Job 39:1-30 NVI
[1] »¿Sabes cuándo las cabras monteses tienen sus crías? ¿Has visto el parto de las gacelas? [2] ¿Has contado los meses de su gestación? ¿Sabes cuándo dan a luz? [3] Al tener sus crías se encorvan y allí terminan sus dolores de parto. [4] Se fortalecen sus crías y crecen a campo abierto; luego se van y ya no vuelven. [5] »¿Quién deja sueltos a los asnos salvajes? ¿Quién desata sus cuerdas? [6] Yo les di la llanura del desierto por morada, el yermo por hábitat. [7] Se burlan del tumulto de la ciudad; no prestan atención a los gritos del arriero. [8] Recorren los cerros en busca de pastos, en busca de verdes prados. [9] »¿Crees tú que el toro salvaje se prestará a servirte? ¿Pasará la noche en tus establos? [10] ¿Puedes mantenerlo en el surco con el arnés? ¿Irá en pos de ti labrando los valles? [11] ¿Pondrás tu confianza en su tremenda fuerza? ¿Echarás sobre sus lomos tu pesado trabajo? [12] ¿Puedes confiar en él para que acarree tu grano y lo junte en el lugar donde lo limpias? [13] »El avestruz bate alegremente sus alas, pero su plumaje no es como el de la cigüeña. [14] Pone sus huevos en la tierra, los deja empollar en la arena, [15] sin que le importe que algún pie los pueda aplastar o que las bestias salvajes los pisoteen. [16] Maltrata a sus polluelos como si no fueran suyos y no le importa haber trabajado en vano, [17] pues Dios no le dio sabiduría ni le impartió su porción de buen juicio. [18] Pero, cuando extiende sus alas y corre, se ríe de jinetes y caballos. [19] »¿Le has dado al caballo su fuerza? ¿Has cubierto su cuello con largas crines? [20] ¿Eres tú quien lo hace saltar como langosta, con su orgulloso resoplido que infunde terror? [21] Patalea con furia, regocijándose en su fuerza, y se lanza al galope a la batalla. [22] Se burla del miedo; a nada teme; no rehúye hacerle frente a la espada. [23] En torno suyo silban las flechas, brillan las lanzas y las jabalinas. [24] En frenética carrera devora las distancias; al toque de trompeta no es posible refrenarlo. [25] En cuanto suena la trompeta, resopla desafiante; percibe desde lejos el fragor de la batalla, los gritos de los comandantes y las órdenes de ataque. [26] »¿Es tu sabiduría la que hace que el gavilán vuele y que hacia el sur extienda sus alas? [27] ¿Acaso por tus órdenes remonta el vuelo el águila y construye su nido en las alturas? [28] Habita en los riscos; allí pasa la noche; en escarpadas grietas tiene su baluarte. [29] Desde allí acecha la presa; sus ojos la detectan desde lejos. [30] Sus polluelos se regodean en la sangre; donde hay un cadáver, allí está él».
