Lucas 17:1-37 NVI
[1] Luego dijo Jesús a sus discípulos: ―Los tropiezos son inevitables, pero ¡ay de aquel que los ocasiona! [2] Más le valdría ser arrojado al mar con una piedra de molino atada al cuello que servir de tropiezo a uno solo de estos pequeños. [3] Así que, ¡cuídense! »Si tu hermano peca, repréndelo; y, si se arrepiente, perdónalo. [4] Aun si peca contra ti siete veces en un día, y siete veces regresa a decirte que se arrepiente, perdónalo. [5] Entonces los apóstoles le dijeron al Señor: ―¡Aumenta nuestra fe! [6] ―Si ustedes tuvieran una fe tan pequeña como una semilla de mostaza —les respondió el Señor—, podrían decirle a este árbol sicómoro: “Arráncate de aquí y plántate en el mar”, y les obedecería. [7] »Supongamos que uno de ustedes tiene un siervo que ha estado arando el campo o cuidando las ovejas. Cuando el siervo regresa del campo, ¿acaso le diría: “Ven enseguida a sentarte a la mesa”? [8] ¿No le diría más bien: “Prepárame la comida y cámbiate de ropa para atenderme mientras yo ceno; después tú podrás cenar”? [9] ¿Acaso le daría las gracias al siervo por haber hecho lo que se le mandó? [10] Así también ustedes, cuando hayan hecho todo lo que se les ha mandado, deben decir: “Somos siervos inútiles; no hemos hecho más que cumplir con nuestro deber”. [11] Un día, siguiendo su viaje a Jerusalén, Jesús pasaba por Samaria y Galilea. [12] Cuando estaba por entrar en un pueblo, salieron a su encuentro diez hombres que tenían una enfermedad en la piel. Como se habían quedado a cierta distancia, [13] gritaron: ―¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros! [14] Al verlos, les dijo: ―Vayan a presentarse a los sacerdotes. Resultó que, mientras iban de camino, quedaron limpios. [15] Uno de ellos, al verse ya sano, regresó alabando a Dios a grandes voces. [16] Cayó rostro en tierra a los pies de Jesús y le dio las gracias, no obstante que era samaritano. [17] ―¿Acaso no quedaron limpios los diez? —preguntó Jesús—. ¿Dónde están los otros nueve? [18] ¿No hubo ninguno que regresara a dar gloria a Dios, excepto este extranjero? [19] Levántate y vete —le dijo al hombre—; tu fe te ha sanado. [20] Los fariseos le preguntaron a Jesús cuándo iba a venir el reino de Dios y él les respondió: ―La venida del reino de Dios no es algo que se pueda observar. [21] No van a decir: “¡Mírenlo acá! ¡Mírenlo allá!”. Dense cuenta de que el reino de Dios está entre ustedes. [22] A sus discípulos les dijo: ―Llegará el tiempo en que ustedes anhelarán vivir siquiera uno de los días del Hijo del hombre, pero no podrán. [23] Les dirán: “¡Mírenlo allá! ¡Mírenlo acá!”. No vayan; no los sigan. [24] Porque en su día el Hijo del hombre será como el relámpago que destella e ilumina el cielo de un extremo al otro. [25] Pero antes él tiene que sufrir muchas cosas y ser rechazado por esta generación. [26] »Tal como sucedió en tiempos de Noé, así también será cuando venga el Hijo del hombre. [27] Comían, bebían, se casaban y daban en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca; entonces llegó el diluvio y los destruyó a todos. [28] »Lo mismo sucedió en tiempos de Lot: comían y bebían, compraban y vendían, sembraban y edificaban. [29] Pero, el día en que Lot salió de Sodoma, llovió del cielo fuego y azufre y acabó con todos. [30] »Así será el día en que se manifieste el Hijo del hombre. [31] En aquel día, el que esté en la azotea y tenga sus cosas dentro de la casa, que no baje a buscarlas. Así mismo el que esté en el campo, que no regrese por lo que haya dejado atrás. [32] ¡Acuérdense de la esposa de Lot! [33] El que procure conservar su vida la perderá; y el que la pierda la conservará. [34] Les digo que en aquella noche estarán dos personas en una misma cama: una será llevada y la otra será dejada. [35] Dos mujeres estarán moliendo juntas: una será llevada y la otra será dejada. [37] ―¿Dónde, Señor? —preguntaron. ―Donde esté el cadáver, allí se reunirán los buitres —respondió él.
