Lucas 22:1-71 NVI
[1] Se aproximaba la fiesta de los Panes sin levadura, llamada la Pascua. [2] Los jefes de los sacerdotes y los maestros de la Ley buscaban algún modo de acabar con Jesús, porque temían al pueblo. [3] Entonces entró Satanás en Judas, uno de los doce, al que llamaban Iscariote. [4] Este fue a los jefes de los sacerdotes y a los capitanes del templo para tratar con ellos cómo les entregaría a Jesús. [5] Ellos se alegraron y acordaron darle dinero. [6] Él aceptó y comenzó a buscar una oportunidad para entregarles a Jesús cuando no hubiera gente. [7] Cuando llegó el día de la fiesta de los Panes sin levadura, en que debía sacrificarse el cordero de la Pascua, [8] Jesús envió a Pedro y a Juan, diciéndoles: ―Vayan a hacer los preparativos para que comamos la Pascua. [9] ―¿Dónde quieres que la preparemos? —le preguntaron. [10] ―Miren —contestó él—, al entrar ustedes en la ciudad les saldrá al encuentro un hombre que lleva un cántaro de agua. Síganlo hasta la casa en que entre [11] y díganle al dueño de la casa: “El Maestro pregunta: ¿dónde está la sala en la que voy a comer la Pascua con mis discípulos?”. [12] Él les mostrará en la planta alta una sala amplia y amueblada. Preparen allí la cena. [13] Ellos se fueron y encontraron todo tal como les había dicho Jesús. Así que prepararon la Pascua. [14] Cuando llegó la hora, Jesús y sus apóstoles se sentaron a la mesa. [15] Entonces les dijo: ―He tenido muchísimos deseos de comer esta Pascua con ustedes antes de padecer, [16] pues les digo que no volveré a comerla hasta que tenga su pleno cumplimiento en el reino de Dios. [17] Luego tomó la copa, dio gracias y dijo: ―Tomen esto y repártanlo entre ustedes. [18] Les digo que no volveré a beber del fruto de la vid hasta que venga el reino de Dios. [19] También tomó pan y, después de dar gracias, lo partió, se lo dio a ellos y dijo: ―Esto es mi cuerpo, entregado por ustedes; hagan esto en memoria de mí. [20] De la misma manera, tomó la copa después de cenar y dijo: ―Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que es derramada por ustedes. [21] Pero sepan que la mano del que va a traicionarme está con la mía sobre la mesa. [22] El Hijo del hombre se irá según está determinado, pero ¡ay de aquel que lo traiciona! [23] Entonces comenzaron a preguntarse unos a otros quién de ellos haría esto. [24] Tuvieron además un altercado sobre cuál de ellos sería el más importante. [25] Jesús les dijo: ―Los reyes de las naciones oprimen a sus súbditos y los que ejercen autoridad sobre ellos se llaman a sí mismos benefactores. [26] No sea así entre ustedes. Al contrario, el mayor debe comportarse como el menor y el que manda como el que sirve. [27] Porque, ¿quién es más importante, el que está a la mesa o el que sirve? ¿No lo es el que está sentado a la mesa? Sin embargo, yo estoy entre ustedes como uno que sirve. [28] Ahora bien, ustedes son los que han estado siempre a mi lado en mis pruebas. [29] Por eso, yo mismo les concedo un reino, así como mi Padre me lo concedió a mí, [30] para que coman y beban a mi mesa en mi reino y se sienten en tronos para juzgar a las doce tribus de Israel. [31] »Simón, Simón, mira que Satanás ha pedido zarandearlos a ustedes como si fueran trigo. [32] Pero yo he orado por ti, para que no falle tu fe. Y tú, cuando te hayas vuelto a mí, fortalece a tus hermanos. [33] ―Señor —respondió Pedro—, estoy dispuesto a ir contigo tanto a la cárcel como a la muerte. [34] Pero él dijo: ―Pedro, te digo que hoy mismo, antes de que cante el gallo, tres veces negarás que me conoces. [35] Luego Jesús dijo a todos: ―Cuando los envié a ustedes sin monedero ni bolsa ni sandalias, ¿acaso les faltó algo? ―Nada —respondieron. [36] Entonces les dijo: ―Ahora, en cambio, el que tenga un monedero, que lo lleve; así mismo, el que tenga una bolsa. Y el que no tenga espada, que venda su manto y compre una. [37] Porque les digo que tiene que cumplirse en mí aquello que está escrito: “Y fue contado entre los malhechores”. En efecto, lo que se ha escrito de mí se está cumpliendo. [38] ―Mira, Señor —le señalaron los discípulos—, aquí hay dos espadas. ―¡Basta! —les contestó. [39] Jesús salió de la ciudad y, como de costumbre, se dirigió al monte de los Olivos, y sus discípulos lo siguieron. [40] Cuando llegaron al lugar, les dijo: «Oren para que no caigan en tentación». [41] Entonces se separó de ellos a una buena distancia, se arrodilló y empezó a orar: [42] «Padre, si quieres, no me hagas beber este trago amargo; pero no se cumpla mi voluntad, sino la tuya». [43] Entonces se le apareció un ángel del cielo para fortalecerlo. [44] Pero, como estaba angustiado, se puso a orar con más fervor y su sudor era como gotas de sangre que caían a tierra. [45] Cuando terminó de orar y volvió a los discípulos, los encontró dormidos, agotados por la tristeza. [46] «¿Por qué están durmiendo? —les exhortó—. Levántense y oren para que no caigan en tentación». [47] Todavía estaba hablando Jesús cuando se apareció una turba, y al frente iba uno de los doce, el que se llamaba Judas. Este se acercó a Jesús para besarlo, [48] pero Jesús le preguntó: ―Judas, ¿con un beso traicionas al Hijo del hombre? [49] Los discípulos que lo rodeaban, al darse cuenta de lo que pasaba, dijeron: ―Señor, ¿atacamos con la espada? [50] Y uno de ellos hirió al siervo del sumo sacerdote, cortándole la oreja derecha. [51] ―¡Déjenlos! —ordenó Jesús. Entonces le tocó la oreja al hombre y lo sanó. [52] Luego dijo a los jefes de los sacerdotes, a los capitanes del templo y a los líderes religiosos, que habían venido a prenderlo: ―¿Acaso soy un bandido para que vengan con espadas y palos? [53] Todos los días estaba con ustedes en el templo y no se atrevieron a ponerme las manos encima. Pero ya ha llegado la hora de ustedes, cuando reinan las tinieblas. [54] Prendieron entonces a Jesús y lo llevaron a la casa del sumo sacerdote. Pedro los seguía de lejos. [55] Pero luego, cuando encendieron una fogata en medio del patio y se sentaron alrededor, Pedro se les unió. [56] Una criada lo vio allí sentado a la lumbre, lo miró detenidamente y dijo: ―Este estaba con él. [57] Pero él lo negó, diciendo: ―Muchacha, yo no lo conozco. [58] Poco después lo vio otro y afirmó: ―Tú también eres uno de ellos. ―¡No, hombre, no lo soy! —contestó Pedro. [59] Como una hora más tarde, otro lo acusó: ―Seguro que este estaba con él; miren que es galileo. [60] ―¡Hombre, no sé de qué estás hablando! —respondió Pedro. En el mismo momento en que dijo eso, cantó el gallo. [61] El Señor se volvió y miró directamente a Pedro. Entonces Pedro se acordó de lo que el Señor le había dicho: «Hoy mismo, antes de que el gallo cante, me negarás tres veces». [62] Y, saliendo de allí, lloró amargamente. [63] Los hombres que vigilaban a Jesús comenzaron a burlarse de él y a golpearlo. [64] Vendaron sus ojos y le preguntaban: ―¡Profetiza! ¿Quién te pegó? [65] Y le lanzaban muchos otros insultos. [66] Al amanecer, se reunieron los líderes religiosos del pueblo, tanto los jefes de los sacerdotes como los maestros de la Ley, e hicieron comparecer a Jesús ante el Consejo. [67] ―Si eres el Cristo, dínoslo —le exigieron. Jesús les contestó: ―Si se lo dijera a ustedes, no me lo creerían [68] y, si les hiciera preguntas, no me contestarían. [69] Pero de ahora en adelante el Hijo del hombre estará sentado a la derecha del Dios Todopoderoso. [70] ―¿Eres tú, entonces, el Hijo de Dios? —le preguntaron a una voz. Y él les dijo: ―Ustedes mismos lo dicen. [71] ―¿Para qué necesitamos más testimonios? —resolvieron—. Acabamos de oírlo de sus propios labios.
