros: ―¿Quién es este que hasta el viento y el mar le obedecen?

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