Lucas 6:1-49 NVI

[1] Un sábado, al pasar Jesús por los sembrados, sus discípulos arrancaron unas espigas de trigo, y las frotaban entre las manos para comérselas. [2] Por eso algunos de los fariseos les dijeron: ―¿Por qué hacen ustedes lo que está prohibido hacer en día sábado? [3] Jesús les contestó: ―¿Nunca han leído lo que hizo David en aquella ocasión en que él y sus compañeros tuvieron hambre? [4] Entró en la casa de Dios y, tomando los panes consagrados a Dios, comió lo que solo a los sacerdotes les es permitido comer. Y les dio también a sus compañeros. [5] Entonces añadió: ―El Hijo del hombre es Señor del sábado. [6] Otro sábado entró en la sinagoga y comenzó a enseñar. Había allí un hombre que tenía la mano derecha paralizada. [7] Así que los maestros de la Ley y los fariseos, buscando un motivo para acusar a Jesús, no le quitaban la vista de encima para ver si sanaba en día sábado. [8] Pero Jesús, que sabía lo que estaban pensando, le dijo al hombre de la mano paralizada: ―Levántate y ponte frente a todos. Así que el hombre se puso de pie. [9] Entonces Jesús dijo a los otros: ―Les pregunto: ¿qué está permitido hacer en sábado: hacer el bien o el mal, salvar una vida o destruirla? [10] Jesús se quedó mirando a todos los que lo rodeaban y le dijo al hombre: ―Extiende la mano. Así lo hizo, y la mano quedó restablecida. [11] Pero ellos se enfurecieron y comenzaron a discutir qué podrían hacer contra Jesús. [12] Por aquel tiempo se fue Jesús a la montaña a orar y pasó toda la noche en oración a Dios. [13] Al llegar la mañana, llamó a sus discípulos y escogió a doce de ellos, a los que nombró apóstoles: [14] Simón (a quien llamó Pedro), su hermano Andrés, Santiago, Juan, Felipe, Bartolomé, [15] Mateo, Tomás, Santiago, hijo de Alfeo, Simón, al que llamaban el Zelote, [16] Judas, hijo de Santiago, y Judas Iscariote, que llegó a ser el traidor. [17] Luego bajó con ellos y se detuvo en un llano. Había allí una gran multitud de sus discípulos y mucha gente de toda Judea, de Jerusalén y de la costa de Tiro y Sidón, [18] que habían llegado para oírlo y para que los sanara de sus enfermedades. Los que eran atormentados por espíritus malignos quedaban liberados; [19] así que toda la gente procuraba tocarlo, porque de él salía poder que sanaba a todos. [20] Él entonces dirigió la mirada a sus discípulos y dijo: «Dichosos ustedes los pobres, porque el reino de Dios les pertenece. [21] Dichosos ustedes que ahora pasan hambre, porque serán saciados. Dichosos ustedes que ahora lloran, porque luego habrán de reír. [22] Dichosos serán ustedes cuando los odien, cuando los discriminen, los insulten y los desprestigien por causa del Hijo del hombre. [23] »Alégrense en aquel día y salten de gozo, pues miren que les espera una gran recompensa en el cielo. Dense cuenta de que los antepasados de esta gente trataron así a los profetas. [24] »Pero ¡ay de ustedes los ricos, porque ya han recibido su consuelo! [25] ¡Ay de ustedes los que ahora están saciados, porque sabrán lo que es pasar hambre! ¡Ay de ustedes los que ahora ríen, porque sufrirán y llorarán! [26] ¡Ay de ustedes cuando todos los elogien! Dense cuenta de que los antepasados de esta gente trataron así a los falsos profetas. [27] »Pero a ustedes que me escuchan les digo: amen a sus enemigos, hagan bien a quienes los odian, [28] bendigan a quienes los maldicen y oren por quienes los maltratan. [29] Si alguien te pega en una mejilla, vuélvele también la otra. Si alguien te quita la capa, no le impidas que se lleve también la camisa. [30] Dale a todo el que te pida y, si alguien se lleva lo que es tuyo, no se lo reclames. [31] Traten a los demás tal y como quieren que ellos los traten a ustedes. [32] »¿Qué mérito tienen ustedes al amar solamente a quienes los aman? Aun los pecadores lo hacen así. [33] ¿Y qué mérito tienen ustedes al hacer bien a quienes les hacen bien? Aun los pecadores actúan así. [34] ¿Y qué mérito tienen ustedes al dar prestado a quienes pueden corresponderles? Aun los pecadores se prestan entre sí, esperando recibir el mismo trato. [35] Ustedes, por el contrario, amen a sus enemigos, háganles bien y denles prestado sin esperar nada a cambio. Así tendrán una gran recompensa y serán hijos del Altísimo, porque él es bondadoso con los ingratos y malvados. [36] Sean compasivos, así como su Padre es compasivo. [37] »No juzguen y no se les juzgará. No condenen y no se les condenará. Perdonen y se les perdonará. [38] Den y se les dará: se les echará en el regazo una medida llena, apretada, sacudida y desbordante. Porque con la medida con que midan a otros, se les medirá a ustedes». [39] También les contó esta parábola: «¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán ambos en el hoyo? [40] El discípulo no es superior a su maestro, pero todo el que haya completado su aprendizaje será como su maestro. [41] »¿Por qué te fijas en la astilla que tiene tu hermano en el ojo y no le das importancia a la viga que está en el tuyo? [42] ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: “Hermano, déjame sacarte la astilla del ojo”, cuando tú mismo no te das cuenta de la viga en el tuyo? ¡Hipócrita! Saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás con claridad para sacar la astilla del ojo de tu hermano. [43] »Ningún árbol bueno da fruto malo; tampoco da buen fruto el árbol malo. [44] A cada árbol se le reconoce por su propio fruto. No se recogen higos de los espinos ni se cosechan uvas de las zarzas. [45] El que es bueno, de la bondad que atesora en el corazón produce el bien; pero el que es malo, de su maldad produce el mal, porque de lo que abunda en el corazón habla la boca. [46] »¿Por qué me llaman ustedes “Señor, Señor”, y no hacen lo que les digo? [47] Voy a decirles a quién se parece todo el que viene a mí, oye mis palabras y las pone en práctica: [48] se parece a un hombre que al construir una casa cavó bien hondo y puso el cimiento sobre la roca. De manera que cuando vino una inundación, el torrente azotó aquella casa, pero no pudo ni siquiera hacerla tambalear porque estaba bien construida. [49] Pero el que oye mis palabras y no las pone en práctica se parece a un hombre que construyó una casa sobre tierra y sin cimientos. Tan pronto como la azotó el torrente, la casa se derrumbó y el desastre fue terrible».

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