Ezequiel 24:1-27 NVI
[1] El día diez del mes décimo del año noveno, el SEÑOR me dirigió la palabra: [2] «Hijo de hombre, anota la fecha de hoy, de este mismo día, porque el rey de Babilonia ha atacado a Jerusalén. [3] Cuéntale una parábola a este pueblo rebelde, y adviértele que así dice el SEÑOR y Dios: »“Coloca la olla sobre el fuego y échale agua. [4] Agrégale pedazos de carne, los mejores trozos de pierna y de lomo. Llénala con lo mejor de los huesos, [5] con lo mejor del rebaño. Amontona leña debajo de la olla, para que hierva bien el agua y se cuezan bien los huesos. [6] Porque el SEÑOR y Dios dice: »”¡Ay de la ciudad sanguinaria! ¡Ay de esa olla oxidada, cuyo óxido no se puede quitar! Saca uno a uno los trozos de carne, tal como vayan saliendo. [7] »”La ciudad está empapada en su sangre, pues ella la derramó sobre la roca desnuda; no la derramó por el suelo, donde el polvo la podía cubrir. [8] Sobre la roca desnuda he vertido su sangre, para que no quede cubierta. Así haré que se encienda mi ira y daré lugar a mi venganza. [9] Porque así dice el SEÑOR y Dios: »”¡Ay de la ciudad sanguinaria! Yo también amontonaré la leña. [10] ¡Vamos, apilen la leña y enciendan el fuego! ¡Cocinen la carne y preparen las especias, y que se quemen bien los huesos! [11] ¡Pongan la olla vacía sobre las brasas, hasta que el bronce esté al rojo vivo! ¡Que se fundan en ella sus impurezas y se consuma su herrumbre! [12] Pero ella frustró todos los esfuerzos; está tan oxidada que ni el fuego la puede purificar. [13] »”Jerusalén, yo he querido purificarte de tu infame lujuria, pero no has dejado que te purifique. Por eso, no quedarás limpia hasta que se apacigüe mi ira contra ti. [14] »”Yo, el SEÑOR, lo he dicho y lo cumpliré. Yo mismo actuaré y no me voy a retractar. No tendré compasión ni cambiaré de parecer. Te juzgaré conforme a tu conducta y a tus acciones, afirma el SEÑOR y Dios”». [15] La palabra del SEÑOR vino a mí y me dijo: [16] «Hijo de hombre, voy a quitarte de golpe el deleite de tus ojos. Pero no llores ni hagas lamentos, ni dejes tampoco que te corran las lágrimas. [17] Gime en silencio y no hagas duelo por los muertos. Átate el turbante, cálzate los pies y no te cubras la barba ni comas el pan de duelo». [18] Por la mañana le hablé al pueblo y por la tarde murió mi esposa. A la mañana siguiente, hice lo que se me había ordenado. [19] La gente del pueblo me preguntó: «¿No nos vas a explicar qué significado tiene para nosotros lo que estás haciendo?». [20] Yo les contesté: «El SEÑOR me dirigió la palabra y me ordenó [21] advertirle al pueblo de Israel que así dice el SEÑOR y Dios: “Voy a profanar mi santuario, orgullo de su fortaleza, el templo que les deleita la vista y en el que depositan su afecto. Los hijos y las hijas que ustedes dejaron morirán a filo de espada, [22] y ustedes harán lo mismo que yo: no se cubrirán la barba ni comerán el pan de duelo. [23] Llevarán el turbante sobre la cabeza y se calzarán los pies. No llorarán ni harán lamentos, sino que se consumirán a causa de sus pecados y gemirán unos con otros. [24] Ezequiel les servirá de señal y ustedes harán lo mismo que él hizo. Cuando esto suceda, sabrán que yo soy el SEÑOR y Dios”. [25] »Y tú, hijo de hombre, el día en que yo les quite su fortaleza, su alegría y su gozo, la delicia de sus ojos, el deseo de su corazón y a sus hijos e hijas, [26] vendrá un fugitivo a comunicarte la noticia. [27] Ese mismo día se te soltará la lengua y no callarás más. Entonces podrás hablar con el fugitivo; servirás de señal para ellos y sabrán que yo soy el SEÑOR».
