Job 24:1-25 NVI
[1] »¿Por qué el Todopoderoso no establece tiempos de juicio? ¿Por qué quienes lo conocen buscan en vano esos días? [2] Hay quienes no respetan los linderos y pastorean ganado robado; [3] a los huérfanos los despojan de sus asnos; a las viudas les quitan en prenda sus bueyes; [4] apartan del camino a los necesitados; a los pobres del país los obligan a esconderse. [5] Como asnos salvajes del desierto, madrugan los pobres a buscar su comida, y la llanura del desierto da de comer a sus hijos. [6] En campos ajenos recogen forraje y en las viñas de los malvados recogen uvas. [7] Por no tener ropa, se pasan la noche desnudos; ¡no tienen con qué protegerse del frío! [8] Las lluvias de las montañas los empapan; no teniendo más abrigo, se arriman a las peñas. [9] Al huérfano se le aparta de los pechos de su madre; al pobre se le retiene a cambio de una deuda. [10] Por no tener ropa, andan desnudos; aunque cargados de trigo, van muriéndose de hambre. [11] Exprimen aceitunas en sus terrazas; pisan uvas en las cubas, pero desfallecen de sed. [12] De la ciudad se eleva el clamor de los moribundos; la garganta de los heridos reclama ayuda, ¡pero Dios ni se da por enterado! [13] »Hay quienes se oponen a la luz; no viven conforme a ella ni reconocen sus caminos. [14] Apenas amanece, se levanta el asesino y mata al pobre y al necesitado; apenas cae la noche, actúa como ladrón. [15] Los ojos del adúltero están pendientes de la noche; se dice a sí mismo: “No habrá quien me vea”, y mantiene oculto el rostro. [16] Por la noche, penetra el ladrón la casa ajena, pero se encierra durante el día; ¡de la luz no quiere saber nada! [17] Para todos ellos, la mañana es oscuridad; prefieren el horror de las tinieblas. [18] »Los malvados son como espuma sobre el agua; su parcela está bajo maldición; ya no van a trabajar a los viñedos. [19] Y así como el calor y la sequía arrebatan la nieve derretida, así la muerte arrebata a los pecadores. [20] Su propia madre se olvida de ellos; los gusanos se los comen. Nadie vuelve a recordarlos; son desgajados como árboles. [21] Maltratan a la estéril, a la mujer sin hijos; jamás buscan el bien de la viuda. [22] Pero Dios, con su poder, arrastra a los poderosos; cuando él se levanta, nadie tiene segura la vida. [23] Dios los deja sentirse seguros, pero no les quita la vista de encima. [24] Por algún tiempo son exaltados, pero luego dejan de existir; son humillados y recogidos como hierba, son cortados como espigas. [25] »¿Quién puede probar que es falso lo que digo y reducir mis palabras a la nada?».
