Deuteronomio 20:1-20 NVI
[1] Cuando salgas a pelear contra tus enemigos y veas un ejército superior al tuyo, con muchos caballos y carros de guerra, no les temas porque el SEÑOR tu Dios, que te sacó de Egipto, estará contigo. [2] Cuando estés a punto de entrar en batalla, el sacerdote pasará al frente y exhortará al ejército [3] con estas palabras: «¡Escucha, Israel! Hoy vas a entrar en batalla contra tus enemigos. No te desanimes ni tengas miedo, no te acobardes ni te llenes de pavor ante ellos, [4] porque el SEÑOR tu Dios está contigo; él peleará en favor tuyo y te dará la victoria sobre tus enemigos». [5] Luego los oficiales le dirán al ejército: «Si alguno de ustedes ha construido una casa nueva y no la ha estrenado, que vuelva a su casa, no sea que muera en batalla y otro la estrene. [6] Y, si alguno ha plantado una viña y no ha disfrutado de las uvas, que vuelva a su finca, no sea que muera en batalla y sea otro el que disfrute de ellas. [7] Y, si alguno se ha comprometido con una mujer y no se ha casado, que regrese a su pueblo, no sea que muera en batalla y sea otro el que se case con ella». [8] Y añadirán los oficiales: «Si alguno de ustedes es miedoso o cobarde, que vuelva a su casa, no sea que desanime también a sus hermanos». [9] Cuando los oficiales hayan terminado de hablar, nombrarán comandantes que dirijan el ejército. [10] Cuando te acerques a una ciudad para atacarla, hazle primero una oferta de paz. [11] Si acepta y abre las puertas, todos los habitantes de esa ciudad quedarán bajo tu dominio y serán tus esclavos. [12] Pero, si la ciudad rechaza la paz y entra en batalla contra ti, la sitiarás; [13] y, cuando el SEÑOR tu Dios la entregue en tus manos, matarás a filo de espada a todos sus hombres. [14] Como botín, podrás retener a las mujeres y a los niños, el ganado y todo lo demás que haya en la ciudad. También podrás comer del botín de tus enemigos que te entrega el SEÑOR tu Dios. [15] Así tratarás a todas las ciudades lejanas que no pertenezcan a las naciones vecinas. [16] Sin embargo, en las ciudades de los pueblos que el SEÑOR tu Dios te da como herencia, no dejarás nada con vida. [17] Exterminarás del todo a los hititas, amorreos, cananeos, ferezeos, heveos y jebuseos, tal como el SEÑOR tu Dios te lo ha mandado. [18] De lo contrario, ellos te enseñarán a hacer todas las cosas abominables que practican para adorar a sus dioses y pecarás contra el SEÑOR tu Dios. [19] Si antes de conquistar una ciudad tienes que sitiarla por mucho tiempo, no derribes sus árboles a golpe de hacha, pues necesitarás alimentarte de sus frutos. No los derribes, porque ¿es acaso el árbol del campo un hombre para que le pongas sitio? [20] Sin embargo, podrás derribar los árboles que no sean frutales y construir con ellos instrumentos de asedio contra la ciudad que tengas sitiada, hasta que caiga bajo tu dominio.
