Daniel 6:1-28 NVI
[1] Le pareció bien a Darío nombrar ciento veinte sátrapas que gobernaran todo el reino [2] y tres administradores, uno de los cuales era Daniel. Estos sátrapas eran responsables ante los administradores, a fin de que los intereses del rey no se vieran afectados. [3] Y tanto se distinguió Daniel entre los administradores y los sátrapas por sus extraordinarias cualidades que el rey pensó en ponerlo al frente de todo el reino. [4] Entonces los administradores y los sátrapas empezaron a buscar algún motivo para acusar a Daniel de malos manejos en los negocios del reino. Sin embargo, no pudieron encontrar corrupción en él, porque era digno de confianza y no era negligente ni corrupto. [5] Por eso concluyeron: «Nunca encontraremos nada de qué acusar a Daniel, a no ser algo relacionado con la Ley de su Dios». [6] Entonces esos administradores y sátrapas fueron de común acuerdo al rey y le dijeron: ―¡Que viva para siempre el rey Darío! [7] Nosotros los administradores reales, junto con los prefectos, sátrapas, consejeros y gobernadores, convenimos en que Su Majestad debiera emitir y confirmar un decreto que exija que, durante los próximos treinta días, sea arrojado al foso de los leones todo el que ore a cualquier dios u hombre que no sea Su Majestad. [8] Expida usted ahora ese decreto y póngalo por escrito. Así, conforme a la ley de los medos y los persas, no podrá ser revocado. [9] El rey Darío expidió el decreto y lo puso por escrito. [10] Cuando Daniel se enteró de la publicación del decreto, se fue a su casa y subió a su dormitorio, cuyas ventanas se abrían en dirección a Jerusalén. Allí se arrodilló y se puso a orar y alabar a Dios, pues tenía por costumbre orar tres veces al día. [11] Cuando aquellos hombres llegaron y encontraron a Daniel orando e implorando la ayuda de Dios, [12] fueron a hablar con el rey respecto al decreto real: ―¿No es verdad que usted publicó un decreto? Según entendemos, todo el que en los próximos treinta días ore a otro dios u hombre que no sea Su Majestad será arrojado al foso de los leones. El rey contestó: ―El decreto sigue en pie. Según la ley de los medos y los persas, no puede ser revocado. [13] Ellos respondieron: ―Pues Daniel, que es uno de los exiliados de Judá, no toma en cuenta a Su Majestad ni el decreto que ha promulgado. ¡Continúa orando tres veces al día! [14] Cuando el rey escuchó esto, se deprimió mucho y se propuso salvar a Daniel, así que durante todo el día buscó la forma de salvarlo. [15] Pero aquellos hombres fueron a ver al rey y lo presionaron: ―Recuerde, Su Majestad, que, según la ley de los medos y los persas, ningún decreto ni edicto emitido por el rey puede ser modificado. [16] El rey dio entonces la orden, y Daniel fue arrojado al foso de los leones. Allí el rey animaba a Daniel: ―¡Que tu Dios, a quien sirves continuamente, se digne salvarte! [17] Trajeron entonces una piedra y con ella taparon la boca del foso. El rey lo selló con su propio anillo y con el de sus nobles para que la sentencia contra Daniel no pudiera ser cambiada. [18] Luego volvió a su palacio y pasó la noche sin comer y sin divertirse, y hasta el sueño se le fue. [19] Tan pronto como amaneció, se levantó y fue al foso de los leones. [20] Ya cerca, lleno de ansiedad gritó: ―Daniel, siervo del Dios viviente, ¿pudo tu Dios, a quien sirves continuamente, salvarte de los leones? [21] ―¡Que viva el rey por siempre! —contestó Daniel—. [22] Mi Dios envió a su ángel, quien les cerró la boca a los leones. No me han hecho ningún daño, porque Dios bien sabe que soy inocente. ¡Tampoco he cometido nada malo contra Su Majestad! [23] Sin ocultar su alegría, el rey ordenó que sacaran del foso a Daniel. Cuando lo sacaron, no se le halló un solo rasguño, pues Daniel confiaba en su Dios. [24] Entonces el rey mandó traer a los que lo habían acusado y ordenó que los arrojaran al foso de los leones, junto con sus esposas y sus hijos. ¡No habían tocado el suelo cuando ya los leones habían caído sobre ellos y les habían triturado los huesos! [25] Entonces, el rey Darío escribió un decreto a todos los pueblos, naciones y lenguas de la tierra: ¡Paz y prosperidad! [26] He decretado que en todo lugar de mi reino la gente adore y honre al Dios de Daniel. Porque él es el Dios vivo, y permanece para siempre. Su reino jamás será destruido, y su dominio jamás tendrá fin. [27] Él rescata y salva; hace señales y maravillas en los cielos y en la tierra. ¡Ha salvado a Daniel de las garras de los leones! [28] Fue así como Daniel prosperó durante los reinados de Darío y de Ciro el Persa.
