[1] Esa voz me dijo: «Hijo de hombre, ponte en pie, que voy a hablarte». [2] Mientras me hablaba, el Espíritu entró en mí e hizo que me pusiera de pie, y pude oír al que me hablaba. [3] Me dijo: «Hijo de hombre, te voy a enviar a los israelitas. Es una nación rebelde que se ha rebelado contra mí. Ellos y sus antepasados se han sublevado contra mí hasta el día de hoy. [4] Te estoy enviando a un pueblo obstinado y terco, al que deberás advertirle: “Así dice el SEÑOR y Dios”. [5] Tal vez te escuchen, tal vez no, pues son un pueblo rebelde; pero al menos sabrán que han tenido un profeta entre ellos. [6] Tú, hijo de hombre, no tengas miedo de ellos ni de sus palabras, por más que estés en medio de cardos y espinas, y vivas rodeado de escorpiones. No temas por lo que digan ni te sientas atemorizado, porque son un pueblo rebelde. [7] Tal vez te escuchen, tal vez no, pues son un pueblo rebelde; pero tú les proclamarás mis palabras. [8] Tú, hijo de hombre, atiende bien a lo que te voy a decir y no seas rebelde como ellos. Abre tu boca y come lo que te voy a dar». [9] Entonces miré y vi que una mano con un rollo escrito se extendía hacia mí. [10] La mano abrió ante mis ojos el rollo. Estaba escrito por ambos lados; contenía lamentos, quejidos y dolores.