2 Timoteo 2:1-26 NVI

[1] Así que tú, hijo mío, fortalécete por la gracia que tenemos en Cristo Jesús. [2] Lo que me has oído decir en presencia de muchos testigos, encomiéndalo a creyentes dignos de confianza, que a su vez estén capacitados para enseñar a otros. [3] Comparte nuestros sufrimientos, como buen soldado de Cristo Jesús. [4] Ningún soldado que quiera agradar a su superior se enreda en cuestiones civiles. [5] Así mismo, el atleta no recibe la corona de vencedor si no compite según el reglamento. [6] El labrador que trabaja duro tiene derecho a recibir primero parte de la cosecha. [7] Reflexiona en lo que te digo, y el Señor te dará una mayor comprensión de todo esto. [8] No dejes de recordar a Jesucristo, descendiente de David, levantado de entre los muertos. Este es mi evangelio, [9] por el que sufro al extremo de llevar cadenas como un criminal. Pero la palabra de Dios no está encadenada. [10] Así que todo lo soporto por el bien de los elegidos, para que también ellos alcancen la gloriosa y eterna salvación que tenemos en Cristo Jesús. [11] Este mensaje es digno de crédito: Si morimos con él, también viviremos con él; [12] si resistimos, también reinaremos con él. Si lo negamos, también él nos negará; [13] si somos infieles, él sigue siendo fiel, ya que no puede negarse a sí mismo. [14] No dejes de recordarles esto. Adviérteles delante de Dios que eviten las discusiones inútiles, pues no sirven nada más que para destruir a los oyentes. [15] Esfuérzate por presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse y que interpreta rectamente la palabra de verdad. [16] Evita las discusiones profanas, porque los que se dan a ellas se alejan cada vez más de la vida piadosa, [17] y sus palabras se extienden como gangrena. Entre ellos están Himeneo y Fileto, [18] que se han desviado de la verdad. Andan diciendo que la resurrección ya tuvo lugar y así trastornan la fe de algunos. [19] A pesar de todo, el fundamento de Dios es sólido y se mantiene firme, pues está sellado con esta inscripción: «El Señor conoce a los suyos», y esta otra: «Que se aparte de la maldad todo el que invoca el nombre del Señor». [20] En una casa grande no solo hay vasos de oro y de plata, sino también de madera y de barro, unos para usos especiales y otros para fines ordinarios. [21] Si alguien se mantiene limpio, llegará a ser un vaso noble, santificado, útil para el Señor y preparado para toda obra buena. [22] Huye de las malas pasiones de la juventud y esmérate en seguir la justicia, la fe, el amor y la paz, junto con los que invocan al Señor con un corazón limpio. [23] No tengas nada que ver con discusiones necias y sin sentido, pues ya sabes que terminan en pleitos. [24] Y un siervo del Señor no debe andar peleando; más bien, debe ser amable con todos, capaz de enseñar y no propenso a irritarse. [25] Así, humildemente, debe corregir a los adversarios, con la esperanza de que Dios les conceda el arrepentimiento para conocer la verdad, [26] de modo que se despierten y escapen de la trampa en que el diablo los tiene cautivos, sumisos a su voluntad.

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